19 de octubre del 18

19/10/2018 § Deja un comentario

Siempre se ha dicho que si existiera una guerra nuclear y los humanos se destruyeran inútilmente entre ellos por un quítame esas pajas, solo sobrevivirían las cucarachas.

Esto es falso, pues tras ensayos científicos en los que los que dichos insectos fueron sometidos a radiación nuclear, aunque aguantaron bastante, acabaron muriendo al pasar diez días.

Si esto hubiera sido cierto tal como cuenta la leyenda popular, se impone una pregunta: ¿Qué substancias contiene un matacucarachas si las bombas nucleares no pueden con ellas?

Señores, la cabeza es para usarla pensando, aunque nos permita peinar el tupé o teñirnos el pelo.

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16 de octubre del 18

16/10/2018 § Deja un comentario

En el cañón de Rio Lobos, se llega a un ensanchamiento donde se encuentra la ermita de San Bartolomé, junto a la gigantesca boca de la entrada a una cueva. La ermita es un bello ejemplar del románico del siglo XIII y aunque normalmente permanece cerrada al público, vale la pena admirar algunos de sus enigmáticos canecillos y relieves: barriles de vino, caras, lobos, cruces patadas, etcétera. Un bello repertorio iconográfico, cuya más bella muestra es el rosetón de seis corazones entrelazados, que al parecer, presenta muchas similitudes con el símbolo judaíco del Sello de Salomón y que podría estar vinculado con la leyenda del Grial y con la orden de los caballeros Templarios.

Sobre San Bartolomé se ha hablado en muchos ámbitos; se ha dicho que se encuentra casi a la misma distancia de los cabos de Creus y de Finisterre, que una de sus ventanas está orientada a la constelación de Sagitario la noche de San Juan y que un rayo de luna ilumina esa misma noche una losa con un extraño símbolo en el suelo. Elementos todos sugerentes, propicios a dejar volar la imaginación y a relacionarlos con la mítica Orden, pero que no arrojan luz sobre el verdadero misterio de la ermita, que no es otro que las razones de su ubicación.

Este misterio no puede comprenderse sin la cueva que se abre en la pared de enfrente y en la que muy probablemente, se celebraban rituales de caracter pagano desde tiempos prehistóricos. Es interesante entrar en ella no tiene más de 250 metros de profundidad, en la que siempre hay luz natural. Su encanto reside más en la perspectiva que de la iglesia se tiene desde ella, que en sus propias formaciones geológicas.

No deja de ser curioso que muchas de las ermitas e iglesias medievales fueran levantadas en las proximidades de cuevas y simas, de entradas a un mundo subterráneo que sin duda serían objetos de elevación espiritual, recuerdos lejanos de un culto trasunto de la madre tierra, la mítica Gea, Hera griega o la Astarté fenicia.

Resulta complicado saber cúal podía ser el interés de una orden de caballeros y monjes por una religión que, según la historia oficial, debía llevar siglos sepultada bajo tierra en la Península.

Fuente: Leyendas españolas.

09 de octubre del 18

09/10/2018 § Deja un comentario

Según cuenta una leyenda de Colombia, en las cunetas de los caminos y senderos o en las proximidades de bosques y arroyos, se puede contemplar en ocasiones una procesión espectral compuesta de cuatro almas en pena que llevan lo que se conoce como guando, especie de camilla mortuoria, sobre sus hombros. Aquellas personas que contemplen esta visión quedarán sobrecogidos por los monótonos y casi inteligibles rezos que estos costaleros entonan mientras caminan, causando una profunda pena en todo aquel que les vea.

El origen de esta leyenda se remonta muchos años en el pasado. Vivía un hombre extremadamente egoísta y malhumorado, ajeno al sufrimiento e infortunios de los demás. En las ocasiones en que un vecino del pueblo fallecía, este hombre de mal carácter se negaba en redondo a ayudar en el transporte del fallecido. Tal era su desinterés por esta tradición, que espetó a sus vecinos que el día en que falleciese no quería que nadie cargase su cuerpo, y que lo mejor sería que dejasen su cuerpo en una cuneta o lo lanzasen al río.

Y finalmente sucedió lo inevitable, el hombre falleció en soledad. Sus vecinos, que poseían más compasión que el difunto, acordaron hacerse cargo de su entierro. Tras construir un guando para él, trataron de levantar y colocar encima el cuerpo, pero tan pesado era el fallecido que los encargados de llevar el cuerpo debieron relevarse cada pocos metros para no desfallecer.

Cuando andaban cerca del río el cuerpo pareció aumentar su peso de manera considerable, provocando que las tablillas de maderas del guando se partiesen y el difunto fuese a parar al agua junto con su camilla, donde desapareció de la vista de todos para no volver jamás, pese a los esfuerzos por recuperar el cuerpo.

Desde entonces, en las vísperas de algún fallecimiento, se puede contemplar el guando y a sus portadores, rezando incansablemente por el descanso de los que aun están por morir.

Fuente: La leyenda de las procesiones fantasmas.

02 de octubre del 18

02/10/2018 § Deja un comentario

Los Caballucos del Diablo son siete grandes libélulas con alas muy largas y transparentes, que llenan las noches, sobre todo en verano. Siempre vuelan juntos y son cabalgados por siete demonios con ojos de brasa, que disparan llamas por la boca. Son muy malos y se divierten en quemar o pisotear los campos de mieses.

Fuente: Los caballucos

25 de septiembre del 18

25/09/2018 § Deja un comentario

Los nuberos son pequeños geniecillos malignos que cabalgan las tormentas, descargando rayos y granizo sobre las personas. Son los responsable de los cambios del clima en la montaña, conducen y guían las nubes, provocando calamidades y grandes destrozos en los pueblos.

Sus víctimas favoritas son los pescadores. Aquellos que intentan desafiarlos acaban perdiendo la vida. Los menos atrevidos se ven obligados a volver al puerto con las redes vacías.

Fuente: El nubero.

18 de septiembre del 18

18/09/2018 § Deja un comentario

El Ojáncano u Ojáncanu, personifica literalmente el mal. No hay personaje más desagradable y violento. De aspecto horroroso y con un solo ojo, es alto como un árbol, tiene manos y pies gigantescos, con diez dedos y garras mortíferas.

Suele utilizar su honda de piel de lobo para arrojar grandes piedras y su bastón mágico puede transformarse, según la ocasión, en lobo, víbora o cuervo.

Cuando se hace mayor, los otros Ojáncanos le matan, le abren el vientre y se reparten sus restos, enterrándolo debajo de un roble. Después de nueve meses, salen del cadáver unos gusanos amarillos enormes que durante tres años se nutren a través de los pechos de una Ojáncana.

Fuente: Leyendas.

04 de septiembre del 18

04/09/2018 § Deja un comentario

Dicen que en Cantabria viven tranquilamente tres duendes: Trastolillo, Trenti y Zahorí. Pequeños y juguetones los dos primeros, más serio el tercero, se los puede encontrar uno con cierta facilidad si se es niño o inocente.

El más conocido es Trastolillo, Trasgu para algunos. Simpático y juguetón disfruta gastando bromas y riendo. Su piel es de color negro y es muy difícil encontrarlo debido a su muy reducido tamaño. Sus ojos verdes son divertidos y brillantes, su pelo largo esconde dos pequeños cuernos y viste una túnica roja hecha con corteza de árbol. Si se opta por alquilar una casa rural y se escuchan sonidos raros, risas mientras algo se mueve, es obra suya.

El Trenti es aún más pícaro y rebelde que el anterior. Aunque se parecen por el color de la piel y de los ojos, éste se queda lejos de las zonas habitadas y prefiere jugar y asustar, con gracia, en los bosques. Viste con corteza de árbol color castaño y verde para poderse mimetizar y en general sólo se deja ver por los niños. Su plato favorito es maíz con leche. El agua es veneno para él.

El único duende serio es aquél al que llaman Zahorí que, a diferencia de los anteriores, en vez de hacer travesuras prefiere ayudar a las gentes cuando pierden algo importante o de valor. Si la persona que invoca la oración se ha portado bien, el Zahorí se acerca para escuchar con atención la descripción del objeto y empieza la búsqueda. Es pequeño, silencioso y muy rápido, su larga nariz puntiaguda le ayuda a oler los peligros y siempre corre da un lado a otro.

Fuente: Folklore cántabro.

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