03 de septiembre del 19

03/09/2019 § Deja un comentario

En el año 1134 el pueblo fantasma que hoy es conocido como Ochate o Portillo de Lobos tenía otro nombre: Goate o Puerta de arriba. Está ubicado en el Condado de Treviño, a unos 14 kilómetros de Vitoria. Quienes se animan a visitar y pasear por las pocas casas que quedan en el pueblo, ya bastante destruidas, sienten una extraña sensación de miedo y respeto.

Ochate llegó a ser en el siglo XIX, la zona más poblada de la comarca. Se asegura que en sólo diez años tres grandes epidemias arrasaron toda la población. La primera se hizo presente en el año 1860, cuando se extiende la viruela, de la que apenas sobreviven una decena de personas. El pueblo consigue rehacerse y nuevos habitantes pueblan sus casas, pero sorprendentemente en 1864 se propaga el tifus con furia devastadora y vuelve a destuír el lugar. Con esfuerzo pues ya mucha gente estaba reticente a volver al pueblo, Ochate vuelve a repoblarse, pero la maldición aún no había acabado.

En 1870, una epidemia de cólera hunde de manera definitiva a las personas que intentaban reconstruir y repoblar el lugar. Tal es la mortandad que en el pequeño cementerio de la localidad no se pudo enterrar a todos los cadáveres a los que se sepultó en la vaguada que forma el cerro de la aldea.

La incógnita reside en ¿por qué las epidemias afectaron solamente  al pueblo de Ochate sin mermar la salud de ningún otro habitante de aldeas cercanas?

19 de febrero del 19

19/02/2019 § 8 comentarios

LA ESTATUILLA

Dicen que en las postrimerías del pasado siglo se encontró en s’Espalmador [aproximadamente donde ahora aparece una charca salobre que poco o nada alivia la falta de agua potable en esta isla] una losa funeraria de blanda piedra aresnisca, más exactamente, de marés. Como un sacerdote de Formentera copió con paciencia mónacal la inscripción de la estela, aunque la losa ha desaparecido y nadie da ya razón de su paradero, podemos actualmente reconstruir sus renglones como sigue:

Una traducción relativamente aceptable de la inscripción sería la siguiente: A LOS DIOSES MANES DE FLAVIO PÓNTICO…LLAMADO EL PITYUSO…EL DESDICHADO AQUÍ REPOSA…ENGAÑADO POR EL HADO INICUO…TÚ QUE FUISTE HECHO DE LA FÉRTIL TIERRA Y A LA LLAMA Y HUMO ARDISTE-NADA ERES SINO LO QUE DESDEÑÓ EL FUEGO-AL ABRIGO DE LA LOSA YACEN HUESOS Y CENIZAS-PASÓ DE ESTA VIDA EL DÍA 2 DE LAS CALENDAS DE ABRIL*

* * *

Fue cuando Asdúbal volvió a conquistar primero las costas, y luego buena parte del interior de la península ibérica; quizá fue algo después, cuando Anubal, que amplió la conquistas, pensaba ya en partir hacia el Ródano y los Alpes para bajar desde ellos hasta el corazón de Roma.

Digamos pronto cómo era la estatuilla. Representaba a la diosa Astarté, reina de los cielos, dueña del rayo, imaginada quizá bajo la advocación de Ba’alat, la bienamada, o tal vez bajo la de Tanit, la marinera, la Señora cuyo nombreno debe pronunciarse. Les asombró por lo pesada; mucho más de lo admisible razonablemente si declaramos que medía alrededor de palmo y medio de altura. Había llegado en uno de aquellos barcos de extensa vela, veinte remos y prolongado espolón de bronce en la proa, que se fabricaban en los astillertos de la vencida Tartessos. La encontraron en el castillete de popa; era la única pieza no habitual en una nave guerrera de tal naturaleza [de casco estrecho y largo, ligera, inapropiada para el transporte de presas o botines, útil tan sólo para constituir la vanguardia de una flota y para realizar descubiertas]

La púnica nave se había partido, cuando buscaba el Freo mayor, debido a un repentino y fuerte temporal de llebeig: a duras penas consiguió el piloto varial el rumbo del quebrado casvo, burlar los escollos del islote Gastabí, y penetrar en la arenosa cala del sur de s’Espalmador, donde logró embarrancarlo.

No nos extenderemos en contar cómo ocurrió; digamos solamente que casi toda la guarnición romana acudió a los despojos, del mismo modo que los cangrejos se llegan a la carnada arrojada en la orilla; digamos también que los náufragos de Cartago gueron gozosamente alanceados.

Tenía la estatuilla una inscripción en la base; en caracteres fenicios decía: Defiendo a mi pueblo, y el enemigo [más bien traduciríamos: el enemigo infiel] me teme. No era de oro, ni de plata, ni de cobre, ni de plomo, ni de ningún otro metal conocido; era de un metal que no existe en este mundo, y de densidad inestable por lo que veremos. Se hizo necesario juntar tres robustos legionarios de manos como panes -casi no podían asirla entre los tres- para traladarla a la orilla. A sus compañeros les asombró, al verlos jadear, que una estatuilla de escasamente treinte centímetros de altura, y poco más de diez de anchura máxima, pudiera resultar tan pesada.

Construyeron en la orilla unas parihuelas y , ya entre cuatro, intentaron llevar la estatua al interior de la isla, hacia su campamento. Después de andar unas decenas de metros, la madera de las angarillas se rompió por el peso; fue preciso construir una nuevas con más gruesos troncos. Esta vez para transportar la pequeña estatua juntaron sus fuerzas seis porteadores. Cuando Astarté [o Tanit, o Ba’alat] llegó al rectangular campamento remano, emplazado en la parte más alta del Espalmador, a estadio y medio de la playa, ya la llevababn entre doce hombres, y casi no podían con ella.Necesario será un inciso paraaclarar los motivos de tal campamento romano. Permanecía allí em manípulo casi un año, sin otro propósito que acechar noche y día el posible paso de una flota cartaginesa; de avistarla, tenían los legionarios orden de no combatir, más bien disimular su presencia, con el propósito de esperar hasta la desaparición de la última nave en el horizonte, y partir entonces hacua Cerdeña para dar cuenta a su romana guarnición del número y características de las naves enemigas. Otro destacamento semejante de la misma cohorte estaba apostado en es Vedrá para cubrir distinta ruta hacia el golfo de León. Como el número de soldados parecía escaso para presentar combate en caso de desembarco enemigo, el centurión Flavio Póntico había optado por acampar en Espalmador que en Formentera, pues además vigilaba así los freos más de cerca. Ocupaba el el campamento la superficie de un heredium, es decir, fotmaba un cuadradode doscientoscuarenta pies de lado [expresado en metros, ochenta por ochenta; o sea, seis mil cuatrocientos metros cuadrados]; estaba protegido porc cuatro achaparradas torres, den sus ángulos; y contaba con dos puertas enfrentadas, una al Noeste y otra al Suroeste. Complementemos la explicación del caso diciendo quede los seis triremes en que habían acudido allí, uno sólo mantenían a flote: los otros cinco, por mejor ocultarlos, los habían varado en ses Ampolles y cubierto de ramaje. Constituían su posibilidad de regreso a Cerdeña primero y a Roma después.

Flavio Póntico ordenó que instalasen la estatuilla en el interior del campamento y allí, colocada sobre unas gruesas piedras planas que parecieron capaces de resistir su creciente peso, la estudió con detenido interés. Era un hombre culto, veterano de las guerras de Oeiente, y supo descifrar el mensaje… Defiendo a mi pueblo, y el enemigo me teme. Largo rato meditó el centurión antes de dar la orden; pero los supersticiosos terrores superaron a la codicia. y al fin mandó a sus hombres que volvieran a tomar la estatua y la arrojasen del campamento.

Mas ya fue imposible, ni los esfuerzos unidos de todos los legionarios consiguieron arrastrarla fuera. Tiraron y empujaron; apalancaron bajo las piedras que la sustentaban, la envolvieron en una red de cuerdas; todo fue inútil: las palancas y las cuerdas se rompían. Fabricaron rodillos para deslizarla sobre ellos; pero no pudieron colocarla encima. Hicieron poleas de gruesos cabos; mas el ánimo conjuntado de cincuenta hombres antes las quebró que resultaran útiles. Gritaron, rogaron, lloraron, blasfemaron, sdaron. Dos legionarios malheridos y otros tres reventados por el sobrehumano esfuerzo: ese fue el logro. Flavio Póntico comprendió que se hallaba ante una situación misteriosa y, probablemente, maléfica para sus guerreros y para el mismo; a sus hombres se les hizo incomprensible la orden que dió: abandonar el campamento y pasar a Formentera, huir de la fenicia imagen, huir de la diosa.

La tarde iba cayendo. El planeta Venus lucía en el horizonte. Entonces ocurrió. La estatua explotó con gigantesca potencia. Las islas se estremecieron, una huracanada onda expansiva arrancó los árboles y las rocas; y como una inmensa tea todo ardió enla superficie del Espalmador y del extremo norte de Formentera. Si alguien hubiera podido quedar vivo, a la mañana siguiente, una vez disipado el polvo, el humo, habría visto la isla calcinada, arena que todo lo cubría, y una charca que ocupaba el lugar en el que estuvo el campamento; se habría asombrado de las variaciones topográficas del canal entre Formentera y Espalmador. Un físico quizá podría explicarnos cómo y por qué un metal [¿qué metal?] puede en pocas horas aumentar mil veces su densidad, y luego explosionar.

Dos noches después de la destrucción, las velas al viento favorable, una gran flota púnica cruzó es freus hacia Levante; pero nadie pudo avisar a Roma. Astarté [o Ba’alat, o Tanit] había defendido a su pueblo.

*La letra A tiene que ser la inicial de abril. El otro único mes que también comienza con A es agosto; pero, hasta el año 24 antes de Jesucristo, el mes de agosto se denominó sextilis, como todo el mundo sabe. Siendo esta historia muy anterior al año 24, no cabe sino aceptar que el tránsito al que alude la losa tuvo lugar en primavera.

Capítulo I de Leyendas de Formentera por J. L. Gordillo.

01 de febrero del 19

01/02/2019 § Deja un comentario

El teniente coronel Percival Harrison Fawcett, nació en Torquay, Inglaterra el 18 de agosto 1867. Fue un militar, arqueólogo y explorador británico. Fawcett junto con su hijo Jack y el amigo de este, Raleigh Rimell, desapareció en circunstancias desconocidas en 1925 durante una expedición para encontrar Z como él llamaba a una antigua ciudad perdida que creía ser El Dorado, en la selva inexplorada de Brasil.

Fawcett había estudiado antiguas leyendas y archivos históricos, convenciéndose de que una ciudad perdida existió en algún lugar de la región del Mato Grosso, una ciudad, a la que puso el nombre de Z. Según el propio Fawcett, su principal fuente escrita era un documento portugués del siglo XVIII, dejado por un grupo de cazadores de fortuna que anduvieron durante diez años por regiones interiores de Brasil, descubriendo finalmente una antigua ciudad en ruinas, la ciudad perdida del Manuscrito 512.

Para Fawcett, aquella ciudad, o ciudad de Raposo, como prefería llamarla, era una de las varias ciudades perdidas del Brasil, remanentes de una vieja civilización, la Atlántida, cuyo pueblo había degenerado, pero aún conservaba vestigios de un pasado olvidado, en momias, pergaminos y láminas de metal cinceladas.. Otro testimonio de la existencia de aquella civilización prehistórica lo representaba para Fawcett una extraña estatuilla de basalto negro, de 25 cm de alto, cuyo origen no se pudo identificar claramente. Fawcett la obtuvo de su amigo H. Rider Haggard y la llevaba consigo en su última expedición. Tras recurrir a la ayuda de un psicometrista, según relata Fawcett, averiguó que la estatuilla era de origen atlante.

En 1921 Fawcett emprendió una expedición por Bahía, guiándose tanto por el Manuscrito 512 como por el testimonio de otro viajero británico, el coronel    O’Sullivan Beare, ex cónsul en Río de Janeiro, quien afirmaba haber visitado una ciudad perdida parecida a la del Manuscrito 512, a pocos días de camino de la ciudad de Salvador de Bahía.

Según menciona Fawcett en su libro, después de recorrer la región del río Gongogi, logró reunir nuevos testimonios de la existencia de ciudades perdidas.

En 1925, con el apoyo de un grupo financiero de Londres, denominado The Glove, es decir, El Guante, Fawcett regresó a Brasil con su hijo mayor Jack para realizar una expedición con el propósito de descubrir aquellas ciudades perdidas. Antes de partir, Fawcett dejó instrucciones declarando que si él y sus compañeros no volvían, no debía enviarse expedición de rescate alguna en su busca, o de lo contrario los rescatadores sufrirían su mismo destino.

Siendo un hombre con años de experiencia, Fawcett viajaba con todos los pertrechos cuidadosamente escogidos, como alimentos enlatados, leche en polvo, armas, pistolas de bengalas y, por supuesto, un sextante y un cronómetro para determinar la latitud y la longitud. También escogió personalmente a sus compañeros para esta expedición, ambos elegidos por su salud física, habilidad y lealtad el uno al otro: su hijo mayor Jack Fawcett y el amigo de muchos años de Jack, Raleigh Rimell. Fawcett escogió solo a estos dos compañeros, de modo que podrían viajar más ligeramente y pasar más desapercibidos por las tribus de la selva, algunas de las cuales eran hostiles a los exploradores. En aquel entonces, muchas tribus aún no habían entrado en contacto con los blancos.

El 20 de abril de 1925, su última expedición partió de Cuiabá. Además de sus dos compañeros británicos, Fawcett viajaba con dos arrieros brasileños y el grupo llevaba consigo dos caballos, ocho mulas y dos perros. El último mensaje de la expedición data del 29 de mayo de 1925; se trata de una carta del explorador a su esposa en la cual le informaba de que estaba listo para entrar en territorio inexplorado acompañado únicamente de Jack y Raleigh Rimmell; la misiva fue enviada con ayuda de un mensajero indígena. Se informó de que estaban cruzando el Alto Xingú, un afluente sudoriental del río Amazonas. La última carta, escrita en Dead Horse Camp, indicaba su ubicación y tenía un tono optimista. Desde entonces nada más se supo de ellos.

Muchos supusieron que los indígenas locales los habían matado, ya que en aquel entonces varias tribus habitaban en las cercanías: los kalapalos, que fueron los últimos en verlos, o los arumás, suyás, o xavantes, en cuyo territorio estaban penetrando. Ambos jóvenes ya estaban enfermos y caminaban con dificultad cuando fueron vistos por última vez, pero no hay ninguna prueba de que fueran asesinados. Es probable que murieran de causas naturales en la selva brasileña.

En 1927 una placa de identificación con el nombre de Fawcett fue encontrada en una tribu indígena. En junio de 1933 una brújula de teodolito perteneciente a Fawcett fue encontrada cerca del territorio de los indios baciary del Mato Grosso por el coronel Aniceto Botelho. Como se pudo averiguar posteriormente, la placa con el nombre de Fawcett era de la época de su expedición de 1921 y lo más probable es que el coronel la hubiera ofrecido como regalo al jefe de la tribu; en el caso de la brújula, también se pudo probar que había sido dejada antes de que Fawcett se hubiese adentrado en la selva en su viaje final.

Aproximadamente cien de los potenciales rescatadores perecieron en más de trece expediciones enviadas para desvelar el destino de Fawcett. Una de las primeras expediciones estaba dirigida por el explorador estadounidense George Miller Dyott en 1927, quien afirmó haber encontrado pruebas de la muerte de Fawcett a manos de los indios aloique, pero la veracidad de su historia fue pronto puesta en duda. Una expedición de 1951 desenterró huesos humanos que más tarde resultaron no tener relación con Fawcett o sus compañeros. Los indios de la tribu kalapalo capturaron a la expedición de 1996, pero los liberaron unos días más tarde cuando los expedicionarios les habían dejado todo su equipo.

Fuente: Percy Fawcett

16 de octubre del 18

16/10/2018 § Deja un comentario

En el cañón de Rio Lobos, se llega a un ensanchamiento donde se encuentra la ermita de San Bartolomé, junto a la gigantesca boca de la entrada a una cueva. La ermita es un bello ejemplar del románico del siglo XIII y aunque normalmente permanece cerrada al público, vale la pena admirar algunos de sus enigmáticos canecillos y relieves: barriles de vino, caras, lobos, cruces patadas, etcétera. Un bello repertorio iconográfico, cuya más bella muestra es el rosetón de seis corazones entrelazados, que al parecer, presenta muchas similitudes con el símbolo judaíco del Sello de Salomón y que podría estar vinculado con la leyenda del Grial y con la orden de los caballeros Templarios.

Sobre San Bartolomé se ha hablado en muchos ámbitos; se ha dicho que se encuentra casi a la misma distancia de los cabos de Creus y de Finisterre, que una de sus ventanas está orientada a la constelación de Sagitario la noche de San Juan y que un rayo de luna ilumina esa misma noche una losa con un extraño símbolo en el suelo. Elementos todos sugerentes, propicios a dejar volar la imaginación y a relacionarlos con la mítica Orden, pero que no arrojan luz sobre el verdadero misterio de la ermita, que no es otro que las razones de su ubicación.

Este misterio no puede comprenderse sin la cueva que se abre en la pared de enfrente y en la que muy probablemente, se celebraban rituales de caracter pagano desde tiempos prehistóricos. Es interesante entrar en ella no tiene más de 250 metros de profundidad, en la que siempre hay luz natural. Su encanto reside más en la perspectiva que de la iglesia se tiene desde ella, que en sus propias formaciones geológicas.

No deja de ser curioso que muchas de las ermitas e iglesias medievales fueran levantadas en las proximidades de cuevas y simas, de entradas a un mundo subterráneo que sin duda serían objetos de elevación espiritual, recuerdos lejanos de un culto trasunto de la madre tierra, la mítica Gea, Hera griega o la Astarté fenicia.

Resulta complicado saber cúal podía ser el interés de una orden de caballeros y monjes por una religión que, según la historia oficial, debía llevar siglos sepultada bajo tierra en la Península.

Fuente: Leyendas españolas.

15 de mayo del 18

15/05/2018 § Deja un comentario

La existencia San Borondón, una octava isla en el archipíelago canario que supuestamente aparece y desaparece desde hace varios siglos, es probablemente una de las leyendas que más hondamente ha calado en el alma del pueblo canario, Islas míticas en relación con Canarias.

Durante el siglo VI, un misionero irlandés conocido como San Brandán o Brendán viajó por el océano Atlántico para difundir el catolicismo y dijo haber encontrado una isla que calificó como el paraíso terrenal. Mapas de la época aludían a una isla perdida descubierta por Brandán que nadie había sido capaz de localizar, hasta que algunos cartógrafos la dibujaron a escasa distancia de El Hierro siglos más tarde.

Desde entonces, no faltaron los críticos que tacharon el testimonio de Brandán de delirio apócrifo totalmente inútil para la historia y la geografía, si bien algunos navegantes aseguran haberse topado con la enigmática isla de San Borondón, que ha servido de inspiración a escritores universales como Washington Irving, Vicente Blasco Ibáñez o Jorge Luis Borges.

08 de mayo del 18

08/05/2018 § Deja un comentario

20 de abril del 18

20/04/2018 § Deja un comentario

Los científicos están sorprendidos desde que una nave de la NASA captó dos luces brillantes emitidas desde Ceres, designado oficialmente como un planeta enano en el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter. La sorpresa saltó cuando la nave espacial Dawn de la NASA se acercaba a Ceres el 6 de marzo de 2015.

Una fotografía realizada el 19 de febrero de aquel año desde algo menos de 29.000 millas/50.000 km mostraba dos áreas muy brillantes en la superficie del astro. Las imágenes previas de la nave Dawn desde mayor distancia mostraban una sola luz en Ceres, quede cualquier forma misteriosa que resultó resultó ser dos, lo que refleja aproximadamente el 40% de la luz que les llega.

Esto es realmente inesperado y sigue siendo un misterio para nosotros, dijo Andreas Nathues, uno de los investigadores principales del equipo en el Instituto Max Planck de Investigación del Sistema Solar en Gotinga, Alemania, en una declaración de la NASA. El punto más brillante de los dos sigue siendo demasiado pequeño para resolverlo con nuestra cámara, pero a pesar de su tamaño, es más brillante que cualquier otra cosa en Ceres.

La respuesta más obvia es que se trate de hielo, aunque este reflejaría más del 40% de toda la luz que reciba. La diferencia puede explicarse por el límite de resolución de la cámara de Dawn a esta distancia. Los científicos han detectado previamente vapor de agua proveniente de la superficie del planeta enano, haciendo que el hielo sea una opción  probable. También aportan como solución que podrían ser parches de sal. Por otro lado, la ubicación de los dos puntos brillantes tan juntos puede ser una indicación de que tienen un origen geológico, como algún tipo de proceso volcánico, posiblemente incluso volcanes de hielo.

Según Chris Russell, investigador principal de la misión Dawn, el posicionamiento de los puntos brillantes dentro de la misma área puede indicar un origen volcánico de las manchas, aunque los científicos no creen que sea lava similar a la que se observa en la Tierra por lo que tendrán que esperar a imágenes de mayor resolución antes de poder aclarar el misterio.

O como dijo un gracioso, los puntos brillantes podrían ser náufragos alienígenas que nos hacen señales con linternas…

Leído en: Strange lights on dwarf planet Ceres have scientists perplexed

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