29 de junio del 17

29/06/2017 § 1 comentario

Sabemos que la intensidad del azul celeste varía por factores como la humedad, las partículas sólidas en el aire y la dispersión de la luz del sol en la atmósfera. Pero pocos saben que al cambiar de altura, el azul del cielo también se transforma, se oscurece, un dato que llenó de perplejidad y asombro a Horace-Bénédict de Saussure, padre del alpinismo y la meteorología moderna, e inventor del cianómetro, un artefacto para establecer el tono de azul de la bóveda celeste.

Obsesionado con medir los fenómenos meteorológicos que lo rodeaban durante sus excursiones por las montañas europeas, Saussure inventó y mejoró varios instrumentos como el magnetómetro y el hermosamente nombrado diafanómetro, instrumento para medir la claridad de la atmósfera. En 1789, tras registrar sistemáticamente los tonos de azul en el cielo durante años, el científico desarrolló el cianómetro, un artefacto simple con forma circular que tiene 52 distintos tonos de azul, que no es sino pedazos de papel teñidos por el meteorólogo con un pigmento llamado evocativamente azul prusia y que comienza en el blanco y termina en el negro.

Saussure utilizó su cianómetro durante el resto de su vida y, según se sabe, el azul más profundo que registró fue uno avistado desde la cima del Montblanc, que medía 39 grados de azul en la escala del precioso aparato. Años más tarde, Alexander von Humboldt, otro asiduo usuario del cianómetro, registró un cielo de 46 grados de azul, desde la cima del volcán Chimborazo, en los Andes.

El cianómetro y su hermosa singularidad son una prueba más del poder del color azul sobre la mente humana, su emotividad y su arte. Desde la obsesión del legendario Miles Davis con crear piezas musicales que definieran todo lo que es azul en su legendario álbum Kind of Blue en el mundo o la atrevida hazaña de Yves Klein al inventar y nombrar su propio tono de azul, hasta el reciente y espectacular proyecto Cyanometer, del artista esloveno Martin Bricelj Baraga: un monolito que mide el tono de la esfera celeste y la calidad del aire, y cambia de color para mimetizarse con el cielo.

Tras su invención, el cianómetro cayó pronto en desuso por la poca información propiamente científica que es capaz de dar, algo que dota de poesía a su existencia. Pero la belleza de este artefacto, como la melancolía contenida en los azulísimos cianotipos de algas, radica en su invitación a apreciar aquello que, por su sutileza, no siempre notamos, a absorber la información del espacio que habitamos y que es capaz de descubrirnos universos tan simbólicos como emocionales.

Extraído de: Cianómetro, el artefacto que mide el azul del cielo.

Post dedicado al cientifico, lodoPEZa e investigador Joaq Girb, de quienes algunos afirman que es un alienígena situado en la tierra por extraterrestres, para educarnos.

 

22 de enero del 17

22/01/2017 § Deja un comentario

El fado es la expresión más conocida internacionalmente de la música portuguesa. En el fado se expresan los malos momentos de la vida a través del canto. Generalmente es cantado por una sola persona, acompañado por la viola y la guitarra portuguesa. Los temas más cantados en el fado son la melancolía, la nostalgia o pequeñas historias del diario vivir de los barrios humildes, pero especialmente el fatalismo y la frustración.

Dicen unos que esta música nostálgica y profunda, estas canciones desgarradas, nacieron hace siete siglos, cuando los árabes vivían en la colina del castillo de San Jorge de Lisboa. Argumentan que el fado tiene parecido con la música popular del norte de África en sus prolongados quejidos y en el tratamiento de lo cotidiano. Otros piensan que el fado es más joven y se cantó, por primera vez, en alguna vieja taberna de Alfama, Graça o Mouraria, alguna noche triste del siglo XIX.

Documentalmente sólo se comprueba la existencia del fado a partir de 1838, aunque hay quien identifique su origen con los cantos de las gentes del mar, inspirados en la soledad, la nostalgia y los balanceos de los barcos sobre el agua. A pesar de los numerosos investigadores —Gonçalo Sampaio, Mascarenhas Barreto, Pinto de Carvalho o Rodney Gallop— el misterio de sus orígenes todavía no se ha desvelado.

Una de las mejores definiciones de fado la ofrece la propia Amália Rodrigues (1920-1999), considerada la Embajadora artística de Portugal: el fado es una cosa muy misteriosa, hay que sentirlo y hay que nacer con el lado angustioso de las gentes, sentirse como alguien que no tiene ni ambiciones, ni deseos, una persona…, como si no existiera. Esa persona soy yo y por eso he nacido para cantar el fado. Amália puso emoción y voz de fado a grandes poetas portugueses O`Neill, Manuel Alegre, Homem de Melo y Camoens. En una de sus canciones más célebres Todo esto es fado canta: Amor, celos, ceniza y fuego, dolor y pecado. Todo esto existe; todo esto es triste; todo esto es fado.

Pueden oír los podcasts del excelente programa que emite todos los sábados Radio Clásica en: El fado. Radio Clásica
Post extraído de: Fado.
Más documentación en: Fado.

24 de septiembre del 16

24/09/2016 § Deja un comentario

26 de octubre del 15

26/10/2015 § 1 comentario

Hoy les ofrecemos otra pequeña maravilla, en verso y colores.  A floral fantasy in an old English garden, publicado por Harper, Londres, en 1899 e ilustrado por Walter Crane. Pueden hojearlo on line en A Floral Fantasy in an Old English Garden o bajarse el pdf [4.8MB] con el enlace que hay bajo la ilustración. Ustedes deciden.

151026.01Floral fantasy.pdf [4.8MB]

Walter Crane (1845-1915) está considerado como el creador de libros infantiles más prolífico e influyente de su generación y, junto con Randolph Caldecott y Kate Greenaway. Su trabajo contó con algunos de los  más coloridas y detalladas ilustraciones de los motivos niño-en-el-jardín que caracterizarían muchas canciones y cuentos infantiles de las próximas décadas.

22 de agosto del 15

22/08/2015 § Deja un comentario

Un poema imprescindible del gran Eduardo Galeano. Los Nadies. Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte,  por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.

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Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos: Que no son, aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no profesan religiones, sino supersticiones. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, sino folklore. Que no son seres humanos, sino recursos humanos. Que no tienen cara, sino brazos. Que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local. Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

El enlace al vídeo está bajo la imagen.
Post realizado gracias a la colaboración de María José Amadoz.

12 de agosto del 15

12/08/2015 § Deja un comentario

Habría que dar las gracias a Emmanuel Clot, cineasta francés colaborador de Francoise Truffaut (aparece como actor en su película El amor en fuga) que murió en accidente de coche en 1983 a los 31 años. Pese a lo extremadamente corta que se le hizo la vida, tuvo tiempo de filmar un auténtico diamante, un sencillo cortometraje pura delicadeza y emoción que ganó el premio Cesar (1980). Petit Pierre, documental de siete minutos que puede verse al final de este texto, recoge el trabajo vital de su compatriota Pierre Avezard (1909-1992), un enorme y singular carrusel, una maravilla de la mecánica que le ocupó practicamente toda su existencia. Avezard nació medio ciego, casi sordo y mudo por culpa de una enfermedad llamada síndrome de Treacher-Collins que en aquellos tiempos le obligó a dejar la escuela con 7 años para trabajar de vaquero, de pastor. Eso y las chanzas y molestias típicas de los compañeros por su físico diferente. Quién se lo iba a decir, Pierre sobrevivió al joven Clot y murió a la edad de 83.

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Rechazado por el mundo, se refugió en el suyo propio, que se convirtió en una copia del que tuvo la suerte de conocer a través de los años gracias a los viajes que realizó con su hermano. De chico comenzó a visitar vertederos que ya nunca abandonó; allí recolectaba materiales para entregarse a la obra de su vida, que comenzó a los 28 años y concluyó cuatro décadas más tarde: un carrusel de enormes proporciones movido con un motor eléctrico y un sistema de correas que incluye cientos de piezas de hierro, latón, goma, plástico, madera… a las que Pierre iba dando forma y pintando como aviones, trenes, coches, una torre Eiffel de 23 metros de altura, maquinaria agrícola, personas, animales, una corrida de toros… Todo ello se mueve con un rítmico y ensordecedor chirrido. También es posible descubrir al propio Pierre; se representó bailando con una vaca mientras otras parejas danzan a su alrededor, toda una metáfora de la soledad y el rechazo con los que convivió.

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Las primeras piezas las montó en la granja donde trabajaba (mucho le costó protegerlas de sus colegas, que insistían en romperlas una y otra vez). Hasta que su jefe le regaló un pedacito de tierra y una casa de barro, donde finalmente daría forma completa a su obra genial, que se extiende por 250 metros cuadrados. El boca a boca funcionó y, a partir de los 70, Pierre comienza a recibir visitantes para ver gratis su obra. Incorpora un sistema de agua con el que, desde su cabina de mando, riega a los espectadores que se acercan demasiado a los autómatas. Por un vez, era él quien se burlaba de los otros, aunque sin maldad ninguna. Entre los mojados, Suzanne Lebeau, dramaturga canadiense. Tanto le impactó que en 2001 escribió una obra de teatro sobre él.

Así contó el cineasta Clot cómo fue su aproximación a Avezard: La primera vez que vi a este pequeño hombre de 70 años con su rostro torturado delante de aquel tiovivo que era la obra de su vida, sufrí una enorme impresión… Era inevitable que hiciera un filme sobre él. Y ahora mismo es el ser al que más amo en el mundo por haber querido comunicarse del modo que lo hizo con una sociedad que le rechazó. Es por ello que su creación resulta mucho más poética y espontánea que la de tantos artistas mundanos y reconocidos.

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Este es su cortometraje, una joya no solo por la historia de Pierre, sino por la delicadeza con la que está rodado, por la música y por cómo desmenuza el carrusel. Siete minutos que son una poesía en sí misma, pero más aún conociendo la historia de Pierre, al que muestra volcando ilusión en todas y cada una de las pequeñas piezas. Una hemiplejía obligó a trasladarle a un hospital, eso sí, cada domingo acudía a su cita para ponerlo en marcha. Un proyecto para construir una carretera casi acaba con el tiovivo, pero una asociación logró evitar el desastre. Aunque no lo sufienciente: poco a poco se fue abandonando, los niños robaban las piezas, hasta que finalmente todo el carrusel fue desmontado y trasladado a La Fabuloserie, museo consagrado al arte marginal en Dicy, en Borgoña, Francia, a medio camino entre Dijon y París, donde hoy puede disfrutarse. ¿Qué se siente delante del carrusel de Petit Pierre? Entre otras muchas cosas, ganas de abrazarle. Pasen y vean.

Post extraído de: El tiovivo de Petit Pierre.
Post realizado con la colaboración del genial David de Ramón.

04 de agosto del 15

04/08/2015 § Deja un comentario

Sobre un texto original del Viejo, el Gafotas, echándole teatro, ha hecho el diseño que aquí se acompaña.

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Pueden usarlo, está libre de copyrights. Pero sobre todo, lo más importante es que les devuelvan los besos. Permanezcan alerta.

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