05 de marzo del 19

05/03/2019 § 7 comentarios

LA PROMESA

Sabida viene la profusión de cuevas en Formentera; es sobre todo en las partes acantiladas donde resulta frecuente el hallazgo de oquedades, de abrigo y de espeluncas. El curioso de esta materia, a poco que se arriesgue en lo más escabroso del paisaje de la isla, puede todavía encontrar antros no visitados por los turistas -por lo general bastante menos ávidos éstos de acercarse a los lugares donde no llega el autobús, la Formentera abrupta y verdadera, que de tumbarse al sol en las más urbanizadas playas- ; pero hay una cueva que nadie, ni nativos ni forasteros, ha encontrado en estas eras. Se sabe que existe y se conoce aproximadamente su emplazamiento; mas sólo un hombre tiene la potestad para hallarla, y ese hombre murió hace cientos de años.

Era mediado el siglo IX (al menos así lo cuenta el teólogo calvinista, e historiador famoso, Petrus Apianus * en uno de sus Estudios), es decir, cuando las invasiones francas. Habitaba entonces en Formentera un tal Ibrahim-al-Samit (llamado también Al-Jaud, es decir, el Abundante o algo parecido), señor «poco poderoso» aludiendo al escaso número de sus vasallos y de sus barcos; pero dominaba sobre toda la isla; y lo hacía con tan suave preminencia (impropia de aquellas edades), que la sumisión de su gente se lograba más frecuentemente con amor que con castigos. Estaba tan prendado de su esposa que jamás, desde su matrimonio, quiso saber de poligamia o de caprichosas relaciones con esclavas. La fortuna que le proporcionaba su actividad de pirata (de alguna profesión hay que vivir), en sus correrías por las costas peninsulares y las islas más cercanas, la repartía siempre con equidad entre sus vasallos. En suma, era un hombre recto y, como tal, riguroso cumplidor de sus afirmaciones, ofrecimientos y compromisos.

En pleno invierno -época inhabitual para la navegación de entonces-, aprovechando las mediterráneas calmas de enero, en las que el mar aparece tranquilo como pequeño lago y en la orilla se aprecian las más notables bajamares, una importante flota franca acudió desde Mallorca a las costas de Formentera, fondeó frente a la boca de la Rada d’es Peix, hoy inapropiadamente denominada Estany d’es Peix, a relativo abrigo de los vientos, y desembarcó sus tropas en los cercanos arenales del Noroeste.

Mal podía resistir nuestro judío a las numerosas fuerzas ni impedir el seguro saqueo; pero era valeroso, confiaba en la lealtad de sus hombres, comprendía lo escasas que eran las posibilidades de huída y, en tal tesitura, no quiso de intentar la defensa de la isla. En su sensatez, empero, recelaba del resultado de la desigual pugna, y quiso esconder a su amada en un  lugar fuera de todo peligro. Para ello le buscó cobijio en una cueva situada entre la Gavina y sa Pedrera, amplia (provista de un escaso, pero suficiente, manantial de agua dulce), y con secreta entrada que nadie sino él conocía. Allí guarecida debía esperar su regreso del combate. -Confía en mi vuelta, le dijo. Y ante los expresados temores de ella insistió: -Volveré, te lo promerto; queda tan segura de mi regreso como de que Formentera linda con el agua salada. Después partió a enfrentarse con el invasor.

Los isleños lucharon con valor; primero que cayeron dejaron a sus pies montes de invasores. Mas, como era de esperar, dada la desproporción entre ambas fuerzas, los formenterenses resultaron vencidos, y sus casas ardieron después del pillaje. Escasos fueron los supervivientes llevados como esclavos a las naves francas; si nuestro Al-Jaud no estaba entre ellos, y los atacantes habían sometido a todos los heridos, es de suponer su triste final. Hasta aquí la historia de Petrus Apianus.

Pero hay más: las gentes que viven cerca de Portu-Salé (nombre que  viene de Portus salarius, al decir de algunos eruditos) afirman, con toda seriedad, que cada año, cuando llega el plenilunio del mes de enero y está la mar en leche, de una cueva cuya entrada nadie ha podido hallar sale la esposa de Al-Jaud; saltando como un cabritillo baja por el acantilado hasta la orilla, introducew sus manos en el mar y las lleva a la boca; permanece allí un momento, emprende el regreso, sube por las rocas, y se adentra de nuevo en la ignorada cueva. Todos los plenilunios de enero sucede de la misma forma.

Han pasado siglos; pero fiel y constante espíritu todavía confía en una promesa que, así Dios nos guarde, algún día se cumplirá

  • Apianus, Petrus. «ZWÖLF STUDIEN ZUR GESCHISTE DER JUDEN IM PITHIUSEN KÖNIGREICH WÄHREND DES 8. UND 10. JAHRUNDERTS». SDtuttgart, 1942. (Sic en la portada)

Capítulo I: La estatuilla.
Capítulo II: El adiós

 

26 de febrero del 19

26/02/2019 § 1 comentario

EL ADIOS

Entre Gades y Ostia, según dicen ilustres autores de la Edad Antigua, las jornadas de navegación solían ser siete. La ruta, si los vientos no aparecían desfavorables en extremo o, lo que era más deseable, no acontecían recalmones, podía tener los siguientes límites, de amanecer a amanecer: 1º) Puerto de Gades. 2º) Costa a la altura de la Punta de la Mona. 3º) Costa a la altura de Cartagena. 4º) Mar abierto, aproximadamente a merdio camino entre el cabo de la Nao y las islas Pityusas. 5º) Costa sureste de Mallorca. 6º) Mar abierto, digamos a un tercio del recorrido entre Menorca y Córcega. 7º) Mar abierto, a la vista de Córcega. 8º) Puerto de Roma, es decir, Ostia. En total, como se ha dicho, siete jornadas.

Circunstancias históricas en las que aquí no sería apropiado extenderse -pero que pesan abundantemente en el significado de esta leyenda- daban a los Freos, en la antiguedad, la condición de acceso a Gades o a Tartessos. Esto es muy comprensible, a poco que se mire un mapa del Mediterráneo occidental; sobre todo si se parte de algo comprobado: aquellas eran navegaciones que aspiraban a no alejarse de una tierra sino para arribar a las proximidades de otra, aunque así se alargara la ruta.

Complementa la circunstancia anterior otro concepto geográfico difícilmente asequible a un español contemporáneo: el que supone reducir la extensión del término Baleares, y limitarla a su primer significado histórico. La imagen de cuatro principales islas pierde sentido en el ámbito de cualquier época previa al vigente reparto provincial de España. Durante veinticinco siglos o más las Baleares solo fueron dos: Menorca y Mallorca; y, sin enlace nominativo a ellas, las Pityusas también dos:Formentera e Ibiza.

Se concluye el planteamiento circunstancial con una tercera certeza, la de que el nombre de Hispania estuvo reservado, durante mucho tiempo, aproximadamente a la mitad meridional de la península ibérica.

Estamos en condiciones de resumir las tres realidades hasta aquí enunciadas: Para los navegantes del siglo primero después de Jesucristo -y de varios siglos posteriores y anteriores- los Freos pityusos, de Este a Oeste, para entrar o para salir, fueron considerados como las “puertas” de la antigua España. El actual Cap de Portas de Ibiza da testimonio de ello. (Y esta es la cuestión a la que los historiadores deberian atender con interés.) 

***

A lo que parece, en su venida a Hispania en el año 63, San Pablo no utilizó la ruta marítima, sino la terrestre, es decir, el mismo itinerario de los Vasos Apolinares -sólo que a la inversa-; por resumir: Via Aurelia, Vía Domicia, Vía Augusta. Este fatigoso viaje tendría lugar tras la primavera; y no repugna a la lógica, ni contradice a la tradición, la idea de que el acceso del apóstol fuera el de los caminos, forzosamente lento, pero propio de su cometido evangelizador. Otro es el caso del regreso a Roma, durante el verano del año 64, una vez finalizada su tarea; también aquí la lógica y la tradición soliciten de consuno un viaje marítimo, el apropiado para un desplazamiento rápido. Por eso es más creíble la leyenda.

El barco de carga que llevaba a San Pablo, cruzó la angostura de los Freos (las puertas) rumbo a Levante, con lo que salió de Hispania. Al atardecer de su probable cuarto día de navegación tenía a estribor la Mola de Formentera, y en ella la que se habla de llamar siempre la Punta de sa Palmera.

La palmera -quizás las que existen hoy por allí descienden de ella- había crecido alta, desafiando durante años los dominantes temporales de maestral, tramuntana y gargal, que llevan la sal hasta arriba de la Mola, por encima de ciento cincuenta metros de acantilado. Pasaba el barco frente al cabo, ansioso de vientos favorables que la agreste roca le limitaba. Roguemos imaginación para el suceso. Algún marinero le hablaría a San pablo: -Es el extremo de las tierras de Hispania-. Y el santo quiso despedirse con alguna solemnidad; extendiendo la mano pudo decir: -Acabada mi obra entre hispanos, vuestra abundancia de fe compensará la miseria de los que no me han oído; porque, si predicáis como yo os prefiqué, habra equidad en lo que importa. El Señor de la paz os conceda Él mismo la paz.

En la Mola nadie había de que pareciera que pudiera contestar a la despedida. Por eso, según dicen, la altísima palmera, con silenciosa ceremonia, respondió al santo de la única forma que cabía. Se inclinó hacia el barco, doblando sus carnes vegetales hasta lo imposible. Y así quedó para siempre, como un puente tendido desde Formentera al horizonte, diciéndoles adiós a la nave que se engolfaba y al santo que no volvería. Sa Palmera.

Capítulo II de Leyendas de Formentera por J. L. Gordillo.

19 de febrero del 19

19/02/2019 § 8 comentarios

LA ESTATUILLA

Dicen que en las postrimerías del pasado siglo se encontró en s’Espalmador [aproximadamente donde ahora aparece una charca salobre que poco o nada alivia la falta de agua potable en esta isla] una losa funeraria de blanda piedra aresnisca, más exactamente, de marés. Como un sacerdote de Formentera copió con paciencia mónacal la inscripción de la estela, aunque la losa ha desaparecido y nadie da ya razón de su paradero, podemos actualmente reconstruir sus renglones como sigue:

Una traducción relativamente aceptable de la inscripción sería la siguiente: A LOS DIOSES MANES DE FLAVIO PÓNTICO…LLAMADO EL PITYUSO…EL DESDICHADO AQUÍ REPOSA…ENGAÑADO POR EL HADO INICUO…TÚ QUE FUISTE HECHO DE LA FÉRTIL TIERRA Y A LA LLAMA Y HUMO ARDISTE-NADA ERES SINO LO QUE DESDEÑÓ EL FUEGO-AL ABRIGO DE LA LOSA YACEN HUESOS Y CENIZAS-PASÓ DE ESTA VIDA EL DÍA 2 DE LAS CALENDAS DE ABRIL*

* * *

Fue cuando Asdúbal volvió a conquistar primero las costas, y luego buena parte del interior de la península ibérica; quizá fue algo después, cuando Anubal, que amplió la conquistas, pensaba ya en partir hacia el Ródano y los Alpes para bajar desde ellos hasta el corazón de Roma.

Digamos pronto cómo era la estatuilla. Representaba a la diosa Astarté, reina de los cielos, dueña del rayo, imaginada quizá bajo la advocación de Ba’alat, la bienamada, o tal vez bajo la de Tanit, la marinera, la Señora cuyo nombreno debe pronunciarse. Les asombró por lo pesada; mucho más de lo admisible razonablemente si declaramos que medía alrededor de palmo y medio de altura. Había llegado en uno de aquellos barcos de extensa vela, veinte remos y prolongado espolón de bronce en la proa, que se fabricaban en los astillertos de la vencida Tartessos. La encontraron en el castillete de popa; era la única pieza no habitual en una nave guerrera de tal naturaleza [de casco estrecho y largo, ligera, inapropiada para el transporte de presas o botines, útil tan sólo para constituir la vanguardia de una flota y para realizar descubiertas]

La púnica nave se había partido, cuando buscaba el Freo mayor, debido a un repentino y fuerte temporal de llebeig: a duras penas consiguió el piloto varial el rumbo del quebrado casvo, burlar los escollos del islote Gastabí, y penetrar en la arenosa cala del sur de s’Espalmador, donde logró embarrancarlo.

No nos extenderemos en contar cómo ocurrió; digamos solamente que casi toda la guarnición romana acudió a los despojos, del mismo modo que los cangrejos se llegan a la carnada arrojada en la orilla; digamos también que los náufragos de Cartago gueron gozosamente alanceados.

Tenía la estatuilla una inscripción en la base; en caracteres fenicios decía: Defiendo a mi pueblo, y el enemigo [más bien traduciríamos: el enemigo infiel] me teme. No era de oro, ni de plata, ni de cobre, ni de plomo, ni de ningún otro metal conocido; era de un metal que no existe en este mundo, y de densidad inestable por lo que veremos. Se hizo necesario juntar tres robustos legionarios de manos como panes -casi no podían asirla entre los tres- para traladarla a la orilla. A sus compañeros les asombró, al verlos jadear, que una estatuilla de escasamente treinte centímetros de altura, y poco más de diez de anchura máxima, pudiera resultar tan pesada.

Construyeron en la orilla unas parihuelas y , ya entre cuatro, intentaron llevar la estatua al interior de la isla, hacia su campamento. Después de andar unas decenas de metros, la madera de las angarillas se rompió por el peso; fue preciso construir una nuevas con más gruesos troncos. Esta vez para transportar la pequeña estatua juntaron sus fuerzas seis porteadores. Cuando Astarté [o Tanit, o Ba’alat] llegó al rectangular campamento remano, emplazado en la parte más alta del Espalmador, a estadio y medio de la playa, ya la llevababn entre doce hombres, y casi no podían con ella.Necesario será un inciso paraaclarar los motivos de tal campamento romano. Permanecía allí em manípulo casi un año, sin otro propósito que acechar noche y día el posible paso de una flota cartaginesa; de avistarla, tenían los legionarios orden de no combatir, más bien disimular su presencia, con el propósito de esperar hasta la desaparición de la última nave en el horizonte, y partir entonces hacua Cerdeña para dar cuenta a su romana guarnición del número y características de las naves enemigas. Otro destacamento semejante de la misma cohorte estaba apostado en es Vedrá para cubrir distinta ruta hacia el golfo de León. Como el número de soldados parecía escaso para presentar combate en caso de desembarco enemigo, el centurión Flavio Póntico había optado por acampar en Espalmador que en Formentera, pues además vigilaba así los freos más de cerca. Ocupaba el el campamento la superficie de un heredium, es decir, fotmaba un cuadradode doscientoscuarenta pies de lado [expresado en metros, ochenta por ochenta; o sea, seis mil cuatrocientos metros cuadrados]; estaba protegido porc cuatro achaparradas torres, den sus ángulos; y contaba con dos puertas enfrentadas, una al Noeste y otra al Suroeste. Complementemos la explicación del caso diciendo quede los seis triremes en que habían acudido allí, uno sólo mantenían a flote: los otros cinco, por mejor ocultarlos, los habían varado en ses Ampolles y cubierto de ramaje. Constituían su posibilidad de regreso a Cerdeña primero y a Roma después.

Flavio Póntico ordenó que instalasen la estatuilla en el interior del campamento y allí, colocada sobre unas gruesas piedras planas que parecieron capaces de resistir su creciente peso, la estudió con detenido interés. Era un hombre culto, veterano de las guerras de Oeiente, y supo descifrar el mensaje… Defiendo a mi pueblo, y el enemigo me teme. Largo rato meditó el centurión antes de dar la orden; pero los supersticiosos terrores superaron a la codicia. y al fin mandó a sus hombres que volvieran a tomar la estatua y la arrojasen del campamento.

Mas ya fue imposible, ni los esfuerzos unidos de todos los legionarios consiguieron arrastrarla fuera. Tiraron y empujaron; apalancaron bajo las piedras que la sustentaban, la envolvieron en una red de cuerdas; todo fue inútil: las palancas y las cuerdas se rompían. Fabricaron rodillos para deslizarla sobre ellos; pero no pudieron colocarla encima. Hicieron poleas de gruesos cabos; mas el ánimo conjuntado de cincuenta hombres antes las quebró que resultaran útiles. Gritaron, rogaron, lloraron, blasfemaron, sdaron. Dos legionarios malheridos y otros tres reventados por el sobrehumano esfuerzo: ese fue el logro. Flavio Póntico comprendió que se hallaba ante una situación misteriosa y, probablemente, maléfica para sus guerreros y para el mismo; a sus hombres se les hizo incomprensible la orden que dió: abandonar el campamento y pasar a Formentera, huir de la fenicia imagen, huir de la diosa.

La tarde iba cayendo. El planeta Venus lucía en el horizonte. Entonces ocurrió. La estatua explotó con gigantesca potencia. Las islas se estremecieron, una huracanada onda expansiva arrancó los árboles y las rocas; y como una inmensa tea todo ardió enla superficie del Espalmador y del extremo norte de Formentera. Si alguien hubiera podido quedar vivo, a la mañana siguiente, una vez disipado el polvo, el humo, habría visto la isla calcinada, arena que todo lo cubría, y una charca que ocupaba el lugar en el que estuvo el campamento; se habría asombrado de las variaciones topográficas del canal entre Formentera y Espalmador. Un físico quizá podría explicarnos cómo y por qué un metal [¿qué metal?] puede en pocas horas aumentar mil veces su densidad, y luego explosionar.

Dos noches después de la destrucción, las velas al viento favorable, una gran flota púnica cruzó es freus hacia Levante; pero nadie pudo avisar a Roma. Astarté [o Ba’alat, o Tanit] había defendido a su pueblo.

*La letra A tiene que ser la inicial de abril. El otro único mes que también comienza con A es agosto; pero, hasta el año 24 antes de Jesucristo, el mes de agosto se denominó sextilis, como todo el mundo sabe. Siendo esta historia muy anterior al año 24, no cabe sino aceptar que el tránsito al que alude la losa tuvo lugar en primavera.

Capítulo I de Leyendas de Formentera por J. L. Gordillo.

23 de mayo del 18

23/05/2018 § Deja un comentario

Según los estudios realizados por el geólogo Xavier Roig y su equipo, se puede afirmar que en el siglo XVIII una tsunami cruzó el Mediterráneo tardando unos unos 45 minutos en recorrer la distancia desde la costa norteafricana hasta alcanzar las pitiusas.

En 1756 un fuerte terremoto sacudió el norte de Argelia, lo que produjo al menos una ola de unos tres metros que cruzó el área marítima y que al tocar fondo probablemente alcanzó los 12 metros de altura.

Esta ola chocó violentamente contra los acantilados de Punta de sa Gavina y Punta Prima, rompiéndolos y levantando rocas de casi 10 toneladas de peso a más de 10 metros de altura.

El peso medio de los bloque que pueden ser observados a simple vista e incluso a través de Google Earth, es de 8.42 toneladas y se encuentran a más de 80 metros de distancia de la cornisa.

Esto da idea de la magnitud del impacto del que no queda tradición oral. Muchas de estas rocas han sido utilizadas posteriormente por los habitantes de la isla para la construcción.

Documentación: Bloques de tsunamis de la costa de Formentera

 

13 de diciembre del 17

13/12/2017 § Deja un comentario

Son estas, cartas antiguas de las Baleares. Destacamos la variedad de formas que va adquiriendo Formentera según las mediciones de la época. Lamentamos no poder ofrecer las imágenes con mayor calidad .

Destaca esta carta de 1846 por utilizar el Meridiano de Cádiz para establecer los grados de longitud.

Carta de las Islas Baleares en las que se incluye parte de la costa peninsular.

Carta del Puerto de Ibiza de 1897 en la que se aprecia como en Botafoc, que era un islote unido a tierra por una lengua de tierra, ya existía el faro.

Carta de las Yllas Baleares y Pitiusas en las que aparecen las longitudes según dos meridianos de la época, el Meridiano de Cadiz y el Meridiano de Cartagena.

Antigua carta de las Baleares con el litoral peninsular, en la que se dibujan las islas con todavía bastante falta de exactitud.

Carta de las Baleares, casi identica a la anterior, con la costa peninsular oriental en las que se observa como se exageran las particularidades de las costas.

Carta francesa de las costas de la península que recoge parte de las Pitiusas y el norte de África, conocido en la época como Barbaria.

 

Carta de las islas en las que se aprecia bastante bien una Formentera, todavía deformada por los cartógrafos, al sur de una estilizada isla de Ibiza.

11 de diciembro del 17

11/12/2017 § Deja un comentario

Hacemos un paréntesis en nuestras entregas de libros de ilustración clásica de flora y fauna para ofrecerles el pdf [33.8MB] del libro El far de Formentera. Descatalogado, es un libro difícil de encontrar.

El Far de Formentera.pdf

Su autor, Javier Pérez de Arévalo fue, además de un interesantísimo compositor de lo que se ha dado en llamar música clásica contemporánea, el último técnico de señales marítimas [farero] de la isla de Formentera. Durante su estancia en la isla, analizó los archivos del faro que dieron lugar a este libro.

24 de noviembre del 17

24/11/2017 § Deja un comentario

Se conoce como Meridiano de París a aquel meridiano que pasa por el Observatorio de París, 02°20′14.025″E. Rivalizó con el Meridiano de Cádiz y el Meridiano de Greenwich como principal meridiano del mundo hasta que en 1884 la Conferencia Internacional del Meridiano eligió este último.

Desde muy antiguo, el hombre ha querido poner límites geográficos a la Tierra y ha evidenciado una innegable necesidad de introducir magnitudes de medición que permitan a cartógrafos, geógrafos y astrónomos, tener una posibilidad de situar un punto con exactitud en nuestro planeta. Desde 1884, momento en que se celebró la Conferencia Internacional del Meridiano, eran varios los puntos de partida utilizados para medir la tierra hacia derecha e izquierda. En este momento se tomó como medida universal el Meridiano de Greenwich. Pero este meridiano no fue el primero ni el único.

Uno de los que existió hasta entonces fue, precísamente el Meridiano de París, una línea imaginaria que pasaba por el Observatorio Astronómico de la ciudad. François Aragó fue el encargarlo de  medirlo en su tiempo, algo que logró completando la triangulación de Mallorca, Ibiza y Formentera con la costa valenciana, con lo que se pudo definir la longitud del metro.

De la importancia de este personaje han quedado evidencias en París. Hay un boulevard dedicado a su nombre que linda con el edificio del Observatorio Astronómico de París y una calle en Es Caló de Sant Agustí, en la isla de Formentera. Aragó también es uno de los 72 científicos cuyo nombre Eiffel mandó grabar en las caras de la torre que levantó.

Pero en París también hay un monumento con el que se le recuerda, un monumento imaginario que mide 9 kilómetros de largo, la célebre línea Aragó. En 1893 se decidió erigir una estatua de bronce con la efigie del astrónomo junto al Observatorio de París, sin embargo, en 1942, debido a las necesidades de construir cañones para la II Guerra Mundial, el gobierno francés la funde.

Cincuenta y dos años más tarde, en 1994, el gobierno de la ciudad decide restablecer el honor a Aragó y pide al artista holandés Jan Dibbets su construcción. Este artista, inspirándose en el célebre Meridiano de París calculado por François Aragó, diseña 135 medallones de bronce de 12 centímetros de diámetros que fueron colocados en el suelo de la ciudad a lo largo del meridiano en dirección sur a norte.

Muchos de estos medallones han desaparecido con el tiempo, bien por robo o por pérdida. Otros se encuentran en muy mal estado y se distinguen por su forma no por ser legibles o reconocibles por algún signo.

Otros muchos están en buen estado y es una tarea ardua pero entretenida ir en su busca, encontrarlos y reconocerlos.

Leído en: La imaginaria Línea Aragó.
Documentación: François AragóParis Meridian

06 de septiembre del 17

06/09/2017 § Deja un comentario

Decía Biescas en Luz de verano que es Formentera tierra de grandes cebras y así se lo cuento a Chelo. Sé que esta afirmación la sorprende y es por ello que me mira con sus ojazos y una sonrisa de profunda ironía porque no me cree. Pero como nada mejor que ver para creer, me la llevo hacia la Panadería Xeroni, le compro una orelleta a Neus, para que distraída mientras se deleita con ella, situarla en la confluencia de las calles Berenguer Renart con la prolongación de la llamada Ibiza. Allí, pintado sobre el asfalto en diagonal al cruce, está el paso cebra más largo del mundo. Alcanza este una longitud aproximada de unos 40 metros mientras que no cumple un ancho mayor de 2.50 metros por quedar limitado por la anchura del paso, que abarca casi entero. Posee 30 líneas completas más 6 incompletas, lo que harían 36 pintadas de blanco y 35 sin pintura, es decir, 71 líneas si no me equivoco en las cuentas. Da esto una idea de su extraordinaria longitud, acentuada visualmente por su estrechez…

Pero los tiempos cambian y según nos confirma nuestro enviado especial David de Ramón, en Valdecaballeros existe un cebra que ha arrebatado el récord a nuestra querida isla al poseer 42 rayas blancas, doce más que el de San Francisco, y otras tantas azules Ahí es nada.

Foto e información: David de Ramón.
Documentación: https://luzdeveranoenformentera.wordpress.com/

30 de junio del 17

30/06/2017 § 2 comentarios

Al fin una buena noticia para todos aquellos que admiramos la isla de Formentera, para quienes creen que el silencio es la base de la música y el respeto por la naturaleza el camino hacia el futuro. Ayer informaba la prensa que a partir de mañana, Formentera limita el acceso de vehículos al faro de es Cap de Barbaria. La medida entra en vigor mañana 1 de julio y se mantendrá hasta el 15 de septiembre para evitar aglomeraciones y preservar el paraje.

El Consell de Formentera, a través del área de Movilidad informa de que este sábado 1 de julio se inicia la prueba piloto de regulación del acceso de vehículos a motor, coches y motocicletas, al faro de es Cap de Barbaria para evitar aglomeraciones y preservar este paraje natural situado en la finca pública de Sa Tanca d´allà dins, según ha explicado el conseller de Movilidad, Rafael González.

Entre el 1 de julio y el 15 septiembre habrá una barrera situada en el km 6,5 de la carretera de es Cap de Barbaria. Se ha habilitado un aparcamiento con capacidad para 60 coches y 100 motocicletas para que los visitantes puedan dejar los vehículos, y desde de allí ir andando o en bicicleta hasta el faro.

En el horario de máxima afluencia, de 11,00 a 13,00 y de 18,00 a 22,00 habrá un vigilante/informador junto a esta barrera que permitirá el acceso a personas con movilidad reducida e informará a los visitantes de la medida tomada.

Esta prueba piloto asentará las bases de cómo se continuará el año que viene con esta regulación que persigue la protección del entorno y la potenciación de la movilidad sostenible, según ha asegurado el conseller. El objetivo es que la visita al faro de es Cap o la torre de Vigilància des Garroveret sea percibida como una excursión ineludible cumpliendo los objetivos de preservación del territorio y la tranquilidad, ha concluido.

Publicado en: Diario de Mallorca

07 de junio del 17

07/06/2017 § Deja un comentario

Son muchos aquellos que cuando se enfrentan a la soledad del E0251, el faro del Cabo de Berbería, en la isla de Formentera, suspiran y dicen algo parecido a éste es mi faro favorito.

Suponemos que se debe a que va asociado a un momento inolvidable, un tiempo a recordar, porque si se refieren al edificio, al objeto arquitectónico, les podemos sorprender al decir que en el país hay varios muy parecidos, prácticamente iguales. Fíjense:

D1552. Cabo Ajo. Cantabria.

D1678.8. Punta Roncadora. Lugo. Galicia.

D1740.Cabo Toriñana. La Coruña. Galicia.

D2807.5. Punta Melenara. Gran Canaria. Islas Canarias.

Y si les aburre el blanco y les gustan las rayas o bandas, aquí van unos ejemplos para que vayan admirando.

D1657. Cabo de San Agustín. Asturias.

D1660. Isla Pancha. Lugo. Galicia.

D1676. Punta Atalaya. Ferrol. Galicia.

Quizás les aburra el negro. Tranquilos, vamos a ver qué tenemos en rojo, que seguro que algo habrá.

D2850. Punta Fuencaliente. Isla de la Palma. Islas Canarias.

D2832. Punta Teno. Isla de Tenerife. Islas Canarias.

E0380. Faro del Fangar. Tarragona.

Incluso, si los prefieren iguales pero reducidos, tipo taponcete, aquí tienes unos de muestra.

D2812. Punta Arinaga. Isla de Gran Canaria. Islas Canarias.

D1686.3. Cabo Ortegal. La Coruña. Galicia.

D2842. Punta San Crisatobal. Isla de la Gomera. Islas Canarias.

Y si los quisieran alargados, altos, muy altos, hay muchos más. Pero probablemente aburrimos con esta pequeña muestra que les recuerda que no hay nada único en este mundo, en esta vida. Y si no nos creen, viajen, miren, observen y aprendan humildad.

Fotos: Online List of Lights.

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