18 de agosto del 17

18/08/2017 § 2 comentarios

El equipo del blog desea expresar su rechazo a la violencia de todo género. Considera que las tribus y hechiceros pertenecen al tiempo de las cavernas y que tratar de traerlos al presente es simple y puro fascismo, incompatible con la sociedad actual y el respeto por la vida.

Lamentamos profundamente que mentes enfermas se defiendan en banderas, patrias, razas o dioses para imponer sus ideas sacrificando inocentes.

13 de agosto del 2017

13/08/2017 § Deja un comentario

Seguimos con los aniversarios. El otro día conmemorábamos los 50 años de Surf en Zarauz. Hoy recordamos como en el mismo verano de 1967 se vivía el verano del amor.

El 7 de agosto de 1967, la subcultura hippy recibió el equivalente de una bendición papal. George Harrison hizo una visita rápida al barrio de Haight-Ashbury, en San Francisco. Habló con la gente, tocó la guitarra y posó para el fotógrafo que le acompañaba.

De alguna manera, todo aquello también era consecuencia de la beatlemanía: buena parte del rock de San Francisco estaba confeccionado por folkies, músicos de guitarra de palo que se electrificaron tras ver ¡Qué noche la de aquel día! Curiosamente, un año antes, los The Beatles habían dado su último concierto en la ciudad californiana, pero entonces viajaban en una burbuja y no se enteraron de lo que allí estaba fermentando.

Digamos que, ya en 1966, cristalizaba una rebelión contra los valores dominantes en la sociedad estadounidense, un rechazo de las instituciones. Y si preguntaban los motivos, una respuesta inmediata: Vietnam, una guerra insensata desarrollada por tecnócratas. Pero estas posturas no se distanciaban mucho de las de la Nueva Izquierda, afincada en la adyacente Berkeley y otras universidades. Lo extraordinario de San Francisco era la congregación de disidentes dispuestos a explorar nuevas formas de trabajo, de relaciones sexuales, de realización personal.

Sí, tenían conexión con los beats de la era Eisenhower, aunque esos veteranos les miraban con condescendencia. Les llamaron hippies con un matiz despectivo, como si fueran una versión degradada de aquellos hipsters retratados por Jack Kerouac y celebrados por Norman Mailer.

Nada de eso molestaba a los hippies. En comparación con las pandillas de beatniks, se sabían un movimiento masivo, producto del baby boom de posguerra. No habían conocido las estrecheces y se enfrentaban a un futuro donde, según la cantinela de los futurólogos, robots y máquinas harían el trabajo desagradable, convirtiendo la gestión del ocio en un problema central. Disponían de una música, una moda, una jerga propias. Una vida mejor gracias a la química, el lema publicitario de los años cincuenta, se había materializado en la píldora anticonceptiva y en drogas como el LSD, legal hasta octubre de 1966.

En San Francisco, se concentraron en Haight-Ashbury, un barrio bonito. Y barato: abundaban las casas llamadas victorianas, construidas después del terremoto de 1906, ahora desechadas por la clase media con aspiraciones. La ciudad siempre presumió de su tradición de tolerancia y eso evitó los automatismos represivos que habrían ahogado proyectos similares en otras latitudes. De hecho, el mote de la generación del amor fue una ocurrencia del jefe de policía de San Francisco, impresionado ante la elocuencia de sus cabecillas.

Esto es importante. El hipismo tuvo la buena fortuna de contar con gente audaz y preparada. Visionarios de la categoría de Ken Kesey, autor de Alguien voló sobre el nido del cuco, que difundió el LSD como una experiencia festiva y comunitaria. Eficaces organizadores de eventos como Billy Graham, luego principal promotor de conciertos de rock en Estados Unidos. Más criaturas voluntariamente marginales, como Augustus Owsley III, fabricante de millones de dosis de LSD de máxima calidad, o Emmett Grogran, inspirador de los Diggers anticapitalistas.

A primera vista, el Haight-Ashbury de finales de 1966 era un experimento social marcado por la promiscuidad y la abundancia de drogas. Esa carnaza, unido a la atractiva estética de sus protagonistas, hizo que funcionara como imán para los medios. De rebote, San Francisco se convirtió en una meca para adolescentes frustrados, dispuestos a escaparse de sus casas. Fueron los reportajes de prensa y TV los que hicieron la labor de promoción: aunque Jefferson Airplane publicaría sus mayores éxitos (Somebody to love, White rabbit) en 1967, el rock de San Francisco solo lograría impacto nacional tras el Verano del Amor.

Así que las cabezas pensantes se imaginaron cómo sería el verano de 1967 y planearon una respuesta a lo que percibieron como lo que ahora llamaríamos una crisis humanitaria. Una oleada de, tal vez, 200.000 personas que vendrían de fuera, dispuestas a sumergirse en un nirvana de paz y amor. A diferencia de los nativos, ignoraban que San Francisco tiene un clima húmedo y desapacible. Haight-Ashbury sencillamente no podía absorber semejante invasión.

Mientas Scott McKenzie triunfaba con San Francisco, (be sure to wear some flowers in your hair), un disco concebido en Los Ángeles, las autoridades locales discutían formas de disuadir aquel turismo no deseado. Fue la propia comunidad hippy la que reaccionó ante lo inevitable, con servicios que pretendían paliar el previsible desastre. Vía telefónica, el Switchboard proporcionaba información básica. La Communications Company imprimía en multicopista avisos que se difundían por calles y parques. Se puso en marcha la Free Clinic que, sin reproches morales, atendía los pasotes de drogas y las enfermedades de transmisión sexual. HALO, un colectivo de abogados, ofrecía respaldo legal. Y los Diggers se ocupaban de servir comida, conseguida mediante donaciones o robos.

Todo en un ambiente lúdico, donde circulaban todo tipo de fantasías. Durante unos meses, se difundió el rumor de que las pieles de plátano, convenientemente secadas y trituradas, tenían propiedades alucinógenas. Todavía no se sabe si fue una broma genial o el empeño de algún psiconauta en busca de nuevos colocones.

Muchos años después, batallones de sociólogos investigaron las dimensiones del Verano del Amor. Han comprobado que, en aquellos meses, el Haight-Ashbury era la residencia de unos 7.000 hippies; llegaron entre 50.000 y 70.000 aspirantes a instalarse allí. Por muchos pisos francos que funcionaran, la mayoría terminó por dispersarse. En general, no fue un gran trauma: coincidió con una creciente atracción por la vida rural, a veces organizada en comunas en los cercanos condados de Marin y Sonoma.

Evitaron así los años de decadencia, marcados por la epidemia de heroína. Esquivaron a monstruos como Charles Manson, que convertiría a su Familia en un escuadrón de zombis asesinos. No contemplaron la transformación de Los Ángeles del Infierno, motorizados compañeros de viaje, en un implacable grupo mafioso.

Hoy, el hipismo todavía provoca polémica. Resulta cómodo destacar el fracaso de su programa maximalista. Por el contrario, se necesita hacer un esfuerzo para apreciar sus aportaciones al modo de vida actual: la conciencia ecológica, la flexibilidad sexual, el vegetarianismo, el háztelo-tu-mismo que sugerían iniciativas como el Whole Earth Catalog; hasta las reglas que rigen en la World Wide Web tienen raíces contraculturales. Dejando aparte el folclor psicodélico, el mundo de hoy ha asumido mucho del hipismo de 1967. Y Haight-Ashbury fue su kilómetro cero.

Como es imposible hacer una breve selección de la música de aquél momento, les dejamos un enlace en el que, a través de Spotify pueden encontrar 89 canciones que fueron la banda sonora del verano del amor. Disfruten. https://open.spotify.com/embed/user/1233852097/playlist/5yJEzNXdGuXOW3jONvfA8V

Dedicado a aquellos que vivieron el sueño que conservan en su corazón.
Texto original: Paz y amor, verano del 67.

21 de julio del 17

21/07/2017 § Deja un comentario

En la tradición zen, un kōan, en japonés 公案, es un problema que el maestro plantea al alumno para comprobar sus progresos. Muchas veces el kōan parece un problema absurdo, ilógico o banal. Para resolverlo el novicio debe desligarse del pensamiento racional común para entrar en un sentido racional más elevado y así aumentar su nivel de conciencia para intuir lo que en realidad le está preguntando el maestro, que trasciende al sentido literal de las palabras.Quizá el kōan más famoso, según tradición oral atribuida a Hakuin Ekaku, 1686-1769, considerado el recuperador de la tradición de los kōan en Japón, es aquel en el que el maestro hace un palmoteo y dice: Este el sonido de dos manos, ¿cuál es el sonido de una sola mano? Este kōan también es famoso en la cultura occidental por habérsele dado un buen número de respuestas espurias o incorrectas tales como: chasquear los dedos, el silencio de mover una mano en el aire, darle una bofetada al profesor, poner la mano debajo de la axila para hacer ruidos obscenos, etc. Otro kōan famoso es: Cuando un árbol cae en un bosque, ¿hace ruido si no hay nadie para escucharlo?Los kōan se originan con los dichos y hechos de iluminados y figuras legendarias, generalmente aquellos que tienen autoridad para enseñar por descender de la línea de Bodhidharma. Los kōan reflejan la iluminación o despertar de tales personas y tienen el propósito de desconcertar el pensamiento discursivo lógico-racional y provocar un shock mental que lleve a un aumento de conciencia o despertar.Los maestros zen, a menudo recitan y comentan kōan, y algunas veces se concentran en ellos durante sus sesiones de meditación. Los profesores pueden utilizar los kōan como una manera de sondear a los estudiantes acerca de sus progresos iniciáticos y comprobar si ya han tenido experiencias de entendimiento de la doctrina y de despertar o Satori. Las respuestas pueden ser orales pero también pueden ser gestos o acciones.En la cultura occidental, un tanto ajena a las sutilezas de la filosofía oriental, a veces se encuentra el término kōan referido a preguntas que no tienen respuesta o a enunciados sin sentido. Sin embargo, para un monje zen, un kōan no es algo que carezca de sentido y los profesores zen aguardan una respuesta adecuada cuando lo formulan.Hay que aclarar que un kōan no es un acertijo y aunque en la literatura hay respuestas ortodoxas, dependiendo de las circunstancias en que el kōan es formulado puede variar la respuesta apropiada. El maestro no está buscando que el discípulo sepa la respuesta correcta, sino evidencias acerca de sus progresos en la filosofía zen y la aplicación en su vida diaria.En la cultura occidental, el alumno aprende del profesor siguiendo el hilo de su discurso lógico, paso a paso. El maestro zen, por el contrario, exige un salto a su alumno: debe obtener un conocimiento inmediato por sí mismo. Por lo tanto, los kōan nunca se resuelven siguiendo la lógica del enunciado o tras un análisis racional del problema. De hecho, mientras el alumno tenga su pensamiento entretenido y prisionero del discurso racional, no podrá encontrar la solución.

Documentación: Kōan

01 de abril del 17

01/04/2017 § Deja un comentario

Hubiera sido más oportuno poner este corto de dibujos animados el sábado pasado, o mejor aún en el equinoccio de septiembre.

El tiempo es una dimensión que no podemos controlar. Fluir con él es el arte de la vida, sea en hora zulú, alfa o bravo, que son las que nos tocan.

21 de marzo del 17

21/03/2017 § Deja un comentario

Para celebrar la llegada de la primavera les vamos a contar una leyenda sobre la felicidad. Por favor, tomen nota.

En el principio de los tiempos se reunieron varios demonios y uno de ellos dijo Deberíamos quitarles algo a los hombres a lo que otro respondió sí, quitémosles la felicidad y escondámosla en donde no la puedan encontrar.

En la cima del monte mas alto del mundo, dijo uno, a lo que inmediatamente repuso otro no, alguna vez alguien puede subir y encontrarla, y si la encuentra uno, ya todos sabrán donde está.

Otro propuso esconderla en el fondo del mar a lo que alguno contestó no, recuerda que tienen creatividad y pueden construir un aparato para bajar y encontrarla.

Entonces escondámosla en un planeta lejano a la Tierra, sugirió un demonio menor y los demás contestaron no, tienen inteligencia y un día van a construir una nave en la que puedan viajar a otros planetas y la encontrarán, teniendo de nuevo la felicidad.

El último en hablar fue quien había permanecido en silencio, meditando mientras oía las propuestas de los demás. Analizó cada una de ellas y entonces dijo creo saber donde ponerla para que realmente nunca la encuentren. La esconderemos en ellos mismos y muy pocos serán capaz de encontrarla.

25 de febrero del 17

25/02/2017 § Deja un comentario

Otro buen corto que les va a sorprender. Hay mucho talento ahí fuera en nuestros días. Es un placer poder disfrutarlo, admirar una sonrisa ilusionada o sufrir ante unos ojos cargados de frustración.

Dura ocho (8) minutos que les van a llenar de pasión por la vida. Son ocho (8) minutos que no tienen desperdicio.

08 de febrero del 17

08/02/2017 § Deja un comentario

Como tenemos unas maravillosas imágenes de otros tiempos de la aviación, vamos a aprovechar par decirles unas cuantas frases típicas y actuales entre pilotos. Atiendan y aprendan.

170208-01Despegar es opcional. Aterrizar, obligatorio.

vintage-british-aviation-posters-3El número de despegues ha de ser exactamente igual al de aterrizajes.

170208-03Un buen aterrizaje es aquel en el que el piloto puede salir andando.
Un aterrizaje perfecto es aquel en el que el avión puede usarse otra vez

170208-04La Gravedad no es simplemente una idea. Es la ley.
Y por seguridad, la ley debe de ser respetada.

170208-05Es mejor estar abajo deseando estar arriba que arriba deseando estar abajo.

170208-06Velocidad y altura conservan la dentadura.

170208-07

Mantener corto/hold short (parar en la calle de rodaje en el punto de espera y no entrar en la pista hasta que el ATC lo autorice)

Podemos terminar con el pareado dedicado al sistema PAPI (Precision Aproach Path Indicator) o  Indicador de Trayectoria de Aproximación de Precisión, que dice así:
Blanco sobre blanco, vas alto (White on white you are high)
Rojo sobre rojo, directo al hoyo (Red on red you are dead)

¿Dónde estoy?

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