20 de abril del 18

20/04/2018 § Deja un comentario

Los científicos están sorprendidos desde que una nave de la NASA captó dos luces brillantes emitidas desde Ceres, designado oficialmente como un planeta enano en el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter. La sorpresa saltó cuando la nave espacial Dawn de la NASA se acercaba a Ceres el 6 de marzo de 2015.

Una fotografía realizada el 19 de febrero de aquel año desde algo menos de 29.000 millas/50.000 km mostraba dos áreas muy brillantes en la superficie del astro. Las imágenes previas de la nave Dawn desde mayor distancia mostraban una sola luz en Ceres, quede cualquier forma misteriosa que resultó resultó ser dos, lo que refleja aproximadamente el 40% de la luz que les llega.

Esto es realmente inesperado y sigue siendo un misterio para nosotros, dijo Andreas Nathues, uno de los investigadores principales del equipo en el Instituto Max Planck de Investigación del Sistema Solar en Gotinga, Alemania, en una declaración de la NASA. El punto más brillante de los dos sigue siendo demasiado pequeño para resolverlo con nuestra cámara, pero a pesar de su tamaño, es más brillante que cualquier otra cosa en Ceres.

La respuesta más obvia es que se trate de hielo, aunque este reflejaría más del 40% de toda la luz que reciba. La diferencia puede explicarse por el límite de resolución de la cámara de Dawn a esta distancia. Los científicos han detectado previamente vapor de agua proveniente de la superficie del planeta enano, haciendo que el hielo sea una opción  probable. También aportan como solución que podrían ser parches de sal. Por otro lado, la ubicación de los dos puntos brillantes tan juntos puede ser una indicación de que tienen un origen geológico, como algún tipo de proceso volcánico, posiblemente incluso volcanes de hielo.

Según Chris Russell, investigador principal de la misión Dawn, el posicionamiento de los puntos brillantes dentro de la misma área puede indicar un origen volcánico de las manchas, aunque los científicos no creen que sea lava similar a la que se observa en la Tierra por lo que tendrán que esperar a imágenes de mayor resolución antes de poder aclarar el misterio.

O como dijo un gracioso, los puntos brillantes podrían ser náufragos alienígenas que nos hacen señales con linternas…

Leído en: Strange lights on dwarf planet Ceres have scientists perplexed

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23 de marzo del 18

23/03/2018 § Deja un comentario

Cuando han oído o leído que el cine es el Séptimo Arte, quizás se han preguntado cuáles son los previos y cómo y porqué se numeran. La clasificación se realizó durante el período helenístico, en la cual se fijó como arte más importante la poesía. De ella, se argumentaba, provenían todas las demás artes existentes.

La clasificación de las artes propia de la ideología feudal en la Alta Edad Media las dividió entre artes liberales, que liberaban del trabajo manual aceptables para los estamentos privilegiados y artes mecánicas, que implicaban trabajo manual y por tanto eran incompatibles con ese estatus. Las artes liberales se numeraron como siete identificadas con el sistema educativo carolingio: trivium es decir, gramática, retórica y dialéctica y quadrivium o aritmética, geometría, astronomía y música. También fueron numeradas como siete las mecánicas.

A partir del Renacimiento, la puesta en valor de la figura del artista y su actividad, identificadas con las del humanista, determinó la creación de nuevos conceptos: el de Artes mayores y del de bellas artes. La superposición de ambos da una numeración de seis artes, número que coincide con el de la clasificación china de las artes: pintura, escultura, arquitectura, música, danza y poesía o literatura. A partir de 1911 se denominó al cine como el séptimo arte para añadirlo a la lista que quedaría como sigue:
1º La arquitectura
2º La escultura
3º La pintura
4º La música
5º La poesía/literatura
6º La danza
7º El cine

Con el tiempo han aparecido otras voces que reclaman la inclusión en esta lista de nuevas formas de expresión. Las denominaciones octavo arte, noveno arte, etcétera. Se utilizan de forma menos unívoca, para identificar como artes y por tanto prestigiarlos, poniéndolos al mayor nivel posible entre todas las manifestaciones artísticas y culturales, al cómic, la fotografía, el diseño gráfico, la televisión, la publicidad, los videojuegos y otras actividades.

Según las últimas tendencias la clasificación queda más o menos como sigue:
01º La arquitectura
02º La escultura
03º La pintura
04º La música
05º La danza
06º La poesía/literatura
07º El cine
08º La fotografia
09º El comic
10º EL videojuego

Documentación: Numeración de las artes

09 de marzo del 18

09/03/2018 § Deja un comentario

El grabado Flammarion es una famosa ilustración aparecida en la página 163 del libro L’Atmosphere: Météorologie Populairede de Camille Flammarion, publicado en París, en 1888 y utilizada en multitud de ocasiones para representar el descubrimiento de la astronomía por el hombre.
Esta enigmática ilustración, de autor desconocido, muestra un hombre,posiblemente un astrónomo, observando a través de la atmósfera terrestre como si ésta fuera una cortina que se pudiese apartar para observar el funcionamiento del Universo. El texto acompañando la obra original de Flammarion dice: Qué es entonces esta bóveda azul, que ciertamente existe y nos impide ver las estrellas durante el día.

El grabado es descrito incorrectamente en numerosas fuentes como un trabajo medieval debido a la visión simple del mundo e incluso considerada una ilustración de la Tierra plana. Sin embargo fue producida más tarde sin duda, aunque no se conoce la fecha.

En 1973, Bruno Weber, conservador de libros raros de la Biblioteca Central de Zurich, analizando el grabado, creyó ser capaz de demostrar que algunos detalles no podrían haber sido hechos sin un buril, la herramienta de los grabadores, utilizado en la madera sólo desde finales del siglo XVIII. Dedujo que el grabado era un montaje hecho a partir de varias imágenes de época, en particular la Cosmographia de 1550 de Sebastian Münster, de las que Camille Flammarion, bibliófilo, podría poseer una copia.

Documentación: Grabado Flammarion.

14 de febrero del 18

14/02/2018 § Deja un comentario

Parece ser que lo que podríamos definir como la primera investigación oficial de un avistamiento de ovnis fue reflejada en el Azuma Kagami, un texto japonés medieval. El 24 de septiembre de 1235, mientras el general Kujō Yoritsune y sus tropas acampaban por la noche en las proximidades de kyoto, presenciaron extrañas luces en el cielo nocturno.

La exhibición duró horas, con las luces girando y moviéndose a través del cielo. Sorprendido por el fenómeno, Yoritsune ordenó a los científicos que le acompalñaban que investigaran y encontraran una respuesta a la visión.

Los resultados que ofrecieron fueron muy similares a muchas investigaciones de la actualidad, ya que aseguraron al general que no había nada siniestro en lo que habían presenciado. Dijeron que era algo completamente natural, siendo el viento el que hacía que las estrellas se balancearan.

24 de noviembre del 17

24/11/2017 § Deja un comentario

Se conoce como Meridiano de París a aquel meridiano que pasa por el Observatorio de París, 02°20′14.025″E. Rivalizó con el Meridiano de Cádiz y el Meridiano de Greenwich como principal meridiano del mundo hasta que en 1884 la Conferencia Internacional del Meridiano eligió este último.

Desde muy antiguo, el hombre ha querido poner límites geográficos a la Tierra y ha evidenciado una innegable necesidad de introducir magnitudes de medición que permitan a cartógrafos, geógrafos y astrónomos, tener una posibilidad de situar un punto con exactitud en nuestro planeta. Desde 1884, momento en que se celebró la Conferencia Internacional del Meridiano, eran varios los puntos de partida utilizados para medir la tierra hacia derecha e izquierda. En este momento se tomó como medida universal el Meridiano de Greenwich. Pero este meridiano no fue el primero ni el único.

Uno de los que existió hasta entonces fue, precísamente el Meridiano de París, una línea imaginaria que pasaba por el Observatorio Astronómico de la ciudad. François Aragó fue el encargarlo de  medirlo en su tiempo, algo que logró completando la triangulación de Mallorca, Ibiza y Formentera con la costa valenciana, con lo que se pudo definir la longitud del metro.

De la importancia de este personaje han quedado evidencias en París. Hay un boulevard dedicado a su nombre que linda con el edificio del Observatorio Astronómico de París y una calle en Es Caló de Sant Agustí, en la isla de Formentera. Aragó también es uno de los 72 científicos cuyo nombre Eiffel mandó grabar en las caras de la torre que levantó.

Pero en París también hay un monumento con el que se le recuerda, un monumento imaginario que mide 9 kilómetros de largo, la célebre línea Aragó. En 1893 se decidió erigir una estatua de bronce con la efigie del astrónomo junto al Observatorio de París, sin embargo, en 1942, debido a las necesidades de construir cañones para la II Guerra Mundial, el gobierno francés la funde.

Cincuenta y dos años más tarde, en 1994, el gobierno de la ciudad decide restablecer el honor a Aragó y pide al artista holandés Jan Dibbets su construcción. Este artista, inspirándose en el célebre Meridiano de París calculado por François Aragó, diseña 135 medallones de bronce de 12 centímetros de diámetros que fueron colocados en el suelo de la ciudad a lo largo del meridiano en dirección sur a norte.

Muchos de estos medallones han desaparecido con el tiempo, bien por robo o por pérdida. Otros se encuentran en muy mal estado y se distinguen por su forma no por ser legibles o reconocibles por algún signo.

Otros muchos están en buen estado y es una tarea ardua pero entretenida ir en su busca, encontrarlos y reconocerlos.

Leído en: La imaginaria Línea Aragó.
Documentación: François AragóParis Meridian

21 de junio del 17

21/06/2017 § Deja un comentario

Hoy ha llegado el verano. Puntual, se ha presentado en la capital del mundo a las 6.33 LT. Se calcula que no se va a ir antes de las 21.53 LT, es decir, va a estar 15 horas y 20 minutos de chiquiteo.

Para colmo y como consecuencia de la posición de la tierra hoy, al mediodía el sol se situará en el punto más alto del cielo, y será también el día más largo del año.

Hemos de destacar que en esta época tiene lugar el máximo afelio entre la Tierra y el Sol, es decir, la tierra se colocará a unos cinco millones de kilómetros más de distancia que en enero, momento en que la distancia alcanza el mínimo anual o perihelio.

Para rematar les comentamos que Catalina anda estos días menguante camino de nueva el próximo día 24 [2+4+24=30=>30-30=00] hoy con una edad de 25.8 días y tan solo un 14.8% visible, por lo que habrá mareas bastante muertas, animándose. En estos momentos se encuentra a 365.667 km de distancia y tiene pensado salir a las 04.15 LT para ponerse a las 18.16 LT.

Vayan aprovechando, que el tiempo vuela. Disfruten del tiempo que se les ha concedido, del verano, de la vida.

26 de febrero del 16

26/02/2016 § Deja un comentario

Como se acerca el final del mes, que este año incluye el día 29 porque el año es bisiesto, les contamos un par de cosas al respecto. Atiendan. Para empezar, este año de 2016, la Pascua se celebra inusualmente pronto. La fijación astronómica de la fecha dio lugar a la reforma actual del calendario.

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Según la tradición hebrea, la noche en que tuvo lugar la huida de Egipto había luna llena, por lo que los judíos pudieron apagar sus lámparas para no ser descubiertos por los soldados del faraón. Este suceso tan lejano, aunque cercano en lo astronómico, condiciona todavía hoy nuestra agenda. Si nos parece que la Semana Santa cae demasiado pronto este año bisiesto de 2016, es necesario hacer un poco de historia para saber la razón.

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El acontecimiento citado es celebrado en la llamada pascua judía que, por tanto, cada año ha de coincidir con una noche de luna llena. Jesucristo, judío, celebró dicha pascua durante la hoy denominada última cena, así que nuestra propia tradición cristiana adoptó este hecho casi como suyo. En concreto, y evitando confundir ambas tradiciones, ya desde el año 525 de nuestra Era se decidió en la Iglesia Católica que la pascua de Resurrección -unos días posterior a la judía- se celebrara el primer domingo siguiente a la primera luna llena después del comienzo de la primavera. Si miramos el calendario de 2016, observaremos que el equinoccio de primavera es el día 20 de marzo, y la primera luna llena sólo tres días más tarde, por lo que el domingo de Pascua será el día 27 de marzo. Por eso siempre veremos una luna llena durante la Semana Santa.

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Pero no todo es tan sencillo. O, al menos, no lo fue en su momento. Para que las cosas funcionen bien tenemos que encajar el calendario astronómico -el que marca la posición del equinoccio de referencia- con el calendario civil y religioso, basado en días completos. Y es que el tiempo que tarda la Tierra en dar una vuelta alrededor del Sol -un año- no es un múltiplo exacto de rotaciones sobre sí misma -un día. En concreto, un año astronómico o año trópico, dura 365 días, 5 horas y casi 49 minutos. El problema de relacionar años con días completos fue bastante bien resuelto por el romano Julio César y sus sabios egipcios allá por el año 50 antes del propio Cristo. Como en números redondos un año son 365 días y un cuarto, cada cuatro años de 365 días habría de añadirse un día adicional, el famoso bisiesto, como es este de 2016. Y así hemos funcionado bastante bien durante muchos siglos, con el propiamente llamado calendario juliano, hasta que los hechos toparon con la realidad. Es decir, con la Iglesia haciéndonos la Pascua.

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La corrección romana contenía un pequeño error intrínseco, puesto que redondeaba los casi 49 minutos a los 60 de una hora. Esto significaba que cada año se introducían en el calendario litúrgico bisiesto unos 11 minutos de más, por lo que poco a poco se iba alejando del astronómico. En el siglo XVI, el error acumulado desde la implantación de la regla pascual era tal que el equinoccio primaveral -supuestamente, el 21 de marzo- había ocurrido el 11 de marzo, diez días antes. Y continuaba subiendo. Para resolver este desaguisado, el papa de turno, Gregorio XIII, recurrió de forma conjunta a Dios y a las matemáticas, confluyendo por fortuna estos factores en el enorme astrónomo -tanto por su tamaño físico como por su sabiduría-, Christopher Clavius. Clavius, alemán y jesuita, fue coetáneo y amigo de Galileo, con quien tuvo sus más y sus menos al respecto de sus muy distintas concepciones del Universo, puesto que se mantuvo siempre fiel al geocentrismo.

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Corrigió de forma ingeniosa el calendario juliano, y lo hizo añadiendo una cláusula adicional: Un año será bisiesto si es divisible por 4, pero no lo será si además es divisible por 100. Con la excepción de los divisibles por 100 y 400 a la vez, que sí lo serán. Pongamos un ejemplo sencillo: el año 1900 no fue bisiesto, como no lo será el 2100, pero sí lo fue el más reciente año 2000. Para rematar su trabajo, el papa Gregorio -por indicación del gran Clavius– tuvo que resetear el calendario mediante la pertinente bula, eliminando de golpe los diez días de más acumulados hasta esa fecha, y así al jueves 4 de octubre de 1582 del calendario juliano, le siguió el viernes 15 de octubre de 1582, del calendario ya conocido como gregoriano. El trabajo de Clavius fue tan bueno que perdura hoy en día y solo tiene un error estimado de un día cada 3.300 años.

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El cambio de fechas por mor de la precisión astronómica tuvo un curioso impacto según fuera el lugar del mundo y su fecha de aplicación. Así, es bien conocida la anécdota del tránsito de santa Teresa, ocurrido justo en la noche referida del 4 de octubre de 1582, por lo que suele decirse que fue enterrada muchos días después de su muerte, aunque su inhumación fuera inmediata. Otro tanto ocurre con los óbitos de Miguel de Cervantes y William Shakespeare que, aunque datados ambos el 23 de abril de 1616, sucedieron con diez días de diferencia, puesto que los ingleses tardaron en aceptar el cambio de calendario de bastante mala gana casi dos siglos. En cualquier caso, y después de la adopción generalizada en todo el mundo del calendario gregoriano, los años astronómico y civil son en la práctica coincidentes, y las peculiaridades de la fijación de la fecha pascual por parte de la Iglesia no presentan mayores problemas.

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Por tanto, si queremos saber con antelación cuándo podremos disfrutar de unos pocos días de asueto o de penitencia, según sea el gusto, caso o pecados de cada cual, no tenemos más que mirar al cielo y hacer unas sencillas cuentas. Y ya puestos, observar una estupenda luna llena.

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Extraído de un artículo de Enrique Joven para El País y publicado el 27 de enero de 2016.
Enrique Joven trabaja en el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). Compagina la ingeniería con la divulgación y la escritura de ficción. Ha publicado dos novelas con la astronomía como eje principal: El Castillo de las EstrellasEl Templo del Cielo , ambas con RocaEditorial.

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