22 de mayo del 17

22/05/2017 § Deja un comentario

The butterfly book de W.J.Holland es una guía para el conocimiento de las mariposas de Norteamérica que fue publicado en Nueva York en el año 1904 por Doubleday, Page & Co y que contiene 48 ilustraciones en color, además de textos ilustrados que muestran la mayoría de especies que existen en los Estados Unidos.

The butterfly book.pdf

Pueden encontrar el enlace al pdf de 33.7MB bajo la imagen. Aunque se trata de un libro antiguo, aconsejamos que lo hojeen para conocimiento y disfrute de las mariposas presentes en otro continente explicadas con deliciosas ilustraciones de otra época.

18 de mayo del 17

18/05/2017 § Deja un comentario

Se habla mucho actualmente de la VR o Virtual Reality cuando desde hace mucho tiempo se ha estado trabajando en ello. Hugo Gernsback, nacido el 16 de agosto de 1884 en Luxemburgo, fallecido en Nueva York el 19 de agosto de 1967 inventó entre otras cosas unas telegafas.


Pueden sonreír ante la creación de quien está considerado uno de los tres grandes de la ciencia-ficción, pero entre otras cosas, diseñó dos nuevos instrumentos electrónicos: el Pianorad y el Staccatone.

Sus contribuciones al género de ciencia ficción como editor fueron tan significativas que, junto con los novelistas H. G. Wells y Jules Verne, ha sido considerado padre de la ciencia ficción.

 

15 de mayo del 17

15/05/2017 § Deja un comentario

Les ofrecemos el libro de Daniel Robbins publicado por el The Salomon R. Guggenheim Foundation en Nueva York en 1963 editado con la exposición del mismo nombre celebrada en el Guggenheim Museum.

Cezanne and structure in modern art.pdf

Como siempre, dejamos el enlace al pdf [2.7MB] bajo la ilustración de cubierta. Si lo quieren hojear on line antes de bajárselo, pueden hacerlo en:
Cézanne and structure in modern painting: Internet Archive.

En la misma página o directamente desde los enlaces que dejamos a continuación, pueden elegir el formato que prefieran para conseguirlo, disfrutarlo y guardarlo.

ABBYY GZ, B/W PDF, DAISY, EPUB, FULL TEXT, KINDLE, PDF, SINGLE PAGE ORIGINAL JP2 TAR, SINGLE PAGE PROCESSED JP2 ZIP, TORRENT

 

08 de mayo del 17

08/05/2017 § Deja un comentario

Siguiendo nuestra costumbre de publicar los lunes un libro ilustrado, hemos seleccionado el que el Museo Guggenheim de Nueva York dedicó en 1998 a las motos y que reeditó el de Bilbao en 1999: The art of the motorcycle.

The art of motorcycle.pdf

Como siempre, dejamos el enlace al pdf de 17.8MB bajo la ilustración de cubierta. Aunque lamentablemente el documento no hace justicia a la calidad del libro impreso, recomendamos a todos aquellos que aman las motos que se lo bajen.

Enlace gentileza de David de Ramón.

02 de mayo del 17

02/05/2017 § Deja un comentario

Tanto Escuder como Navarro propalaron infamantes habladurías sobre un presunto comportamiento de los formenteranos que les convertía en poco menos que contumaces malhechores. También un novelista valenciano contribuyó a extender la imputación. Pero Macabich refuta la denuncia, y arguye que nadie ha podido citar un caso concreto. ¿Cuál es el crimen que se delata? El aleve de atraer a los buques en noches de tormenta, con señales luminosas equívocas, hasta los escollos en que embarrancaban; y ello por aprovecharse de los restos de los naufragios.

Uno no admite como creíble que provocasen los hundimientos, que ese sería un proceder asombroso en hombres de mar; pero está seguro de que, en bastantes casos pudo haber saqueo de los despojos. Y es que ocasiones tuvieron… De los 85 siniestros marítimos ocurridos en el área pityuso-balear entre 1866 y 1880, por ejemplo, nada menos que 33 se señalan en las inmediaciones de Ibiza y Formentera (sirva de comparación que en Menorca sólo sucedieron 9) Está todavía por hacer un recuento de los buques que en los últimos siglos han naufragado en nuestra isla; mas alguna información sí que ha sido recopilada.


Fajarnés recoge la siguiente: en 1650 un navío genovés, el San Nicolás de Bari, en los freos; en 1684 un barco de guerra francés con 99 cañones, en ignorado lugar de Formentera; en 1766 un laúd, el San Felipe Neri, en es Carnatje; el año siguiente un navío holandés, el Alejandría en es Trucadors, un barco francés, el Conde de Provenza, en es Carnatje, y un pingue de Mahón igualmente en es Trucadors; en 1790 otra embarcación, cuyo nombre no se dice, en Migjorn. De distintas fuentes recogemos estos otros casos: En 1785 el jabeque de guerra San Luis, con 26 cañones, en es Trucadors; en 1836 un falucho formenterano en es Pujols (se ahogaron quince personas, entre ellas el torrero del Espalmador, Francisco Puig Payá; en 1838 un mercante inglés, en algún lugar de Formentera que no se dice; en 1861 un laúd catalán en el Espalmador; en 1882 un bric sueco, el Adolf, también en es Trucadors.

De Llabrés, para terminar, copio el siguiente texto: 2 agosto de 1867.—Apareció varado en Cala Saona, Formentera, un bergantín desarbolado y lleno de agua. Llevaba cargamento de tablas, tablones, vigas y viguetas y era de unas 400 toneladas. En el espejo de popa se leía: Ida.-Göteborg. Nada se supo de su tripulación. ¿Puede haber noticia más hacinada de posibilidades narrativas?…

Las leyendas de Formentera, José Luis Gordillo Courcières

01 de mayo del 17

01/05/2017 § Deja un comentario

El Illustrated index of British Shells es una descripción exhaustiva de todas aquellas conchas de las costas británicas según G.B. Sowerby, editado por Simpkin, Marshall and Co en Kensington en 1859, que contiene 24 maravillosas ilustraciones.

British shells.pdf

Como de costumbre, pueden encontrar el enlace al pdf de 4.9MB bajo la primera imagen. Les aconsejamos que se lo bajen y disfruten con las ilustraciones mientras curiosean por sus nombres y características.

25 de abril del 17

25/04/2017 § Deja un comentario

Ahora le llaman es Bosc de sa Pujada; pero hace cientos de años lo llamaban es Bosc d’es Diable. Me refiero, claro está, a esa parte de pinar desmedrado que hoy día queda a la derecha de la carretera, según se sube a La Mola, poco después de sobrepasar el inicio de la corta desviación que conduce a dos modernas urbanizaciones hosteleras.

Cuando sucedió lo que voy a relatar, aquel rincón del bosque desde el monte de sa Talaia al mar, era impenetrable; siglos de respeto por parte del hombre habían hecho crecer allí una espesura en la que se entrelazaban el pi bord, el pi ver, la savina, el ginebre, el raspai, la mata, el matapoll, la espinalera… en una maraña de tales características que constituía el reducto salvador de todos los animales del bosque cuando eran perseguidos por  los cazadores armados de ballestas. Dicen las viejas, las consabidas viejas que cuentan estas leyendas, que el respeto sentido por los habitantes de Formentera hacia aquel marañal partía de haber observado que era el único lugar de la isla donde se daba un determinado arbusto de escaso porte llamado garrover d’es diable. Pongámoslo más claro diciendo que ese arbusto no es otro que el denominado en latín anagyris foetida y en español altramuz hediondo. Tal vegetal, como el lector avisado ya habrá supuesto, tiene unas hojas de las que se puede decir cualquier cosa, excepto que de ellas emanen aromas gratos. Y como produce unos frutos relativamente parecidos a las algarrobas, han dado en llamarlo garrover, solo que las mismas viejas a las que arriba hemos aludido sostienen que si al algarrobo verdadero lo hizo Cristo para regalo del hombre, a este otro algarrobo repulsivo lo hizo el diablo para contrarrestar la bondad del divino don. Vamos, una de las que se llaman acciones de oposición eterna.

De los comentarios que anteceden se deduce que nada de extraño había en que una parte de bosque tan agreste, tan intrincada, tan llena de barrancadas, tan espesa en leños, tan oscura y además poseedora en exclusiva de ejemplares de un arbusto denominado algarrobo del diablo, fuera llamada, como queda dicho, es Bosc d’es Diable.

Aconteció, pues, que un cazador morisco acechaba ya durante muchas lunas a un negro jumento salvaje, y que, siempre que estaba a punto de alcanzarlo, este lo esquivaba refugiándose en el bosque del diablo. Al igual que hacen todos los caminantes, que en lugar de atajar por el bosque lo rodean sin penetrar en él, al igual que hacen los pastores, que silbaban para recoger el rebaño cuando las cabras y las ovejas se acercaban a aquella espesura y retrocedían, nuestro cazador abandonaba la persecución apenas la pieza había atravesado los lindes de la zona prohibida. Y no es que este hubiera sido hitada, es que sus límites eran tan evidentes, tan manifiestos, como si de una finca murada se tratase. El cazador era joven, era audaz y era vigoroso; pero el miedo crea fronteras incluso para el vigor, la audacia y la juventud.

No obstante, a medida que, con unas u otras variantes, huyendo desde el norte o desde el sur, se repetía la burla, crecía también en nuestro hombre el afán de apoderarse del negro jumento y domeñarlo. Naturalmente, lo quería vivo, y eso le impedía hacer uso de su ballesta, de forma que solo lazos y trampas eran las armas que empleaba conta la codiciada pieza. Mas tanto progresó su interés, alimentado lateralmente por la burla de que creía ser objeto por parte de tan inferior animal, que un infausto día, en lugar de pararse por el linde del marañal, penetró con osadía en él, violando la reserva del bosque. Al seguir la pista que la pieza iba dejando, se internó en el secreto paraje; avanzó tanto que llegó a oír el mar, lo que indicaba que estaba ya más cerca de la costa que del camino desde el que había entrado. Rabioso, dos veces intentó disparar su ballesta; lleno de ira, ya no quería apresar vivo al asno salvaje, sino matarlo. Pero entre la maraña no resultaban eficaces los virotes. Por otra parte, era muy difícil avanzar, pues debido a los arañazos de las ramas sangraba por la cara, los brazos y las piernas; y mal le defendía la ropa desgarrada. El jumento, inexplicablemente, podía pasar por lugares que luego se cerraban al cazador. Detenerse para afinar la puntería suponía el riesgo de perder al animal de vista. Al fin, ya muy cerca del acantilado, en un reducido claro del bosque, se topó con la pieza parada, vuelta cara a él. Y dicen que entonces el asno le habló.

Un hedor insoportable siguió a las increíbles y obscenas palabras de la bestia. A continuación el bosque se oscureció y, simultáneamente, para mayor contraste se fue haciendo una luz misteriosa, como un halo flamígero, alrededor del perseguido jumento: el cazador comprendió que tenía ante sí la abominable figura del diablo que le increpaba y amenazaba. Sintió el joven tal terror que dejó caer la ballesta; un nunca imaginado largo escalofrío le recorrió la espalda; las piernas le temblaban, blandas; el sudor de la carrera se le había helado. Entonces el maligno avanzó hacia él lentamente, seguro del trágico final de aquel encuentro. Buscando el cazador la que se le daba más fácil salida del lugar, corrió alocado por el barranco, hacia la mar. Cambiados los cometidos, era ahora el diablo quien le perseguía. Aullando de pavor, el joven corrió con desespero al acantilado, buscó una bajada por la que llegar al agua, pues se le antojaba a él que en la mar podía estar su salvación y, finalmente, perdió el equilibrio, dio un salto imposible y cayó rodando, rebotando por las rocas hasta la pedregosa orilla donde las olas rompen ruidosas a la menor marejada.

Al sitio donde el cazador se despeñó le llaman hoy Caló d’Es Mort. Y en el borde del derrumbadero persisten visibles unas huellas, como de pezuñas, que las viejas dicen que son las que dejó el diablo en su persecución. Todo el que vaya allí puede verlas.

Documentacuión:
Leyendas de Formentera
Leyendas de Formentera.

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