05 de diciembre del 17

05/12/2017 § Deja un comentario

Cerca de Uffington, en el Condado de Oxfordshire, Gran Bretaña, en la zona sur-oriental de Inglaterra, existe una peculiar muestra de arte prehistórico: El Caballo Blanco de Uffington.

En las cercanías hay muchos yacimientos arqueológicos, como el Castillo de Uffington, restos de un fuerte de la Edad de Hierro, o el túmulo prehistórico de Wayland’s Smithy, que se encuentra a 2 km en dirección oeste. No muy lejos discurre The Ridgeway, un antiguo sendero que se considera el camino más viejo de Gran Bretaña, en uso desde el Neolítico.

El Caballo de Uffington es el geoglifo más grande y elegante de todas las figuras de caballos existentes en Gran Bretaña, de hecho puede observarse desde una distancia superior a los 20 Km.
Es una figura muy estilizada de unos 150 metros de largo por 30 metros de alto, construida en distintos segmentos que varían en longitud y excavada a una profundidad de unos 90 centímetros aproximadamente.

El suelo de esta región está formado por una peculiar arcilla blanca, se cree que estas figuras fueron creadas siguiendo una técnica muy antigua, excavando el suelo hasta una profundidad de casi 1 metro. Las técnicas usadas en esa época eran bastante simples, bien amontonando o bien quitando arena, piedras o vegetación.

Tallado en la parte alta de una colina de 374 metros de altura, el Caballo de Uffington se hizo retirando toda la grava que se encontraba allí, dejando expuesto el mineral que compone principalmente este terreno, la creta, que es de color blanco.

Estas formaciones en las colinas de Oxfordshire, vistas desde las alturas, nos muestran la forma de un caballo, o al menos así era llamado durante el medievo.

Se ha discutido mucho acerca de qué representa realmente la figura, no está claro si se trata de un caballo o de algún otro animal. Hay textos que describen la imagen como un caballo desde el siglo XI, de hecho el llamado Cartulario de Abingdon habla del Mons albi equi o la colina del caballo blanco. Se suele creer que el Caballo Blanco es un símbolo tribal relacionado de alguna forma con los constructores del Castillo de Uffington.

Hay hipótesis que sugieren que la figura era una señal para los viajeros que atravesaban The Ridgeway, anunciando que se vendían o cuidaban caballos en el fuerte.

El folclore local afirma desde hace siglos que es el retrato del dragón vencido por San Jorge en la cercana colina de Dragon Hill. Según la tradición, San Jorge venció al dragón en lo alto de esta colina y su sangre derramada envenenó la hierba, que no ha vuelto a crecer.

También ha sido asociada, junto con el resto de las figuras de caballos que abundan por la zona, a la forma de caballo con la que los celtas solían representar a la diosa Epona, divinidad relacionada con la fertilidad, las artes curativas y protectora de los caballos.

Algunos mitos sugieren también que la figura es una señal conmemorativa de la victoria de los sajones, a las órdenes de Alfredo el Grande, sobre los daneses en el año 890.

Se piensa que puede tener unos 3.000 años de antigüedad, pero estudios mas recientes lo han fechado en la Edad del Hierro lo que se ha podido descubrir por datación óptica, que muestra la cantidad de tiempo que un mineral ha estado expuesto a la luz. Además, en sus alrededores también se encontraron monedas de esa época con la inscripción de un caballo bastante parecido.

El Caballo Blanco de Uffington ha ido cambiado su aspecto con el tiempo debido a las adversidades meteorológicas, los actos vandálicos y a las distintas restauraciones que se han realizado.

Hasta finales del siglo XIX el Caballo Blanco era renovado cada siete años como parte de una fiesta local que se celebraba en la colina. Si no se limpia con regularidad se oscurece fácilmente, por lo que necesita un tratamiento constante para que permanezca visible. Actualmente su mantenimiento corre a cargo del departamento público English Heritage.

Otra leyenda  romántica relacionada con este caballo dice que en las noches iluminadas por la luna, la figura abandona su colina para ir a pastar al Manger, el valle donde está enclavado.

Otros muchos caballos aparecen diseminados por multitud de escarpados y colinas, algunos construidos en épocas difíciles de precisar y otros mucho mas recientes, que tratan de imitar a los antiguos: los caballos Blancos de Westbury, Osmington, Cherhill, Folkstone, Alton Barnes o Jockey. Inicialmente existían 24 caballos, pero algunos con el tiempo han ido desaparecido.

Documentación:
El caballo Blanco de Uffington
El caballo de Uffington

 

 

 

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21 de noviembre del 17

21/11/2017 § Deja un comentario

Fatigados y triunfales, los guerreros celtas regresaban a sus hogares tras vencer en la batalla. De sus carros y monturas colgaban las cabezas de sus enemigos vencidos. Cráneos arrancados se exhiben ensartados en las lanzas, a modo de macabros trofeos que ensalzan su victoria.

Numerosos autores clásicos recogen este ritual de guerra como una práctica muy extendida por toda la Céltica. Según parece, no se trataba de una simple cosecha de cabezas: el pueblo celta estaba convencido de que en esta parte del cuerpo residía el espíritu de la persona. De acuerdo con sus creencias, guardar la cabeza del enemigo vencido implicaba poseer su espíritu. De este modo, no sólo se impedía al alma proseguir su camino al más allá, sino que además se la obligaba a proteger a su nuevo portador, traspasando a éste el coraje y el valor del soldado caído.
Las puertas de las casas, los recintos sagrados y otras zonas del poblado estaban adornados con cráneos humanos, generalmente bien limpios y pulidos para la ocasión. Las familias más ricas de la comunidad celta guardaban en sus hogares las cabezas momificadas de grandes guerreros y reyes que abandonaron este mundo hace tiempo Para conservar estas cabezas especiales, patrimonio familiar de gran valor para los celtas, se utilizaba un carísimo aceite de cedro. Cuanta más fama de valeroso hubiese tenido aquella persona en vida, más valioso sería después su cráneo, y mayor el poder que alcanzaría como amuleto. Pero no siempre eran de enemigos caídos en combate. En ocasiones las cabezas pertenecían a los antepasados de la aldea. De este modo, los vivos velaban el alma de los familiares muertos.


Varios autores latinos citan en sus escritos casos de personas que rehusaron vender una de estas cabezas por su peso en oro. No era lo habitual. Los grandes coleccionistas llegaban a pagar enormes cantidades por las cabezas de guerreros de gran prestigio. De algún modo podría considerarse esta práctica como un reconocimiento a la importancia del guerrero, un homenaje reservado solamente a personas excepcionales.

El culto a las cabezas constituyó un elemento de suma importancia en la formación del espíritu celta. En algunos lugares, los jóvenes tenían como prueba iniciática final el salir de cosecha, regresando con la consabida cabeza que les permitiera ingresar con pleno derecho en el estrato social de la casta guerrera dominante.

Algunas familias llegaron incluso a recurrir al pago de un rescate para recuperar la cabeza de un ser querido. En estos casos, un druida se encargaba de realizar el ritual correspondiente para liberar su espíritu, agujereando el cráneo e indicándole el camino a seguir en su ruta hacia el más allá. Podría ser éste el caso de los cráneos encontrados en Puig Castellar o el que se puede admirar en el museo numantino de Soria. Todos ellos están atravesados por un clavo. También hay que tener en cuenta que muchos de los cráneos taladrados que se encuentran en museos de toda Europa, podrían responder a trepanaciones practicadas por druidas médicos y relacionadas con problemas de presión craneal. Los druidas también utilizaban las cabezas para sus propios fines, extrayendo de ellas el medio para incrementar su poder. Otros cráneos se adornaban con orlas engastadas en oro, a modo de tatuajes.

Los guerreros celtas aprovechaban los banquetes para mostrar sus trofeos favoritos, con todo el orgullo y la jactancia de que eran capaces, y sin ahorrarse ningún detalle escabroso sobre su captura. En la leyenda irlandesa de Cu Chulainn se narra cómo durante uno de estos banquetes celebrado en Emain, la entonces capital del Ulster, un tal Cet increpa a Connall, quien se considera a sí mismo el mejor de los presentes, respondiéndole que si estuviera allí su amigo Aulan, sería quien ocupase el puesto del campeón. Entonces Connall lo corrige: Aulan está presente; su cabeza, aun chorreante de sangre, colgaba de su cinto.


Al final de esta misma leyenda, cuando el héroe protagonista Cu Chulainn muere, uno de los guerreros del bando contrario le corta la cabeza con un respeto reverencial. No hay en toda Irlanda un trofeo más valioso que ese, el hombre más valeroso de Irlanda e hijo espiritual del dios Lugh. No durará mucho en su poder, pues poco después este guerrero caerá bajo la espada de Connall, el mejor amigo de Cu Chulainn, quien cumple con la misión de vengarlo y recuperar su prestigiosa cabeza para entregársela a su viuda.


La cabeza del joven irlandés Donn Bo, famoso por su hermosa voz, fue encontrada en el campo de batalla y llevada a la tienda del rey vencedor, donde cantó una canción tan melancólica que todos los presentes rompieron a llorar. La leyenda galesa del Mabinogion recoge el relato del rey Bran el Bendito, Gwynn Vrynn, un héroe que, tras ser vencido por los irlandeses en aplastante mayoría, ordena a los suyos que le corten la cabeza para evitar que la tomen los enemigos. Más tarde la cabeza les serviría para salvar el país de una invasión. Para ello tenían que enterrarla en una colina cercana a Llunedin o Londres, con la cara mirando hacia Francia.

El viaje hasta allí fue largo, pero la cabeza de Bran seguía tan locuaz como cuando estaba sobre el cuerpo del rey, entreteniendo a la comitiva y realizando varias predicciones que se cumplieron. Esta leyenda ha perdurado en el tiempo, hasta el punto en que se asegura que tal cabeza aún sigue enterrada en la antigua Gwynfrynn, actual Torre de Londres, protegiendo al país. Famosos son sus cuervos, Bran, en gaélico, significa cuervo, alimentados con dinero público por el maestre de los pájaros. Estas aves, según la tradición, mantendrán a salvo a la monarquía británica mientras no se muevan de allí. Tan fuerte es esta creencia aún hoy en día que estos cuervos, ante el peligro que supuso la pasada epidemia de gripe aviar, fueron encerrados en jaulas especiales dentro de la Torre, para evitar un posible contagio de la enfermedad.


Las cabezas cortadas pasaron a la historia del arte como esculturas que adornaban dinteles, muros, joyas y monedas. Algunas, como las del santuario galo-celta de Entremon, considerado tradicionalmente como una puerta al infierno, en el sur de Francia, tienen un inquietante aspecto, al no tener marcadas las órbitas de los ojos. Este detalle podría indicar que fueron cercenadas post-mortem. Por ello, algunos autores creen que no se trataría de personas caídas en combate, sino de víctimas sacrificadas dentro de algún ritual propiciatorio, destinado a contactar con los dioses en épocas de especial necesidad. En cualquier caso, este lugar fue uno de los muchos que fueron visitados por los arqueólogos esotéricos nazis, y de donde supuestamente se llevaron numerosas cajas llenas de estas cabezas.


El Caldero de Gundestrup, actualmente en el Museo Nacional de Copenhague, está considerado como el objeto celta más valioso encontrado hasta la fecha. Está formado por doce placas de plata dorada con imágenes en relieve, representando escenas cuyo significado resulta complicado de descifrar por el momento. Dignos de mención son los diferentes rostros que aparecen en cada placa, teniendo en cuenta que los celtas no eran muy proclives a representar a sus dioses y menos con pormenorizada forma humana. Podría tratarse de reyes o héroes de la antigüedad y que, como homenaje póstumo, sus cabezas quedaron reflejadas en un objeto creado para perdurar en el tiempo. No sería descabellado pensar que este lujoso caldero hubiera servido como recipiente en ritos de contacto con el más allá.


Incluso en los tiempos en que los celtas ya estaban cristianizados, la cosecha de cabezas siguió siendo una costumbre de guerra, cuando por ejemplo el rey irlandés Aed Finnliath ordenó que se cortasen y amontonasen las cabezas de los vikingos derrotados. O cuando la cabeza del rey Cormac, ya en el siglo X, fue entregada por su verdugo a su enemigo, el rey Flann, quien en contra de lo esperado se apiadó de los familiares del difunto y se la devolvió.
El carácter espiritual que los celtas otorgaban a las cabezas no pasó desapercibido para los monjes cristianos, que no dudaron en incluirlas en la decoración de los nuevos templos para facilitar la conversión a la nueva fe. Así llegaron a convertirse en un elemento recurrente del arte medieval, hasta que poco a poco llegó a perderse el recuerdo de su origen druídico.

Y aun hoy en día, aunque pocos sean conscientes de ello, el ritual se repite de manera simbólica en la Noche de Todos los Santos. Renacido por el marketing americano de Halloween, la noche de los muertos vivientes reproduce de una manera bastante particular la parafernalia del Samhain celta, la noche en la que las puertas que separaban el mundo de los muertos y los vivos permanecían abiertas, conectando ambos mundos. En dicha noche los cráneos servían como lámparas, posiblemente con la idea simbólica de iluminar el camino de los espíritus en su viaje entre los dos planos. Ahora las calabazas americanas, con agujeros que forman grotescas calaveras, son las que iluminan esa noche mágica, donde los espíritus han sido sustituidos por zombies, vampiros y monstruos varios.Leído en: Celtas: cortadores de cabezas.
Más información: El rito celta.pdf

26 de octubre del 17

26/10/2017 § Deja un comentario

En julio de 2007, mientras que se realizaban unas obras de acondicionamiento de las tuberías de alcantarillado en una casa de la isla Sealand en Dinamarca, fue hallado un cráneo humanoide de extrañas facciones, al que se le ha llamado Sealand Skull o cráneo de Dinamarca. Se gún se dice, en 2010 fue analizado en una Escuela de Veterinaria, no consiguiendo clasificarlo en una especie conocida.

No se encontraron otros restos en la zona de la obra, que pudieran atribuirse a este presunto ser. Según cuentan, el cráneo fue llevado al instituto Neils Bohr de Copenhague para su datación por C14, resultando que su ubicación temporal debió de estar entre el año 1200 y el 1280. Como se observa en las fotografías, el cráneo tiene muchas similitudes con el de un humano, aunque hay alguna diferencia que descarta que pueda ser de una persona.

Según  Anton Spangenberg, que escribió una nota sobre este objeto, tal vez alguien lo guardó durante mucho tiempo, y después lo enterró para ocultar su existencia. Es interesante observar que los residentes en Olstykke, en pueblo donde se encontró, hablan de la existencia en tiempos lejanos de un miembro de la Orden de la Luz Pegasus, que custodiaba varios objetos extraordinarios, entre los que se encontraban un cráneo y varios dispositivos de luz indestructibles.

Pero analicemos los hechos desde un punto de vista escéptico. Este caso presenta todos los ingredientes de un fraude, como son:
-El propietario del cráneo no está identificado
-No está disponible para ser analizado
-Solo se han mostrado cuatro fotografías del mismo
-Se habla de análisis científicos realizados, pero éstos no son mostrados.

Este caso no está muy documentado en internet, por lo que recurrí a un doctor para que me ayudase en el análisis óseo del cráneo. Sus conclusiones fueron estas:
-Llama la atención las similitudes morfológicas con un cráneo humano, que sin embargo dejan en evidencia algunos aspectos de esta morfología que difieren de las de una persona.
-Así por ejemplo, la fórmula dental es igual que la de un humano en cada hemiarcada dentaria, es decir, dos incisivos, un canino, dos premolares y tres molares, pero a la vez, cada pieza dentaria es diferente a las humanas.
-El color de las fosas orbitarias y nasales me parece sospechosamente oscuro. Si el cráneo estuvo enterrado durante varias décadas, lo normal es que todo él tuviese la misma tonalidad.
-El cráneo carece de orificios nutricios, por los que pasan los vasos sanguíneos que alimentan la médula ósea.
-No hay marcas de inserciones musculares.
-No hay orificios de salida para los todos los nervios craneales, sólo unos pocos.
-Faltan huesos faciales y sus articulaciones.
-La articulación temporo-mandbular es incongruente.
-La superficie de los huesos es demasiado lisa, sobre todo en un cráneo que se presupone estuvo enterrado.
-El color del cráneo esta bien conseguido, pretende simular el efecto tafonómico de un enterramiento, pero no lo suficiente.

A pesar de disponer de una buena dentadura, este ser no podría masticar. Al no haber espacio en el arco zigomático, el músculo temporal no se puede insertar en la mandíbula, y ésta no puede actuar. Tampoco el resto de músculos responsables de la masticación.

arco zigomatico

-No hay inserciones musculares en el cráneo ni en la mandíbula.
-El orificio auricular es diminuto, también sería prácticamente sordo.
-No hay orificios para la carótida y otros vasos sanguíneos. El cerebro no recibe nutrientes ni oxígeno. Ni se desprende de desechos metabólicos. Debe ser muy eficiente.

En resumen, y desde la prudencia a la que obliga un análisis realizado utilizando tres fotografías, todo apunta a que se trata de otro fraude más, relativamente bien hecho, pero que no puede engañar a un osteólogo.

Leído en: El cráneo de Dinamarca

20 de octubre del 17

20/10/2017 § Deja un comentario

El enigmalito o petradox, es un objeto del cual muy pocos han oído hablar, pero sus características son realmente interesantes. De acuerdo con los investigadores que han analizado el análisis, es un artefacto que data de hace más de 100.000 años y está incrustado en una roca. Se descubrió en el año 1998 cuando el ingeniero eléctrico J. Williams encontró lo que parecía ser un enchufe en una piedra con forma de patata, mientras hacía senderismo por una zona semidesértica de Estados Unidos.

El artefacto presenta la apariencia indiscutible de un componente electrónico encajado en una pequeña piedra de granito natural sólido compuesta de cuarzo y feldespato, incluyendo pequeñísimos porcentajes de mica.

El componente electrónico embutido en la piedra granítica no presenta rastros de haber sido pegado o soldado de ninguna forma conocida actualmente, por lo que se podría deducir que el objeto ya existía en el momento en que tuvo lugar la formación de la piedra.

El análisis geológico posterior de la roca estimó que ésta posee unos 100.000 años de antigüedad, lo que resulta técnicamente imposible desde el punto de vista cronológico evolutivo aceptado actualmente.

El dispositivo ha sido comparado por algunos investigadores a un conector electrónico XLR o un componente parecido. El artefacto tiene una leve atracción magnética. No parece creado con madera, plástico, metal, goma o algún otro material reconocible. Williams no ha dejado que el objeto se rompa por la mitad para analizarlo, pero los rayos X demuestran que el artefacto posee una estructura interna opaca en el centro. Los escépticos creen que este componente eléctrico antiguo es un montaje muy bien manufacturado.

Analizar y validar científicamente la posibilidad de que un componente electrónico hecho por el hombre pudiera haber sido atrapado durante la solidificación de una roca hace aproximadamente unos 100.000, podría dar respuestas al enigma.

01 de septiembre del 17

01/09/2017 § Deja un comentario

A principios del siglo XX, Edgar Banks, el diplomático, comerciante de antigüedades y arqueólogo aficionado el cual habría servido de inspiración para crear el personaje de Indiana Jones descubrió una serie de tablillas de cerámica en el sur de Irak. Entre ellas se encontraba la conocida como Plimpton 322, un fragmento de unos 13 x 9 cm que contiene cuatro columnas y 15 filas de números escritos en un sistema de base 60, o sexagesimal y data del 1.700 antes de Cristo.


“Durante más de 70 años Plimpton 322 ha desconcertado a los matemáticos debido a que muestra un patrón de números conocidos como terna pitagóricas. El misterio enorme, hasta ahora, era su propósito: porqué los escribas antiguos llevaron a cabo la compleja tarea de generar y de clasificar los números en esta tabla”, explica en un comunicado Daniel Mansfield, líder del estudio que descifró el enigma y que ha sido publicado en Historia Mathematica.


Una terna pitagórica es un conjunto de tres números, enteros y positivos, que cumplen con la famosa fórmula del triángulo pitagórico: a2 + b2 = c2. Los números enteros 3, 4 y 5 son un ejemplo conocido, pero los valores  que exhibe Plimpton 322 son considerablemente mayores con, por ejemplo, la primera fila que hace referencia al triple 119, 120 y 169.
“Nuestra investigación – continúa Mansfield – revela que Plimpton 322 describe las formas de los triángulos de ángulo recto utilizando una nueva clase de trigonometría basada en relaciones, no en ángulos y círculos. Es una obra matemática fascinante que demuestra un genio indudable. La muestra no sólo contiene la tabla trigonométrica más antigua del mundo, sino que también es la única tabla trigonométrica completamente precisa, debido al enfoque babilónico, muy diferente a otros, de la aritmética y la geometría. Esto significa que tiene gran relevancia para nuestro mundo moderno.La matemática babilónica puede haber estado fuera de moda durante más de 3.000 años, pero tiene aplicaciones prácticas posibles en topografía, gráficos por computadora y la educación. Este es un raro ejemplo del mundo antiguo enseñándonos algo nuevo”.

Una tabla trigonométrica permite utilizar una proporción conocida de los lados de un triángulo rectángulo para determinar las otras dos proporciones desconocidas. Hasta ahora se suponía que había sido el astrónomo griego Hiparco, que vivió alrededor de 120 años antes de Cristo, quien había desarrollado la trigonometría, con su tabla de cuerdas, considerado la tabla trigonométrica más antigua.


“Pero Plimpton 322  es mil años anterior a la tablilla de Hiparco –añade Norman Wildberger, coautor del estudio– Con ella se abren nuevas posibilidades no sólo para la investigación matemática moderna, sino también para la educación matemática, se trata de una trigonometría más simple, más precisa que tiene claras ventajas sobre la nuestra”
Leído en: ¿Qué tienen que ver Indiana Jones, los babilonios y la trigonometría?

27 de junio del 17

27/06/2017 § Deja un comentario

Se dice que en 1938, Chi Pu Tei, en chino: 齊福泰, un profesor de arqueología de la Universidad de Pekín, se encontraba con sus estudiantes en una expedición de exploración de una serie de cuevas en las inaccesibles montañas de Bayan Kara Ula, cerca del Tíbet, ya que supuestamente podrían haber sido talladas artificialmente en un sistema de túneles y despensas subterráneas.

Según esta supuesta historia, se dice que los exploradores habrían encontrado muchas tumbas con esqueletos de 1,38 m de largo enterrados dentro de ellas. Los esqueletos tenían cabezas anormalmente grandes y cuerpos pequeños, delgados y frágiles. No había ningún epitafio en las tumbas, pero en cambio, encontraron cientos de discos de piedra de 30 cm de diámetro”, a las que se llamó Piedras de Dropa, con agujeros de 8 cm de diámetro en sus centros. Sobre las paredes habrían sido descubiertos tallados, los cuadros del Sol naciente, la Luna, estrellas, la Tierra, montañas, y líneas de puntos que unen la tierra con el cielo. Los discos, y las pinturas rupestres se dice que datarían de aproximadamente 12.000 años.

Cada disco de piedra, según cuentan, habría sido inscrito con dos surcos finos que se mueven en espiral desde el borde al agujero central. Se dice que etiquetaron los discos con otros hallazgos de la expedición y los mantuvieron en la Universidad de Pekín durante 20 años. Todos los intentos de descifrarlos fueron inútiles.

Cuando los discos fueron examinados por el doctor Tsum Um Nui, en Pekín, alrededor de 1958, a diferencia de los demás investigadores, llegó a la conclusión de que cada surco consistía en una serie de diminutos jeroglíficos de origen y diseño desconocidos. Las filas de los mismos eran tan pequeñas que fue necesaria una lupa para verlos claramente. Muchos de los jeroglíficos estaban desgastados por la erosión. Cuando el doctor Tsum descifró los símbolos, revelaron la historia de un aterrizaje forzoso de la nave espacial Dropa y la matanza de la mayor parte de los sobrevivientes por habitantes del lugar.

Los Dropa también conocidos como Dropas, Drok-paDzopa, oen  chino 杜立巴, serían una supuesta raza de extraterrestres humanoides de baja estatura que habrían aterrizado cerca del Tíbet hace aproximadamente 12.000 años.

Según Tsum Um Nui, en una de las líneas de jeroglíficos se leía: Los Dropa vinieron de las nubes en su nave. Nuestros hombres, mujeres y niños se escondieron en las cuevas diez veces antes del amanecer hasta que al fin entendieron las señas de los Dropa y se dieron cuenta que venían con intenciones de paz…. Otra sección expresa pesar de los habitantes de la montaña, tribu de los Ham, porque los alienígenas habían estrellado su nave y no podían construir otra para regresar a su planeta.

El doctor Tsum informó de su descubrimiento en 1962. Sin embargo, no fu tomado en serio, hasta el punto que se  exilió a Japón, donde murió posteriormente. Se dice que la Academia de Pre-Historia de Pekín nunca permitió publicar o hablar de su hallazgo.


Debido a que Tsum Um Nui no es un nombre chino real, algunos críticos sugieren que ni siquiera existió. Otros aseguran que Tsum Um Nui es un nombre japonés adaptado al chino.

Información completa en: Dropa.

29 de marzo del 17

29/03/2017 § Deja un comentario

Ordenando los archivos del blog hemos encontrado otro legajo que seguro que a algunos les puede interesar. Vamos a ver si les gusta.

1890.Barcelona.jp2

Se trata del plano de la ciudad de Barcelona aprobado por el Ayuntamiento en 1840. Bajo la ilustración pueden encontrar el enlace a un jp2de alta definición [jpg2000] de 31.3MB que confiamos que puedan abrir. Hemos elegido este formato porque si lo traducimos a pdf nos resulta un documento de 332.8MB

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