22 de julio del 18

22/07/2018 § Deja un comentario

Sven Einar Englund nació en Ljugarn en Gotland, Suecia, el 17 de junio de 1916; murió el 27 de junio de 1999 en Visby, Suecia. Se casó dos veces: en 1941 con Meri Mirjam Gyllenbögel, que murió en 1956 y en 1958 con Maynie Sirén, una cantante, con quien tuvo un hijo.

Sven Einar Englund tenía 17 años cuando comenzó sus estudios en 1933 en el Conservatorio de Helsinki, ahora la Sibelius Academy. Ya considerable pianista, continuó sus estudios con Martti Paavola y Ernst Linko mientras estudiaba composición con Bengt Carlson y Selim Palmgren..

El primer trabajo de Englund para gran orquesta fue su Primera Sinfonía (1946), que se conoce como Sinfonía de Guerra. El uso del contrapunto, la disonancia y la orquestación revela un maestro en el trabajo. Su segunda sinfonía, la Sinfonía del ruiseñor, la compuso inmediatamente después de la primera.

En 1949, Englund recibió una beca para estudiar en los Estados Unidos con Aaron Copland, y también tocó jazz con Leonard Bernstein. Se dice que el estudio de Englund con el maestro estadounidense consistió en discusiones sobre música y composición ya que Copland comprendió de que había muy poco que podía enseñarle al joven.

A lo largo de la década de 1950 produjo una serie de obras como Sinuhe, un ballet (1953) originalmente para piano orquestado más tarde, y Odiseo (1959), escrito para la bailarina y coreógrafa sueca Brigit Cullberg, un Concierto para violonchelo (1954) y el Primer concierto para piano (1955), además de partituras y música incidental. Su partitura para Valkoinen peura de Erik Blomberg, ganó un Jussi Award, o Oscar finlandés, siendo particularmente notable su trabajo La Gran Muralla China para Max Frisch.

Su Tercera Sinfonía (1971) apareció 23 años después de la segunda y señaló su regreso a la composición; había escrito solo algunas obras durante la década de 1960. Pronto siguieron la Cuarta (1976) y Quinta Sinfonía (1977) y el Concierto para Doce violoncelos (1981)

La Sexta sinfonía de Englund (1984), subtitulada Aforismos, está articulada en seis movimientos para coro y orquesta; su última sinfonía, la Séptima, fue compuesta en 1988, coincidiendo con el inicio de la enfermedad cardíaca que señaló un declive en su salud y que finalmente le conduciría a su muerte. Su Concierto para clarinete de 1991 se completó poco antes de que un fulminante ataque le hiciera físicamente imposible seguir componiendo.

Englund también compuso música de cámara, incluyendo una suite para violonchelo solo y una sonata para violonchelo y piano, así como obras para violín y piano, trombón solo y para piano solo.

Compuso música para veinte películas, así como obras para coro, incluido el Hymnus Sepulcralis (1975). Sus memorias, I Skuggan av Sibelius (A la sombra de Sibelius) se publicaron en 1997.

Fuente: Sven Einar Englund

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21 de julio del 18

21/07/2018 § Deja un comentario

Aquí viene una de gentes con mucho vuelo…

18 de julio del 18

18/07/2018 § Deja un comentario

Dentro de la ortografía del español hay una mano: ☞. Propiamente, se llama manecilla y se encuentra en el grupo de signos auxiliares que la ortografía de nuestra lengua incluye como elementos de funciones diversas y de carácter accesorio. Si entre los signos de puntuación se encuentran formas tan conocidas como los puntos, las comas o los signos de interrogación, entre los auxiliares hay elementos más desconocidos como la barra vertical (|) cuyo nombre técnico es pleca, el calderón (¶) o el signo de párrafo (§). Son signos menos usados, aunque en determinados escritos o ámbitos profesionales se utilizan más, por la función que asumen.

La manecilla reproduce la figura de una mano vista en horizontal y de perfil con su dedo índice extendido, bien a la derecha (☞) o bien a la izquierda (☜). No hay signo en la ortografía más motivado que este, que implica reproducir en los libros el común acto por el que cualquier persona señala con la mano algo que es de su interés o que considera relevante.

Este signo de naturaleza antropomórfica que hoy tenemos incorporado a las fuentes de nuestros ordenadores era uno de los más comunes en los manuscritos y libros impresos hasta el siglo XVIII. Se utilizaba en los márgenes de los manuscritos occidentales europeos, escritos en latín o en alguna de sus lenguas derivadas, para llamar la atención sobre una frase o fragmento del texto, esa parte a la que el dedo índice de la manecilla inequívocamente señalaba.

Teniendo en cuenta que los manuscritos circulaban con la idea de que podrían ser comentados, glosados y anotados por sus posibles lectores, el uso de la manecilla estaba ligado a la propia forma de escribir y de leer en la Edad Media. Escrita por el copista del manuscrito o por los lectores que disfrutaran de la lectura tras él, la manecilla señalaba siempre de fuera hacia dentro y desde los márgenes, o sea, en esa zona externa a la caja de escritura en la que también se hacían anotaciones explicativas o glosas. En esa época, anotar los libros era común. Curiosamente, esos mismos libros antiguos contaban con muy escasos signos de puntuación; en cambio, la manecilla, que propiamente no es un signo de puntuación sino auxiliar, de lectura, pululaba por los márgenes de las obras. Si el chiste no fuera tan malo, diría que la manecilla iba por los libros de mano en mano.

Las variantes con que aparecía dibujada esta manecilla eran tantas como la capacidad artística de quien estaba copiando o anotando el manuscrito. Había meras manos con dedos, manos con puños, manos con brazos, manos con un cuerpo completo, manos con mangas, manos con espadas y hasta manos con cinco dedos cerrados y un sexto dedo que es el índice que señala. Había también manecillas con dedos larguísimos capaces agrupar extensos párrafos haciendo la función que hoy cumpliría la llave. En este enlace puedes ver muchas muestras de manuscritos antiguos. Cansado de tanta antropomorfia, hubo algún copista que postergó la mano y directamente dibujó a un pulpo señalando con sus tentáculos

Al inventarse la imprenta a finales del siglo XV, la manecilla no desapareció. En primer lugar, porque siguieron copiándose muchos libros manuscritos con márgenes donde se alojaban manos, flechas y notas. Y, en segundo lugar, porque la propia manecilla entró en los talleres de la imprenta, dentro del repertorio de letras y signos con que se componían los libros. Las manecillas impresas eran, obviamente, más sobrias y uniformes que las dibujadas pero cumplían su misma función: los editores las utilizaban para avisar del cambio de una sección o de un asunto relevante, incluso incorporándolas dentro del propio texto y no solo en los márgenes. La prueba de que era un signo muy empleado es que la palabra se utilizaba en la lengua común; a finales del siglo XVII, el literato Vicente Sánchez escribía en su Lyra poética que un personaje de su obra llevaba el dedo en cabestrillo, lastimado por haber usado mal un arma, y que su mano parecía manecilla de margen de libro.

Aunque hoy hay manecillas en nuestras fuentes de ordenador (como esta ☞), apenas se usan. La manecilla entró en declive en siglo XVIII, época en que los márgenes de los libros impresos comenzaron a ser ocupados por fragmentos de texto que resumían contenido o avisaban del título de un capítulo. Hoy la función de la manecilla la cumple más bien la flecha, otra representación icónica, en este caso de un arma arrojadiza, que también está dentro de los signos auxiliares de la ortografía.

Hay sorprendentes herencias y usos de la manecilla en el mundo actual. En el ámbito angloparlante, la manecilla salió de los textos para instalarse en otros soportes: aparecía en los postes de cruces de calles y carreteras (fingerposts) donde indicaba la dirección de un lugar, y, en algunas zonas de Estados Unidos, se incluye en los sellos que estampan en correos sobre las cartas que van a ser devueltas para a su remitente por estar mal franqueadas o erróneamente dirigidas.

Pero la más llamativa herencia de la manecilla es, sin duda, informática. La manecilla fue el signo inspirador de la mano (en este caso señalando hacia arriba) en que se convierte a veces la flecha del puntero, por ejemplo cuando posamos el ratón sobre un hipervínculo o elemento que se puede abrir. Este símbolo aparece en interfaces gráficas de ordenador desde los años ochenta y tiene la gracia de reproducir la posición en que tenemos el dedo índice sobre el ratón cuando pulsamos sobre un elemento; nos muestra que, aunque estemos en un nuevo verano con otro calor y otro año en el calendario, no hay mano nueva bajo el sol.


Post dedicado a la excelsa filóloga MAH.

Fuente: Un símbolo ortográfico

16 de julio del 18

16/07/2018 § Deja un comentario

El Edwards’s Botanical Register o Coloured figures of plants and shrubs, es un libro publicado en Londres con más de 80 ilustraciones de plantas cultivadas en los jardines ingleses. Un libro interesante para todos aquellos amantes de las plantas y de las ilustraciones clásicas de vegetales.

Edwards botanical register.pdf

Como es habitual en nuestros posts, les dejamos el enlace al pdf [19MB] bajo la ilustración para que aquellos que estén interesados en hojear el volumen lo puedan hacer tranquilamente.

15 de julio del 18

15/07/2018 § Deja un comentario

Heino Eller nació en Tartu, Estonia, el 7 de marzo de 1887, donde tomó clases particulares de violín y teoría musical, tocó en varios conjuntos y orquestas y actuó como solista de violín. En 1907 ingresó en el Saint Petersburg Conservatory para estudiar violín en donde se graduó en 1920, tras haber estudiado de 1909 a 1911 derecho.

De 1920 a 1940, Heino Ellefue profesor de teoría y composición musical en la Tartu Higher School for Music. Durante este tiempo formó la Tartu school of composition, que dio lugar a muchos compositores, incluido Eduard Tubin. En 1940 llegó a profesor de composición en el Tallinn Conservatory, en donde  enseñó hasta su muerte en 1970. Fue nombrado Artista del Pueblo de la USSR en 1967.

Eller era un maestro de composición. La escuela que formó en Tartu contrarrestó la llamada escuela de Tallin dirigida por Artur Kapp. El talento pedagógico de Eller era versátil y la lista de sus alumnos ofrece la mejor prueba de esto: cada uno de ellos ha creado un estilo original. Entre sus alumnos encontramos a Eduard Tubin, Villem Kapp, Kaljo Raid, Boris Kõrver, Anatoli Garshnek, Leo Normet, Valter Ojakäär, Uno Naissoo, Arne Oit, Jaan Rääts, Heino Jürisalu, Arvo Pärt, Alo Põldmäe, Lepo Sumera, Boris Parsadanian, Alfred Karindi, Eduard Oja, Olav Roots y Karl Leichter.

Fuente: Heino Eller.

14 de julio del 18

14/07/2018 § Deja un comentario

El trabajo que se toman algunos a la hora de la siesta…

10 de julio del 18

10/07/2018 § Deja un comentario

Desde su lugar de eterno descansoWilliam Shakespeare consigue que retengamos la respiración mientras leemos la advertencia que en su lápida escrita protege sus restos mortales hasta de la más leve de las miradas.

Good friend for Jesus sake forbeare,
To dig the dust enclosed here.
Blessed be the man that spares these stones,
And cursed be he that moves my bones.

Buen amigo, por Jesús, abstente
de cavar el polvo aquí encerrado.
Bendito sea el hombre que respete estas piedras
y maldito el que remueva mis huesos.

Cuatro siglos después aún nadie ha osado atreverse a desafiar estas palabras dictadas, se cree, por el propio Shakespeare. Según cuenta el profesor Philip Shwyzer, historiador y arqueólogo de la Universidad de Exeter, el genial autor sentía horror ante la idea de ser exhumado, de que sus restos fueron movidos por cualquier motivo, y con esta sutil pero directa amenaza pretendía eliminar de un plumazo cualquier intento de profanar su tumba.

De todas formas, cada cierto tiempo surgen nuevas propuestas que hablan de exhumar lo que quede de su cuerpo para investigar las causas de su muerte y para para comprobar si es cierta o no la leyenda de que con su cuerpo se enterraron sus manuscritos, incluso los de las obras sin terminar que escribió en sus últimos años.

William Shakespeare está enterrado en la Holy Trinity Church, en la misma iglesia en donde fue bautizado 52 años antes, de Stratford-upon-Avon, su pueblo de nacimiento. Si bien hace unos años la lápida recibió algunos retoques en su superficie, el interior de la tumba aún hoy permanece intacta a pesar de las obras de acondicionamiento y mejora ha sufrido la iglesia en sí durante todos estos 400 años. La famosa lápida está situada en el presbiterio y forma parte de la ruta de quienes visitan la ciudad para conocer por donde creció, anduvo y consumió sus últimos días uno de los autores literarios más famosos de todos los tiempos.

Fuente: La maldición de la tumba de Shakespeare

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