16 de agosto del 19

16/08/2019 § Deja un comentario

Iván Konstantínovich Aivazovsky, fue un importante pintor romántico bautizado como Hovhannes Aivazián, nacido en el seno de una familia armenia en el puerto de Feodosia del mar Negro, en Crimea, el 29 de julio de 1817, en donde pasó gran parte de su vida. Está considerado uno de los mejores artistas de marinas de la historia.

Tras culminar sus estudios en la Academia Imperial de las Artes, Aivazovsky viajó a Europa y vivió por un corto tiempo en Italia a principios de 1840. Posteriormente regresó a Rusia y fue contratado como el pintor principal de la Armada de Rusia. Aivazovsky estableció lazos cercanos con los militares y la élite política del Imperio Ruso, atendiendo ocasionalmente a operaciones militares.

Fue patrocinado por el estado, además de ser muy estimado durante toda su vida. El dicho merecedor del pincel de Aivazovsky, popularizado por Antón Chéjov, fue usado en Rusia para describir algo inefablemente encantador.

Siendo uno de los artistas rusos más importantes de su tiempo, Aivazovsky también fue popular fuera de Rusia. Hizo numerosas exposiciones individuales en Europa y Estados Unidos.

Durante su carrera de casi 60 años, creó cerca de 6000 obras, convirtiéndolo en uno de los artistas más prolíficos de la época. La gran mayoría de sus trabajos son marinas, pero también representó escenas de batallas, temas armenios y retratos.

La mayor parte de sus trabajos se mantienen en museos rusos, ucranianos y armenios, así como en colecciones privadas.

Falleció el 2 de mayo de 1900 en la ciudad en la que había vivido gran parte de su vida.

Fuente: Айвазовский, Иван Константинович

 

19 de julio del 19

19/07/2019 § Deja un comentario

Salvador Abril y Blasco nacido en Valencia el 22 de octubre de 1862, fallecido en Ibídem el 23 de agosto de 1924, fue un pintor y ceramista español, hijo del carpintero José Abril LLopis y de Agustina Blasco Goris. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, donde fue discípulo del paisajista Gonzalo Salvá Simbor. Compartió estudios con Joaquín Sorolla, Mariano Barbasán y Pedro Ferrer Calatayud. Decantado hacia el paisajismo, se especializó en la pintura de marinas.

Participó en varias Exposiciones Nacionales de Bellas Artes y, en la de 1887, obtuvo una tercera medalla con el cuadro En alta mar; en 1890 obtuvo el mismo galardón con ¡Todo a babor! y, en 1892, una segunda medalla con El choque. También fue condecorado en las de 1901 y 1904. En las exposiciones de Bellas Artes de Valencia fue premiado en 1879, 1880 y 1910.

En 1894 casó con Amparo Maestre Sancho, con la que tendría un hijo, José Abril Maestre. Al año siguiente recibió la Cruz al Mérito Naval de 2ª clase con distintivo blanco, por su donación al Museo Naval de Madrid del cuadro Naufragio del crucero Reina Regente.

Hacia finales de los años 1890 su estilo evolucionó desde un cierto neorromanticismo que acusaba su obra temprana hacia un mayor naturalismo, en consonancia con la moda del momento. También empezó a mostrar un mayor interés por los efectos luminosos y la captación de fenómenos atmosféricos en sus obras, un sello distintivo del llamado luminismo valenciano que tuvo en Sorolla su máximo representante.

Fue profesor de la Escuela de Bellas Artes y Oficios de Granada y director de la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Valencia. Fue también un gran especialista en cerámica, materia de la que escribió el libro Cerámica de la Alhambra

En 1901 fue condecorado con la cruz de comendador de la Real Orden de Isabel la Católica. En 1904 fue nombrado académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos. Tiene calles dedicadas en Valencia, Antella, Chiva y Tabernes de Valldigna.

Tiene obras en museos e instituciones como el Museo del Prado de Madrid, el Museo Naval de Madrid, la Diputación Provincial de Burgos, el Museo de Bellas Artes de Badajoz, el Museo de la Ciudad de Valencia, la Diputación Provincial de Valencia y la Biblioteca Museo Víctor Balaguer de Villanueva y Geltrú.

Fuente: Salvador Abril.

03 de junio del 19

03/06/2019 § Deja un comentario

Lo hemos explicado muchas veces desde este blog, pero hoy, aprovechando que es luna nueva, lo volvemos a hacer.

La epacta o edad de la luna son los días que van desde la última luna llena hasta fin del año. Este año es 8, es decir, pasaron 8 días desde el 23 de diciembre, que fue la última luna llena, hasta el 31 de diciembre. Recordémoslo.

Si contamos los meses tal como lo hacían los romanos, es decir, empezando por marzo, junio, mes en el que nos encontramos, sería el cuarto (4) mes. Recordémoslo.

Hemos de aceptar, porque explicarlo sería demasiado complejo para hacerlo en este post,  que las lunas llenas y las lunas nuevas se dan siempre que la suma de la epacta o edad de la luna, más el día del mes, contado como lo hacían los romanos, más la fecha en la que nos encontramos (hoy 3) suman 15, 30 ó 45. Recordémoslo.

Procedamos para hoy día 3 de junio:
8 (epacta)+4 (mes de junio)+3 (día de hoy)=8+4+3=15.
Como el resultado es quince (15) hoy es luna nueva. Si no se nos cree, pueden comprobarlo en cualquier tabla lunar actualizada. Y en consecuencia, el mar estará en régimen de mareas vivas, aunque esa es otra lección

26 de febrero del 19

26/02/2019 § 1 comentario

EL ADIOS

Entre Gades y Ostia, según dicen ilustres autores de la Edad Antigua, las jornadas de navegación solían ser siete. La ruta, si los vientos no aparecían desfavorables en extremo o, lo que era más deseable, no acontecían recalmones, podía tener los siguientes límites, de amanecer a amanecer: 1º) Puerto de Gades. 2º) Costa a la altura de la Punta de la Mona. 3º) Costa a la altura de Cartagena. 4º) Mar abierto, aproximadamente a merdio camino entre el cabo de la Nao y las islas Pityusas. 5º) Costa sureste de Mallorca. 6º) Mar abierto, digamos a un tercio del recorrido entre Menorca y Córcega. 7º) Mar abierto, a la vista de Córcega. 8º) Puerto de Roma, es decir, Ostia. En total, como se ha dicho, siete jornadas.

Circunstancias históricas en las que aquí no sería apropiado extenderse -pero que pesan abundantemente en el significado de esta leyenda- daban a los Freos, en la antiguedad, la condición de acceso a Gades o a Tartessos. Esto es muy comprensible, a poco que se mire un mapa del Mediterráneo occidental; sobre todo si se parte de algo comprobado: aquellas eran navegaciones que aspiraban a no alejarse de una tierra sino para arribar a las proximidades de otra, aunque así se alargara la ruta.

Complementa la circunstancia anterior otro concepto geográfico difícilmente asequible a un español contemporáneo: el que supone reducir la extensión del término Baleares, y limitarla a su primer significado histórico. La imagen de cuatro principales islas pierde sentido en el ámbito de cualquier época previa al vigente reparto provincial de España. Durante veinticinco siglos o más las Baleares solo fueron dos: Menorca y Mallorca; y, sin enlace nominativo a ellas, las Pityusas también dos:Formentera e Ibiza.

Se concluye el planteamiento circunstancial con una tercera certeza, la de que el nombre de Hispania estuvo reservado, durante mucho tiempo, aproximadamente a la mitad meridional de la península ibérica.

Estamos en condiciones de resumir las tres realidades hasta aquí enunciadas: Para los navegantes del siglo primero después de Jesucristo -y de varios siglos posteriores y anteriores- los Freos pityusos, de Este a Oeste, para entrar o para salir, fueron considerados como las “puertas” de la antigua España. El actual Cap de Portas de Ibiza da testimonio de ello. (Y esta es la cuestión a la que los historiadores deberian atender con interés.) 

***

A lo que parece, en su venida a Hispania en el año 63, San Pablo no utilizó la ruta marítima, sino la terrestre, es decir, el mismo itinerario de los Vasos Apolinares -sólo que a la inversa-; por resumir: Via Aurelia, Vía Domicia, Vía Augusta. Este fatigoso viaje tendría lugar tras la primavera; y no repugna a la lógica, ni contradice a la tradición, la idea de que el acceso del apóstol fuera el de los caminos, forzosamente lento, pero propio de su cometido evangelizador. Otro es el caso del regreso a Roma, durante el verano del año 64, una vez finalizada su tarea; también aquí la lógica y la tradición soliciten de consuno un viaje marítimo, el apropiado para un desplazamiento rápido. Por eso es más creíble la leyenda.

El barco de carga que llevaba a San Pablo, cruzó la angostura de los Freos (las puertas) rumbo a Levante, con lo que salió de Hispania. Al atardecer de su probable cuarto día de navegación tenía a estribor la Mola de Formentera, y en ella la que se habla de llamar siempre la Punta de sa Palmera.

La palmera -quizás las que existen hoy por allí descienden de ella- había crecido alta, desafiando durante años los dominantes temporales de maestral, tramuntana y gargal, que llevan la sal hasta arriba de la Mola, por encima de ciento cincuenta metros de acantilado. Pasaba el barco frente al cabo, ansioso de vientos favorables que la agreste roca le limitaba. Roguemos imaginación para el suceso. Algún marinero le hablaría a San pablo: -Es el extremo de las tierras de Hispania-. Y el santo quiso despedirse con alguna solemnidad; extendiendo la mano pudo decir: -Acabada mi obra entre hispanos, vuestra abundancia de fe compensará la miseria de los que no me han oído; porque, si predicáis como yo os prefiqué, habra equidad en lo que importa. El Señor de la paz os conceda Él mismo la paz.

En la Mola nadie había de que pareciera que pudiera contestar a la despedida. Por eso, según dicen, la altísima palmera, con silenciosa ceremonia, respondió al santo de la única forma que cabía. Se inclinó hacia el barco, doblando sus carnes vegetales hasta lo imposible. Y así quedó para siempre, como un puente tendido desde Formentera al horizonte, diciéndoles adiós a la nave que se engolfaba y al santo que no volvería. Sa Palmera.

Capítulo II de Leyendas de Formentera por J. L. Gordillo.

04 de enero del 19

04/01/2019 § Deja un comentario

El DRAE define redundar como:
1. intr. Dicho especialmente de un líquido: Rebosar, salirse de sus límites o bordes por demasiada abundancia.
2. intr. Dicho de una cosa: Venir a parar en beneficio o daño de alguien o algo.

Lo interesante del vocablo es saber que deriva etimológicamente del latín redundare, formado por el prefijo re- indicando repetición y la palabra unda cuyo significado es onda, palabra que los antiguos romanos utilizaban para referirse a las olas del mar.

El ir y venir continuo de las olas del mar es lo que dio origen a la utilización del término redundare, castellanizado en redundancia/redundar, para referirse a la repetición de alguna cosa o la abundancia de ésta. Es decir, que las olas, además de traernos surfistas, nos traen palabras.

02 de Enero del 19

02/01/2019 § Deja un comentario

El vapor de pasajeros SS Warrimoo avanzaba silenciosamente a través de las aguas del Pacífico en su camino de Vancouver a Australia. El navegante acababa de terminar de calcular la posición con las estrellas y le dio el resultado al capitán John Phillips. La posición de Warrimoo era latitud 00.00 grados x 31 minutos al norte y longitud 179 grados x 30 minutos al oeste.

Era el 30 de diciembre de 1899. El primero Mate Payton dijo entonces que estaban solo unas millas de la intersección del ecuador y la línea de cambio de fecha internacional.

El Capitán Phillips fue lo suficientemente astuto como para intentar lograr un fenómeno histórico que le permitía la navegación. Llamó a los navegantes al puente para verificar la posición y cruzarla para realizar un cálculo perfecto. Cambió ligeramente de rumbo para que alcanzar el punto deseado. Luego ajustó la velocidad del motor. El clima tranquilo y la noche clara colaboraron. A medianoche, el Warrimoo yacía en el ecuador exactamente en el punto en que cruzaba la línea de fecha internacional.

Las consecuencias de esta posición fueron muchas. La parte delantera de la nave estaba en el hemisferio sur y en pleno verano. La popa estaba en el hemisferio norte y en pleno invierno. La fecha en la parte de proa del barco era el 31 de diciembre de 1899. En popa, era el 1 de enero de 1900.

Por lo tanto, este barco no solo estuvo en dos días diferentes, dos meses diferentes sino en dos años diferentes, dos estaciones diferentes y dos siglos* diferentes, todo al mismo tiempo.

A finales de 1914, el Warrimoo fue utilizado como buque de guerra de transporte de tropas. El 17 de mayo de 1918, cuando viajaba en un convoy desde Bizerta a Marsella, chocó con el destructor francés escolta Catapulte. En la colisión, las cargas de profundidad del destructor fueron desalojadas; explotaron en el agua soltando las placas inferiores de ambos barcos y haciendo que ambos se hundieran con pérdida de vidas.

*Esto es erróneo ya que los siglos cambian en el año 1 de la siguiente centena. Para estar en dos siglos debería haber sucedido en la noche del 31 de diciembre de  1900/ 1 de enero de 1901.

Fuente: Strange story of the SS Warimoo

21 de diciembre del 18

21/12/2018 § Deja un comentario

A las olas que llegan a la costa, generalmente en grupos de tres cuando hay mar de fondo, se las conoce por marías. Es probable que cuando uno las observa día tras día, se pregunte de dónde les viene el apelativo.

Mar, en latín clásico, se decía mare, herencia del protoitálico mari. Si lo declinamos, el plural tanto del nominativo como del vocativo y acusativo es maria. Aunque ola se dijera unda, parece lógico pensar que en aquellos tiempos se llamara mare/maria a las consecuencias del mar de fondo. 

Es por tanto muy probable que llamemos marías a las olas que mueren en la costa tras haber recorrido un gran espacio de mar, desde donde fueron creadas, allí donde los grandes vientos afectaron lo que se ha dado en llamar fetch o tirada, como herencia de un pasado latino.

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