05 de diciembre del 18

05/12/2018 § Deja un comentario

Esta leyenda se repite por muchas tierras. Les contamos la que se sitúa en la antigua Castilla de la Reconquista, allí en donde se dice que hubo un palacio árabe famoso por sus riquezas. En él vivía la hija del emir, bella y discreta, a quien nadie había logrado conquistar.

Llegó hasta allí un caballero cristiano que enamorado de la joven doncella fue correspondido por ella con la misma pasión. Secretamente se veían cada día, horas en las que se prometían amor eterno. La situación se fue haciendo cada día más difícil por las diferencias de raza y religión que les separaban. Su familia, debido a los odios entre árabes y cristianos como consecuencia las guerras en Castilla, estaba en contra. Por tal motivo, le prohibieron a la joven que continuase sus relaciones con el caballero castellano. Secuestrada en la casa de sus padres, nunca más pudo ver de nuevo a su amante y éste, desesperado ante tal situación, marchó a la guerra, abandonando el lugar.

En vano esperó la doncellaa su regreso. Nunca recibió noticia alguna de la suerte acaecida al caballero, si la desesperación le había impulsado a buscar la muerte en el combate o a olvidadarla con otra mujer. Ella se mantuvo firme en sus sentimientos mientras esperaba año tras año su regreso.

Su padre ordenó casarla varias veces con jóvenes de su misma religión, a los que ella rechazó aún en contra de la voluntad familiar. Su padre, cansado de tantas afrentas, decidió castigarla para domar sus sentimientos. Ordenó que la encerraran en una cueva, tratando de vencer su obstinación. Fue inútil, ella aceptó el castigo con humildad y resignación, se dejó encerrar mientras seguía llorando la pérdida de su amado, siempre con la esperanza viva de su regreso.

Dice la leyenda que pasaron los años, tras los cuales murió de pena en la gruta que desde entonces se conoce como la Cueva de la Mora. Cuentan que su alma, siempre esperanzada, hoy vaga aguardando la vuelta del caballero cristiano y que todos los años en el día de su partida, el espíritu de la joven se libera unas horas de su cautiverio y sube hasta la colina para otear el horizonte por donde espera ver regresar a su amado.

Hay quien afirma que una figura blanca y bella se deja ver en las noches oscuras. Otros dicen que es un rayo de luna.

Fuente: Leyendas españolas

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27 de noviembre del 18

27/11/2018 § Deja un comentario

Dice la leyenda que en Salamanca había una cueva en la que Satanás impartía doctrinas de ciencias ocultas, tales como adivinación, astrología y magia a siete alumnos durante siete años, tras de los cuales, uno de ellos, debía quedar de por vida en la cueva a su servicio.

Esta leyenda nace por las clases que en la sacristía impartía el parroco de la iglesia, Clemente Potosí, quien llegó a ser identificado con el diablo porque daba lecciones de astrología, geomancia, hidromancia, piromancia y quiromancia. Los alumnos que acudian a las clases no revelaban qué era lo que aprendían y este hermetismo fomentó la leyenda.

Según esta, el número de alumnos era siempre siete, numero con implicaciones místicas. Los alumnos debían pagar por las clases recibidas. El método de pago era peculiar, se sorteaba qué alumno debía pagar por todos. Si al que le tocaba no podía pagar, debía permanecer encerrado en la cueva.

Un año quien perdió el sorteo y debía pagar las clases a todos sus compañeros fue Enrique de Aragón, Marqués de Villena, que estaba en la ciudad estudiando en la Universidad. Al no tener dinero para pagar, fue encerrado en la cueva.

El joven Enrique no se resignó a su destino e ideó un plan para poder escapar. Para ello se ocultó en el interior de una tinaja, la cual estaba llena de diversos objetos que se habían ido acumulando y que trató que quedaran exactamente tal y como estaban para no ser descubierto. Cuando el maestro regresó a la sacristía y se la encontró vacia, salió rapidamente dejando la puerta abierta, situación que fue aprovechada por el futuro marqués para escapar a la iglesia en donde se ocultó, permaneciendo así toda la noche. Cuando se abrieron las puertas, pudo escapar del recinto.

En 1580 la iglesia fue derribada, de la cueva se perdió la mitad, la cual fue usada como carbonería o depósito de desperdicios, hasta su rehabilitación a mediados del Siglo XX.

Fuente: Leyendas españolas

20 de noviembre del 18

20/11/2018 § Deja un comentario

La leyenda que les vamos a contar está, en cierta forma, asociada a Villa Munda, uno de los pocos palacetes que han sobrevivido en Zarauz a la destrucción de un patrimonio arquitectónico de incalculable valor cultural.

El primer marqués de Linares, José de Murga, adquirió en 1872 diversos solares que eran propiedad del Ayuntamiento de Madrid para construir sobre una superficie total de tres mil sesenta y cuatro metros cuadrados lo que más tarde sería conocido como el palacio de Linares. El primer plano del edificio data de 1872, pero hasta el 1900 no se inaugura; es entonces cuando cobra mayor intensidad la triste leyenda de sus primeros moradores.

La turbulenta leyenda de un amor imposible que acompaña desde siempre a los primeros habitantes que hace un siglo residieron entre los muros del palacio, se une a la sorprendente serie de sucesos inexplicables que un grupo de investigadores aseguró haber vivido en el interior del palacio.

Las voces fantasmagóricas comenzaron a escucharse mientras un grupo de estudiosos buceaban en la historia de los antiguos propietarios del palacio, sobre los que desde antiguo había recaído la sombra de un pasado incestuoso.

Según cuenta la leyenda maldita que tiene su origen entre la aristocracia madrileña del siglo pasado, el marqués José de Murga y Reolid Michelena y Gómez, nacido en Madrid, el 13 de febrero de 1833, se había casado sin saberlo con su propia hermana, Raimunda Osorio y Ortega. Raimunda era la hija de una cigarrera hacia la que había sentido una especial atracción el padre del Marqués, un riquísimo financiero de la época que amasó una inmensa fortuna en Cuba.

El padre del Marqués, un hombre de talante liberal, había inculcado a su hijo un sentido práctico de la vida. Al parecer, el rechazo que el acaudalado industrial, Mateo de Murga Michelena, sentía por las bodas de conveniencia tantas veces celebradas para mantener y engrandecer las grandes fortunas de la época, propició que el joven José de Murga conociera a la que sería su esposa en un ambiente poco cercano a los más propios de su condición social. Así fue como el que fuera primer marqués de Linares entablaría relaciones, según la leyenda popular, con Raimunda, la hija de una cigarrera que trabajaba en la fábrica de Tabacos de Madrid.

Cuando el padre del protagonista de esta turbulenta historia supo de las relaciones sentimentales que su hijo mantenía con la mujer que era fruto de los tempestuosos amores que mantuvo hacia 1830 con la cigarrera, envió repentinamente a su heredero a estudiar a Londres con el objeto de que el joven Murga olvidara aquel amor que sin saberlo se encarnaba en la persona de su propia hermana.

Al cabo de un tiempo, José de Murga regresó de Londres y llevó a cabo su firme propósito de contraer matrimonio con su enamorada Raimunda. Ya había fallecido su padre y el matrimonio se celebró, dice la leyenda, sin que los cónyuges supieran su relación de parentesco, aunque algunos investigadores aseguran que ambos conocían el secreto que el padre del Marqués al morir se llevó consigo a su tumba, según mantienen otros estudiosos.

Se rumorea sobre una bula papal que permitía a los hermanos vivir juntos siempre y cuando no tuvieran vinculo conyugal, pero este documento de existir esta a buen recaudo y no ha visto la luz y las autoridades eclesiásticas dicen desconocer su existencia.

La historia popular sitúa al primer Marques de Linares y primer vizconde de Llantero, títulos que le concede el rey Amadeo de Saboya el 11 de febrero de 1873, por los actos benéficos que había ejercido, felizmente casado frente a su escritorio cuando tuvo conocimiento de la estremecedora verdad relacionada a su unión matrimonial. Se dice que José de Murga, además de noble, senador del Reino por la provincia de Segovia y poseedor de una inmensa fortuna heredada de su padre y hermanos, encontró una carta que su padre en vida no llegó a enviarle en la que relataba la incestuosa relación de consanguinidad con su esposa.

Tras conocer con estupefacción su escandalosa situación, los cónyuges a los que supuestamente el papa León XIII les concedió una bula de casti connubi permitiéndoles así convivir bajo el mismo techo en castidad, vivieron con amargura hasta el final de sus días. Hay quienes aseguran que el Marqués al conocer la noticia se suicidó, que sus restos reposan en el jardín del palacio y que desde entonces su espectro fantasmal deambula por las galerías del lúgubre caserón. También la historia popular habla de emparedamientos y desapariciones misteriosas.

La leyenda dio comienzo cuando el 21 de octubre de 1872, el primer marqués de Linares, a la edad de 39 años, contrajo matrimonio con Raimunda Osorio y Ortega. Treinta años después, los esposos, que declararon en su testamento no tener hijos ni probabilidad de tenerlos en lo sucesivo, fallecen. Con la desaparición del Marqués, que sobrevive seis meses a su esposa, se abre un auténtico misterio en torno al destino de la incalculable herencia que había dejado.

Es entonces cuando nace una leyenda más, la de una hija no deseada y, que en sus días, pudo escucharse las voces de ultratumba de los Marqueses, vagando como almas en pena en búsqueda de su hija. Unos lamentos que pueden dar pie a creer que algo muy desagradable tuvo lugar entre los muros de la suntuosa vivienda.

En mayo de 1990, Televisión Española daba a conocer unas estremecedoras psicofonías captadas en el Palacio de Linares de Madrid por una desconocida doctora llamada Carmen Sánchez de Castro. En ellas podía apreciarse nítidamente la voz quejumbrosa de una niña que decía: Mamá, mamá… Yo no tengo mamá. Una mujer se lamentaba: Mi hija Raimunda… Nunca oí decir mamá. Otra psicofonía recogía una voz masculina que exclamaba: ¡Fuera… no, aquí no!. Entre otras se puede escuchar la palabra Ricardo y la frase: Yo tuve una hija.

Desde entonces, el Palacio de Linares se convirtió en el blanco de especulaciones sobre una supuesta tragedia familiar ocurrida en el seno de la familia Linares.

Fuente: Leyendas españolas

13 de noviembre del 18

13/11/2018 § Deja un comentario

Hubo una vez, en Teruel durante el siglo XIII, un rico mercader que tenía una bella hija llamada Isabel de Segura. La muchacha y un muchacho pobre pero honrado de nombre Diego de Marcilla, se encontraron un día en el mercado y se enamoraron profundamente. Los jóvenes se amaban, hablaron de su amor y el joven le dijo que deseaba tomarla por esposa. Ella respondió que su deseo era el mismo, pero que supiese que nunca lo haría sin que su padre y madre lo aprobasen. Por desgracia, pese a que Diego Marcilla era un joven de buenas prendas, no poseía riquezas ni hacienda alguna. Él le dijo a la doncella que, como su padre tan solo lo despreciaba por la falta de dinero, si ella quería esperarlo cinco años, estaría dispuesto a salir a trabajar allí donde fuera necesario para poder ganar dinero y hacerse digno de matrimonio. Ella se lo prometió.

Peleando contra los moros, ganó pasados cinco años cien mil sueldos y durante este tiempo Isabel fue muy importunada por su padre para que tomase marido. Logró impedir que la casara diciéndole que había hecho voto de virginidad hasta que tuviese veinte años y sosteniendo que las mujeres no debían casarse hasta que pudiesen y supiesen regir su casa. Pasados los cinco años el padre le dijo: Hija, mi deseo es que te cases. Y ella, viendo que el plazo de los cinco años estaba a punto de concluir y su novio no comparecía ni daba razón de sí, terminó por creer que estaba muerto. El padre organizó la boda con un rico pretendiente. No obstante, en ese mismo día regresó Diego de Marcilla, que había sido sufrido todo tipo de contratiempos.

Esa noche, Diego logró entrar sin ser visto a la recámara en que los esposos dormían, y suavemente la despertó, rogándole Bésame, que muero, y ella le respondió dolida: Quiera Dios que yo falte a mi marido; por la pasión de Jesucristo os suplico que busquéis a otra, que de mí no hagáis cuenta, pues si a Dios no ha complacido, tampoco me complace a mí. Él dijo otra vez: Bésame, que muero. Cuando ella repuso No quiero, él cayó muerto.

Ella, que lo veía como si fuera de día por la gran luz de la habitación, se puso a temblar y despertó al marido diciendo que roncaba tanto que le hacía sentir miedo, que le contase alguna cosa. Y él contó una burla. Ella dijo que quería contar otra. Y le contó lo ocurrido y de cómo con un suspiro Diego había muerto. Dijo el marido: ¡Oh, malvada! ¿Y por qué no lo has besado?. Repuso ella: Por no faltar a mi marido. Ciertamente-dijo él-eres digna de alabanzas. Él, todo alterado, se levantó y no sabía qué hacer. Decía: Si las gentes saben que aquí ha muerto, dirán que yo lo he matado y seré puesto en gran apuro. Acordaron esforzarse y lo llevaron a casa de su padre. Lo hicieron con gran afán y no fueron oídos por nadie. A la joven le vino al pensamiento de cuánto la quería Diego y de cuánto había hecho por ella, y que por no quererlo besar había muerto. Acordó ir a besarlo antes de que lo enterrasen; se fue a la iglesia del señor San Pedro, que allí lo tenían. Las mujeres honradas se levantaron por ella. Ella no se preocupó de otra cosa más que de ir hacia el muerto. Le descubrió la cara apartando la mortaja, y lo besó tan fuerte que allí murió. Las gentes que veían que ella, que no era parienta, estaba así yacente sobre el muerto, fueron para decirle que se quitase de allí, pero vieron que estaba muerta. El marido contó el caso a todos los que había delante, según ella se lo había contado. Acordaron enterrarlos juntos en una sepultura. Juntos para siempre.

Fuente: Los amantes de Teruel.

06 de noviembre del 18

06/11/2018 § Deja un comentario

Basajaun, es el Señor del Bosque, un personaje de la mitología vasca y aragonesa de prodigiosa talla y fuerza, que los primeros pobladores de aquellas tierras encontraron habitando en los montes y bosques más remotos. Su pareja femenina se llama Basandere o Señora del Bosque.

Se dice que habitaba en los bosques del Gorbea, en la Selva de Irati y en la zona de Ataun. Caminaban erguidos, teniendo el cuerpo cubierto de pelo y una melena muy larga que les llegaba hasta los pies. Lejos de ser agresivo, era protector de los rebaños de ovejas y estas indicaban su presencia con una unánime sacudida de cencerros. Cuando se acercaba una tempestad o los lobos, daba gritos y silbidos en la montaña para prevenir a los pastores. A cambio, los Basajaun pedían como tributo un trozo de pan que recogían mientras los pastores dormían.

Pese a lo dicho, los Basajaun aparecen a veces en los relatos como unos hombres del bosque terroríficos, de fuerzas colosales con los que era mejor no toparse, mientras que en otros como los primeros agricultores y poseedores de secretos de los cuales los hombres aprendieron como cultivar el trigo, y otras labores del campo y pastoreo.

El Basajaun es un personaje similar a los encontrados en todo el continente euroasiático en forma de ogros, trolls, yetis y demás hombres del bosque que algunos antropólogos y etnógrafos vinculan al recuerdo de nuestra coexistencia con el hombre de Neandertal y que ha quedado escrito en nuestra memoria colectiva en forma de mitos y leyendas.

Fuente: Basajaun.

30 de octubre del 18

30/10/2018 § Deja un comentario

Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo en la pequeña localidad costera asturiana de Luarca, una  flota de piratas berberiscos atemorizaba a sus habitantes con incursiones por la costa. Al mando de los barcos piratas estaba Cambaral, tan cruel como genial en sus ataques a la flota del rey, a la cual le resultaba imposible capturar las embarcaciones piratas.

Cansado de los ataques, el señor de la fortaleza de Luarca, también llamada La Atalaya, decidió  terminar con el terrible asedio pirata. Para ello embarcó a sus mejores guerreros en pequeñas embarcaciones pesqueras y esperaron la llegada de los asaltantes camuflados como simples pescadores. No tardaron los piratas en asaltar a los falsos marinos, siendo enorme fue la sorpresa al encontrarse con guerreros. La lucha fue larga y violenta, terminando con la derrota de los piratas y la captura del cruel pirata Cambaral.

Cambaral fué trasladado cautivo a la Atalaya sin ser curado de sus graves heridas y encerrado en las mazmorras que vieron como poco a poco se le escapaba la vida. La hija del señor de la fortaleza, una joven y bella doncella de generoso corazón, pidió permiso para curarle las heridas al cautivo. A pesar de la oscuridad que reinaba en la celda y de que apenas podian verse, el amor surgió entre ambos.

Cambaral nunca había sentido nada igual. Por su parte la doncella, conociendo a su padre, comprendió cual era el destino que esperaba a su amado y muy probablemente a ella si su padre los descubría. En aquella oscuridad se declararon amor y fidelidad eterna, promesas entre amantes que no se encontraban en el lugar ni en el momento adecuado.

Curado sus heridas, Cambaral planeó la fuga que sacaría a ambos de la fortaleza y los llevaría lejos. La huída fue difícil, arriesgada, sin apenas probabilidades de éxito. Habiendo sido advertido, el señor de la fortaleza preso de ira, salió a la busqueda y captura de los dos fugitivos. Cuando estos llegaron al puerto, se lo encontraron con sus tropas esperandolos, terminando con su presencia todo sueño de fuga y amor.

Abrazados, se fundieron en un beso esperando el final que el destino les reservado. El señor de la fortaleza decapitó a los amantes, cuyo labios permanecieron. Las cabezas cayeron al fria agua y en ese mismo lugar, en la actualidad, se encuentra un puente que se conoce como el puente del beso.

Fuente: Leyendas españolas.

23 de octubre del 18

23/10/2018 § Deja un comentario

Cerca de Huesca se puede visitar uno de los parajes más hermosos de la comarca, conocido como el salto de Roldán en honor a uno de los personajes más legendarios de la Edad Media, el valeroso caballero Roldán galo del también mítico Carlomagno.

Parece ser que Roldán se encontraba en huída de Saraqusta, cuya conquista había fracasado, cabalgando raudo hacia su Francia natal. La persecución estaba siendo ardua y agotadora, y el noble galo se veía amenazado por varios flancos. El acoso provocó que el caballero buscara una salida ascendiendo por la peña de Amán, que termina en un cortado cuya foz recorre el río Flumen.

Roldán tiró con fuerza de las riendas, deteniendo el corcel justo al borde del precipicio. Los perseguidores, seguros de haber dado caza a su presa, hicieron cabriolas con sus caballos y dieron mandobles al aire antes de acercarse al héroe francés. Éste, para sorpresa de aquellos que le acorralaban, picó las espuelas y se lanzó al vacío. Ante los ojos de sus perseguidores, el corcel dio un salto tan prodigioso que, en lugar de precipitarse al fondo del cortado, consiguió llegar al otro extremo, estampando sus huellas, todavía visibles según algunos, sobre la peña de San Miguel.

La leyenda dice que, debido a tal esfuerzo, el caballo murió en el acto, y Roldán tuvo que proseguir su camino a pie. Parece ser que no llegó muy lejos, pues se cuenta que cayó en Ordesa, si bien su mítica espada, Durendal , poderosa tal que Tizona o Excalibur, consiguió llegar a Francia al ser lanzada con rabia por el caballero, abriendo la que todavía se conoce como brecha de Roldán y que permitió al galo ver su tierra por última vez en su estertor de muerte.

También se cuenta que, en el salto inverosímil sobre el cortado del Flumen, el caballo, tal vez por miedo, hizo caer sus excrementos al río. Éstos fueron transportados al Isuela, que los llevó al Cinca, pasando al Segre, al Ebro y, por fin, al mar, que los arrastró hasta el norte de África. Allí, en la costa donde se depositaron, nacieron tres hermosas flores de tres colores distintos: una blanca, otra negra y morada la última. Una yegua que por allí pasaba no pudo resistirse a comerlas, lo que provocó que poco tiempo después diera a luz tres potrillos, cada uno del color de una de las flores, y que al crecer fueron tan veloces como el viento del Sáhara.

Fuente: Leyendas españolas.

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