16 de agosto del 17

16/08/2017 § Deja un comentario

Edward Sheriff Curtis fue un fotógrafo y etnólogo autodidacta estadounidense que nació en Whitewater el 16 de febrero de 1868. Establecido en Seattle como fotógrafo de éxito, un encuentro fortuito con el antropólogo George Bird Grinnell le puso en contacto con las culturas nativas de Norteamérica.

Este descubrimiento, a los treinta y dos años, cambió su vida. A partir de entonces se dedicó de manera casi exclusiva durante más de treinta años a documentar gráficamente y recopilar por escrito la cultura de los indígenas de los Estados Unidos, con el objetivo de conservar la memoria de unas formas de vida que se encontraban amenazadas por una desaparición inminente.


A pesar de la falta de una formación académica, dejó una obra monumental de veinte volúmenes, titulada The North American Indian, una recopilación exhaustiva de la cultura de las tribus de los Estados Unidos y parte de Canadá, así como la película In the Land of the Head Hunters, precursora del cine documental. Aunque su obra etnográfica le dio renombre, no generó ingresos.

Tuvo una vida modesta durante los últimos años de su vida, y cuando murió, su obra ya se había olvidado. Sin embargo, a partir de la década de los años 1970, su obra ha sido revalorizada, no tanto por su valor académico, sino por la calidad artística, etnográfica y humana de las fotografías.

Amplia información en: Edward Sheriff Curtis.
La versión completa digitalizada por Northwestern University de The North American Indian, se puede encontrar en: The North American Indian

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13 de agosto del 2017

13/08/2017 § Deja un comentario

Seguimos con los aniversarios. El otro día conmemorábamos los 50 años de Surf en Zarauz. Hoy recordamos como en el mismo verano de 1967 se vivía el verano del amor.

El 7 de agosto de 1967, la subcultura hippy recibió el equivalente de una bendición papal. George Harrison hizo una visita rápida al barrio de Haight-Ashbury, en San Francisco. Habló con la gente, tocó la guitarra y posó para el fotógrafo que le acompañaba.

De alguna manera, todo aquello también era consecuencia de la beatlemanía: buena parte del rock de San Francisco estaba confeccionado por folkies, músicos de guitarra de palo que se electrificaron tras ver ¡Qué noche la de aquel día! Curiosamente, un año antes, los The Beatles habían dado su último concierto en la ciudad californiana, pero entonces viajaban en una burbuja y no se enteraron de lo que allí estaba fermentando.

Digamos que, ya en 1966, cristalizaba una rebelión contra los valores dominantes en la sociedad estadounidense, un rechazo de las instituciones. Y si preguntaban los motivos, una respuesta inmediata: Vietnam, una guerra insensata desarrollada por tecnócratas. Pero estas posturas no se distanciaban mucho de las de la Nueva Izquierda, afincada en la adyacente Berkeley y otras universidades. Lo extraordinario de San Francisco era la congregación de disidentes dispuestos a explorar nuevas formas de trabajo, de relaciones sexuales, de realización personal.

Sí, tenían conexión con los beats de la era Eisenhower, aunque esos veteranos les miraban con condescendencia. Les llamaron hippies con un matiz despectivo, como si fueran una versión degradada de aquellos hipsters retratados por Jack Kerouac y celebrados por Norman Mailer.

Nada de eso molestaba a los hippies. En comparación con las pandillas de beatniks, se sabían un movimiento masivo, producto del baby boom de posguerra. No habían conocido las estrecheces y se enfrentaban a un futuro donde, según la cantinela de los futurólogos, robots y máquinas harían el trabajo desagradable, convirtiendo la gestión del ocio en un problema central. Disponían de una música, una moda, una jerga propias. Una vida mejor gracias a la química, el lema publicitario de los años cincuenta, se había materializado en la píldora anticonceptiva y en drogas como el LSD, legal hasta octubre de 1966.

En San Francisco, se concentraron en Haight-Ashbury, un barrio bonito. Y barato: abundaban las casas llamadas victorianas, construidas después del terremoto de 1906, ahora desechadas por la clase media con aspiraciones. La ciudad siempre presumió de su tradición de tolerancia y eso evitó los automatismos represivos que habrían ahogado proyectos similares en otras latitudes. De hecho, el mote de la generación del amor fue una ocurrencia del jefe de policía de San Francisco, impresionado ante la elocuencia de sus cabecillas.

Esto es importante. El hipismo tuvo la buena fortuna de contar con gente audaz y preparada. Visionarios de la categoría de Ken Kesey, autor de Alguien voló sobre el nido del cuco, que difundió el LSD como una experiencia festiva y comunitaria. Eficaces organizadores de eventos como Billy Graham, luego principal promotor de conciertos de rock en Estados Unidos. Más criaturas voluntariamente marginales, como Augustus Owsley III, fabricante de millones de dosis de LSD de máxima calidad, o Emmett Grogran, inspirador de los Diggers anticapitalistas.

A primera vista, el Haight-Ashbury de finales de 1966 era un experimento social marcado por la promiscuidad y la abundancia de drogas. Esa carnaza, unido a la atractiva estética de sus protagonistas, hizo que funcionara como imán para los medios. De rebote, San Francisco se convirtió en una meca para adolescentes frustrados, dispuestos a escaparse de sus casas. Fueron los reportajes de prensa y TV los que hicieron la labor de promoción: aunque Jefferson Airplane publicaría sus mayores éxitos (Somebody to love, White rabbit) en 1967, el rock de San Francisco solo lograría impacto nacional tras el Verano del Amor.

Así que las cabezas pensantes se imaginaron cómo sería el verano de 1967 y planearon una respuesta a lo que percibieron como lo que ahora llamaríamos una crisis humanitaria. Una oleada de, tal vez, 200.000 personas que vendrían de fuera, dispuestas a sumergirse en un nirvana de paz y amor. A diferencia de los nativos, ignoraban que San Francisco tiene un clima húmedo y desapacible. Haight-Ashbury sencillamente no podía absorber semejante invasión.

Mientas Scott McKenzie triunfaba con San Francisco, (be sure to wear some flowers in your hair), un disco concebido en Los Ángeles, las autoridades locales discutían formas de disuadir aquel turismo no deseado. Fue la propia comunidad hippy la que reaccionó ante lo inevitable, con servicios que pretendían paliar el previsible desastre. Vía telefónica, el Switchboard proporcionaba información básica. La Communications Company imprimía en multicopista avisos que se difundían por calles y parques. Se puso en marcha la Free Clinic que, sin reproches morales, atendía los pasotes de drogas y las enfermedades de transmisión sexual. HALO, un colectivo de abogados, ofrecía respaldo legal. Y los Diggers se ocupaban de servir comida, conseguida mediante donaciones o robos.

Todo en un ambiente lúdico, donde circulaban todo tipo de fantasías. Durante unos meses, se difundió el rumor de que las pieles de plátano, convenientemente secadas y trituradas, tenían propiedades alucinógenas. Todavía no se sabe si fue una broma genial o el empeño de algún psiconauta en busca de nuevos colocones.

Muchos años después, batallones de sociólogos investigaron las dimensiones del Verano del Amor. Han comprobado que, en aquellos meses, el Haight-Ashbury era la residencia de unos 7.000 hippies; llegaron entre 50.000 y 70.000 aspirantes a instalarse allí. Por muchos pisos francos que funcionaran, la mayoría terminó por dispersarse. En general, no fue un gran trauma: coincidió con una creciente atracción por la vida rural, a veces organizada en comunas en los cercanos condados de Marin y Sonoma.

Evitaron así los años de decadencia, marcados por la epidemia de heroína. Esquivaron a monstruos como Charles Manson, que convertiría a su Familia en un escuadrón de zombis asesinos. No contemplaron la transformación de Los Ángeles del Infierno, motorizados compañeros de viaje, en un implacable grupo mafioso.

Hoy, el hipismo todavía provoca polémica. Resulta cómodo destacar el fracaso de su programa maximalista. Por el contrario, se necesita hacer un esfuerzo para apreciar sus aportaciones al modo de vida actual: la conciencia ecológica, la flexibilidad sexual, el vegetarianismo, el háztelo-tu-mismo que sugerían iniciativas como el Whole Earth Catalog; hasta las reglas que rigen en la World Wide Web tienen raíces contraculturales. Dejando aparte el folclor psicodélico, el mundo de hoy ha asumido mucho del hipismo de 1967. Y Haight-Ashbury fue su kilómetro cero.

Como es imposible hacer una breve selección de la música de aquél momento, les dejamos un enlace en el que, a través de Spotify pueden encontrar 89 canciones que fueron la banda sonora del verano del amor. Disfruten. https://open.spotify.com/embed/user/1233852097/playlist/5yJEzNXdGuXOW3jONvfA8V

Dedicado a aquellos que vivieron el sueño que conservan en su corazón.
Texto original: Paz y amor, verano del 67.

02 de agosto del 17

02/08/2017 § Deja un comentario

Hoy, hace 50 años, se podría decir que empezó el surf en Zarauz. Fue entonces cuando empezaron los jóvenes residentes en la Villa. El 2 de agosto de 1967 Juan Ignacio Aguirrezabala estrenaba la Barland/Rott que le había regalado a Alfonso Biescas su madre.

Sucedió en este orden porque el menor de los Chirri había cogido alguna ola en Sopelana y tenía cierta experiencia, mientras que Nito solo había conseguido probar unos breves minutos en julio de 1966 la tabla de Carlos Pradera en una de sus visitas a Zarauz.

Decimos que en tal fecha empezó a hacerse surf en nuestra orilla porque hasta entonces solo gentes de fuera, con visitas esporádicas de algún extranjero, de Carlos Pradera  y, especialmente, de los hermanos Arteche, Iñaki, Jose Mari y Javier, habían cogido olas en Zarauz.

Existe la posibilidad de que Luis Beraza y Jaime Prado empezaran antes a coger olas discretamente cerca del desierto pequeño, una suposición que se basa en que semanas más tarde se encontraron los dos grupos, el que hacía surf frente a Santillana y aquellos que hacían más hacia el Golf, sin preguntarse cuándo.

En el blog entendemos que no es importante quien fue primero. Si no hubieran sido ellos no hubiera pasado mucho tiempo en ser otros los que lo intentaran. Y esto es lo que aquí celebramos, los 50 años transcurridos desde aquel momento.

Fueron pocos los que entonces creyeron que fuera posible. Sin embargo, a partir de aquella tarde de verano, han sido escasos los días en los que no ha habido un residente, un veraneante o un simple visitante, cogiendo olas en el lugar.

Fotos: Archivo B&B.

01 de agosto del 17

01/08/2017 § Deja un comentario

Cuenta la leyenda que cuando fue nombrado caballero a los 17 años, Roldán recibió la espada Durandarte o Durandal de manos de Carlomagno, espada que guardaba varias reliquias y que menciona Roldán tras partir la roca en la que trató de romper a Durandarte, para que no cayera en manos de los infieles vascones y que son: un diente de San Pedro, sangre de san Basilio, cabellos de san Dionisio, así como un trozo de manto de Santa María.

Durandarte acompañó a Roldán hasta su muerte en la Batalla de Roncesvalles el 15 de agosto del 788. Y son muchas las versiones de lo que sucedió con ella. En La Chanson de Roland y El cantar de Roncesvalles se menciona que Carlomagno lo encuentra con la espada al lado.

En otras versiones Roldán arrojó la espada al agua antes de morir para evitar que cayera en manos enemigas. En El Bierzo se cuenta que la espada de Roldán se encuentra en el Lago de Carucedo, cerca de las minas romanas de Las Médulas.

Hay otra versión que dice que el caballero leonés Bernardo del Carpio tras vencer a Roldán cogió la espada Durandarte con la cual posteriormente fue enterrado en Peña Longa, en Aguilar de Campoo. Más tarde Carlos I desembarcó en Laredo y al pasar por Aguilar se detuvo en la tumba de Bernardo del Carpio, y tomó la espada que le acompañaría durante gran parte de su vida.

También en un muro exterior del Santuario de Rocamadour se encuentra incrustada una espada que se afirma es Durandarte, clavada por Roldán huyendo de sus enemigos, a fin de que no pudiera ser encontrada por estos.


Y es allí donde, incrustada en la roca del precipicio sobre los edificios del santuario, estuvo durante nueve siglos una espada, sujeta con una cadena. No estaba completa, sino a falta de un trozo. Los propios monjes, que identifican esta espada con la famosa Durandal, aseguran que fue el propio Roldán quien la incrustó allí, para que no cayese en manos de sus enemigos.

Ustedes deciden

12 de julio del 17

12/07/2017 § Deja un comentario

Del Imago mundi por Honorius Augustodunensis destacamos el Mapa de Sawley, fechado alrededor de 1190. Este mapa desempeña una función enciclopédica al reunir y organizar visualmente la riqueza de conocimientos geográficos acumulados en la Biblia, leyendas griegas, cuentos de aventura alejandrinos y cosmografías antiguas. Organiza el mundo en términos de centralidad y lejanía: el mar Mediterráneo, esbozado en verde, se encuentra en el centro, mientras que Gran Bretaña, Britannia insula, en la esquina inferior izquierda y los monasterios del desierto de Egipto, en la parte superior derecha, aparecen en el borde exterior. Incluye el Mar Rojo, dividido, en la esquina superior derecha. Scylla y Charybdis, los monstruos marinos del mito griego, en el Mediterráneo. Y el Paraíso, apropiadamente, en la cima.

20 de junio del 17

20/06/2017 § Deja un comentario

Dicen que mató a 650 personas. Hablamos en números redondos, porque se le fue la mano hasta alcanzar el récord Guinness de la mujer que más ha asesinado en la historia de la humanidad.

La condesa Elizabeth Báthory de Ecsed, en húngaro: Báthory Erzsébet, fue una aristócrata húngara, nacida en Nyírbátor, Hungría, el 7 de agosto de 1560 muriendo en el Castillo de Čachtice, actual Trenčín, Eslovaquia, el 21 de agosto de 1614. Ha pasado a la historia por haber sido acusada y condenada de ser responsable de una serie de crímenes motivados por su obsesión por la belleza que le han valido el sobrenombre de la Condesa Sangrienta.

Dice la leyenda que en el castillo de Čachtice se practicaba la brujería, explícitamente, la magia roja. Para ello se utilizaba la sangre de muchachas jóvenes. Se ordenó una investigación en el castillo. Dado que la señora de Báthory carecía de fuerza militar propia, no ofreció resistencia.

Según la investigación del conde Thurzó, hallaron en el castillo numerosas muchachas torturadas en distintos estados de desangrado y muchos cadáveres por los alrededores. En 1612 se inició un juicio en Bytča. Báthory Erzsébet se negó a declararse inocente o culpable y no compareció, acogiéndose a sus derechos nobiliarios. Quienes sí lo hicieron, por la fuerza, fueron sus colaboradores. Juan Ujváry, el mayordomo, conocido como Ficzkó, testificó que en su presencia se habían asesinado como mínimo a 37 mujeres solteras de entre once y veintiséis años; a seis de ellas las había reclutado él personalmente para trabajar en el castillo. La acusación se concentró en los asesinatos de jóvenes nobles, pues los de las siervas carecían de importancia. En la sentencia todos fueron declarados culpables, algunos de brujería, otros de asesinato y los demás de cooperación.

Todos los seguidores de Erzsébet, excepto las brujas, fueron decapitados y sus cadáveres quemados; éste fue el destino de su colaborador Ficzkó. A las brujas Dorotea, Helena y Piroska les arrancaron los dedos con tenazas al rojo vivo por haberlos empapado en sangre de cristianos y las quemaron vivas.

Como la ley impedía que Báthory Erzsébe, una noble, fuese procesada, fue encerrada en su castillo. Tras introducirla en sus aposentos, los albañiles sellaron puertas y ventanas, dejando tan sólo un pequeño orificio para pasar la comida. Finalmente, el rey Matías II de Hungría pidió su cabeza por las jóvenes aristócratas que supuestamente habían muerto a sus manos, pero el primo de esta le convenció para que retrasara el cumplimiento de la sentencia de por vida, por lo que fue condenada a cadena perpetua en confinamiento solitario. Esta pena implicaba también la confiscación de todas sus propiedades, lo que Matías venía ambicionando desde tiempo atrás.

El 21 de agosto de 1614, uno de los carceleros la vio caída en el suelo, boca abajo. La condesa Erzsébet Báthory estaba muerta después de haber pasado cuatro largos años encerrada, sin ni siquiera ver la luz del sol. Pretendieron enterrarla en la iglesia de Čachtice, pero los habitantes locales decidieron que era una aberración que la Señora Infame fuera enterrada en el pueblo y además, en tierra sagrada. Finalmente, y como era uno de los últimos descendientes de la línea Ecsed de la familia Báthory, la enterraron en la cripta de la familia Báthory en el pueblo de Ecsed, en el noreste de Hungría, el lugar de procedencia de la poderosa familia. La localización de su cuerpo hoy es desconocida. Todos sus documentos fueron sellados durante más de un siglo, y se prohibió hablar de ella en todo el país.

14 de junio del 17

14/06/2017 § Deja un comentario

Todos los caminos llevan a Roma, dice una frase histórica relacionada con el Imperio Romano. La enorme red de calzadas que construyó en su día esta superpotencia marcó el destino de Europa. Ahora, un veinteañero estadounidense que se considera algo friki de los datos, el diseño y la historia, ha creado un mapa que simula al los del metro que conecta las principales calzadas romanas del año 125 antes de Cristo. Estaban tan bien construidas que algunas duraron más de mil años, cuenta Sasha Trubetskoy.

La afición favorita de este estudiante de Estadística de la Universidad de Chicago podría haber sido ver series tirado en el sofá, como la de tantos otros. Sin embargo, él dice que prefiere centrarse en su tiempo libre en recopilar datos y encontrar la forma de presentarlos visualmente. Por eso, invirtió más de 50 horas en investigar y diseñar este plano.

Carthago Nova, es decir, Cartagena), Londinium o Londres, Verona y, por supuesto, Roma son algunos de los lugares reales que aparecen en él. Como algunas vías romanas carecían de nombre histórico, Trubetskoy se ha tomado alguna licencia creativa para poder completar el mapa, combinando nombres auténticos con otros inventados.

En esta simulación, para ir de Tarraco o Tarragona a Salamantica o Salamanca, habría que tomar la línea azul y hacer transbordo en Hispalis o Sevilla. A los romanos les encantaban las líneas rectas, incluso si eso significaba dar un enorme rodeo, comenta. El estadounidense ha obviado las rutas en barco y solo ha incluido las calzadas principales de la enorme red de caminos terrestres existentes, de lo contrario el mapa sería imposible de visualizar, explica.

De Tarragona a Salamanca: 1 transbordo y 9 paradas. Si prefieres más transbordos y menos paradas es que no vas mucho en metro. La reacción ha sido tan grande y positiva que prácticamente se ha convertido en un trabajo a tiempo completo, entre que manejo Twitter, Facebook y las ventas de pósters, dice Trubetskoy a través del correo electrónico. España e Italia son los dos países que más acceden al mapa, supongo que por razones de proximidad, al haber sido el corazón del Imperio, apunta.

¿Tiene algo que ver que un chico nacido en Washington, capital del imperio actual, se haya interesado por el Imperio Romano? Sí, encuentro muchas similitudes entre Estados Unidos y el Imperio Romano. Me gusta la Historia Romana. Es fascinante cómo una tribu tan pequeña se expandió hasta tales extremos y con un legado que perdura en nuestros días. ¡Para ir de Roma a Byzantium se necesitaban 30 días de viaje!

Esas calzadas se mantuvieron durante toda la Edad Media y no es casualidad que tengan el mismo diseño que las autopistas modernasTenían un sistema llamado cursus publicus, algo así como un servicio postal. Estaciones repartidas a intervalos regulares contaban con caballos preparados para ponerse en marcha en cualquier momento. Transportaban mensajes de Roma a Constantinopla en pocos días, en un recorrido que podía llevar un mes. Tuvieron muy pocos errores de ingeniería. Uno de ellos, el de las líneas rectas que comentábamos antes.

Leído en La red de antiguas calzadas romanas, unidas en un plano de metro

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