13 de agosto del 2017

13/08/2017 § Deja un comentario

Seguimos con los aniversarios. El otro día conmemorábamos los 50 años de Surf en Zarauz. Hoy recordamos como en el mismo verano de 1967 se vivía el verano del amor.

El 7 de agosto de 1967, la subcultura hippy recibió el equivalente de una bendición papal. George Harrison hizo una visita rápida al barrio de Haight-Ashbury, en San Francisco. Habló con la gente, tocó la guitarra y posó para el fotógrafo que le acompañaba.

De alguna manera, todo aquello también era consecuencia de la beatlemanía: buena parte del rock de San Francisco estaba confeccionado por folkies, músicos de guitarra de palo que se electrificaron tras ver ¡Qué noche la de aquel día! Curiosamente, un año antes, los The Beatles habían dado su último concierto en la ciudad californiana, pero entonces viajaban en una burbuja y no se enteraron de lo que allí estaba fermentando.

Digamos que, ya en 1966, cristalizaba una rebelión contra los valores dominantes en la sociedad estadounidense, un rechazo de las instituciones. Y si preguntaban los motivos, una respuesta inmediata: Vietnam, una guerra insensata desarrollada por tecnócratas. Pero estas posturas no se distanciaban mucho de las de la Nueva Izquierda, afincada en la adyacente Berkeley y otras universidades. Lo extraordinario de San Francisco era la congregación de disidentes dispuestos a explorar nuevas formas de trabajo, de relaciones sexuales, de realización personal.

Sí, tenían conexión con los beats de la era Eisenhower, aunque esos veteranos les miraban con condescendencia. Les llamaron hippies con un matiz despectivo, como si fueran una versión degradada de aquellos hipsters retratados por Jack Kerouac y celebrados por Norman Mailer.

Nada de eso molestaba a los hippies. En comparación con las pandillas de beatniks, se sabían un movimiento masivo, producto del baby boom de posguerra. No habían conocido las estrecheces y se enfrentaban a un futuro donde, según la cantinela de los futurólogos, robots y máquinas harían el trabajo desagradable, convirtiendo la gestión del ocio en un problema central. Disponían de una música, una moda, una jerga propias. Una vida mejor gracias a la química, el lema publicitario de los años cincuenta, se había materializado en la píldora anticonceptiva y en drogas como el LSD, legal hasta octubre de 1966.

En San Francisco, se concentraron en Haight-Ashbury, un barrio bonito. Y barato: abundaban las casas llamadas victorianas, construidas después del terremoto de 1906, ahora desechadas por la clase media con aspiraciones. La ciudad siempre presumió de su tradición de tolerancia y eso evitó los automatismos represivos que habrían ahogado proyectos similares en otras latitudes. De hecho, el mote de la generación del amor fue una ocurrencia del jefe de policía de San Francisco, impresionado ante la elocuencia de sus cabecillas.

Esto es importante. El hipismo tuvo la buena fortuna de contar con gente audaz y preparada. Visionarios de la categoría de Ken Kesey, autor de Alguien voló sobre el nido del cuco, que difundió el LSD como una experiencia festiva y comunitaria. Eficaces organizadores de eventos como Billy Graham, luego principal promotor de conciertos de rock en Estados Unidos. Más criaturas voluntariamente marginales, como Augustus Owsley III, fabricante de millones de dosis de LSD de máxima calidad, o Emmett Grogran, inspirador de los Diggers anticapitalistas.

A primera vista, el Haight-Ashbury de finales de 1966 era un experimento social marcado por la promiscuidad y la abundancia de drogas. Esa carnaza, unido a la atractiva estética de sus protagonistas, hizo que funcionara como imán para los medios. De rebote, San Francisco se convirtió en una meca para adolescentes frustrados, dispuestos a escaparse de sus casas. Fueron los reportajes de prensa y TV los que hicieron la labor de promoción: aunque Jefferson Airplane publicaría sus mayores éxitos (Somebody to love, White rabbit) en 1967, el rock de San Francisco solo lograría impacto nacional tras el Verano del Amor.

Así que las cabezas pensantes se imaginaron cómo sería el verano de 1967 y planearon una respuesta a lo que percibieron como lo que ahora llamaríamos una crisis humanitaria. Una oleada de, tal vez, 200.000 personas que vendrían de fuera, dispuestas a sumergirse en un nirvana de paz y amor. A diferencia de los nativos, ignoraban que San Francisco tiene un clima húmedo y desapacible. Haight-Ashbury sencillamente no podía absorber semejante invasión.

Mientas Scott McKenzie triunfaba con San Francisco, (be sure to wear some flowers in your hair), un disco concebido en Los Ángeles, las autoridades locales discutían formas de disuadir aquel turismo no deseado. Fue la propia comunidad hippy la que reaccionó ante lo inevitable, con servicios que pretendían paliar el previsible desastre. Vía telefónica, el Switchboard proporcionaba información básica. La Communications Company imprimía en multicopista avisos que se difundían por calles y parques. Se puso en marcha la Free Clinic que, sin reproches morales, atendía los pasotes de drogas y las enfermedades de transmisión sexual. HALO, un colectivo de abogados, ofrecía respaldo legal. Y los Diggers se ocupaban de servir comida, conseguida mediante donaciones o robos.

Todo en un ambiente lúdico, donde circulaban todo tipo de fantasías. Durante unos meses, se difundió el rumor de que las pieles de plátano, convenientemente secadas y trituradas, tenían propiedades alucinógenas. Todavía no se sabe si fue una broma genial o el empeño de algún psiconauta en busca de nuevos colocones.

Muchos años después, batallones de sociólogos investigaron las dimensiones del Verano del Amor. Han comprobado que, en aquellos meses, el Haight-Ashbury era la residencia de unos 7.000 hippies; llegaron entre 50.000 y 70.000 aspirantes a instalarse allí. Por muchos pisos francos que funcionaran, la mayoría terminó por dispersarse. En general, no fue un gran trauma: coincidió con una creciente atracción por la vida rural, a veces organizada en comunas en los cercanos condados de Marin y Sonoma.

Evitaron así los años de decadencia, marcados por la epidemia de heroína. Esquivaron a monstruos como Charles Manson, que convertiría a su Familia en un escuadrón de zombis asesinos. No contemplaron la transformación de Los Ángeles del Infierno, motorizados compañeros de viaje, en un implacable grupo mafioso.

Hoy, el hipismo todavía provoca polémica. Resulta cómodo destacar el fracaso de su programa maximalista. Por el contrario, se necesita hacer un esfuerzo para apreciar sus aportaciones al modo de vida actual: la conciencia ecológica, la flexibilidad sexual, el vegetarianismo, el háztelo-tu-mismo que sugerían iniciativas como el Whole Earth Catalog; hasta las reglas que rigen en la World Wide Web tienen raíces contraculturales. Dejando aparte el folclor psicodélico, el mundo de hoy ha asumido mucho del hipismo de 1967. Y Haight-Ashbury fue su kilómetro cero.

Como es imposible hacer una breve selección de la música de aquél momento, les dejamos un enlace en el que, a través de Spotify pueden encontrar 89 canciones que fueron la banda sonora del verano del amor. Disfruten. https://open.spotify.com/embed/user/1233852097/playlist/5yJEzNXdGuXOW3jONvfA8V

Dedicado a aquellos que vivieron el sueño que conservan en su corazón.
Texto original: Paz y amor, verano del 67.

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11 de agosto del 17

11/08/2017 § Deja un comentario

Celebramos en estos días el 120 aniversario del descubrimiento del ácido acetilsalicílico, es decir, la Aspirina, nombre comercial acuñado por los laboratorios Bayer para esta sustancia.

El ácido acetilsalicílico fue sintetizado por primera vez por el químico francés Charles Frédéric Gerhardt en 1853, queriendo mejorar el sabor amargo y otros efectos secundarios del ácido salicílico como la irritación de las paredes del estómago, al combinar el salicilato de sodio con cloruro de acetilo; y luego en forma de sal por Hermann Kolbe en 1859.

No obstante, hubo que esperar hasta 1897 para que el farmacéutico alemán Felix Hoffmann, investigador de los laboratorios Bayer que, buscando un alivio eficaz contra los dolores que su padre sufría por un reumatismo crónico tratado con ácido salicílico además de importantes efectos secundarios, consiguiera sintetizar al ácido acetilsalicílico con gran pureza.

Muchos años después, en 1949, el que fuera jefe directo de Hoffmann, Arthur Eichengrün publicó un artículo reivindicando el descubrimiento. Se trataría de algo realmente sorprendente, que alguien reclame para sí un mérito 50 años después, cuando la aspirina ya llevaba décadas convertida en un fármaco famoso en todo el mundo. De hecho esta reivindicación fue ignorada por los historiadores científicos hasta 1999, fecha en la que el investigador de Walter Sneader de la Universidad de Strathclyde (en Glasgow), volvió a postular que fue Eichengrün quien tuvo la idea de sintetizar el ácido acetilsalicílico.

Posteriormente, en 1971, el farmacólogo británico John Robert Vane,  pudo demostrar que el AAS suprime la producción de prostaglandinas y tromboxanos, lo que abrió la posibilidad de su uso en bajas dosis como antiagregante plaquetario, ampliando enormemente su campo comercial y compensando el hecho de que, en la actualidad, su uso como antiinflamatorio de elección haya sido desplazado por otros AINE más eficaces y seguros.

​En 1985 la secretaria del Servicio de Salud de Estados Unidos, Margaret Heckler, anunció que la dosis de una aspirina diaria ayudaba en personas que habían sufrido un infarto de miocardio a prevenir nuevos ataques de isquemia coronaria.

​Durante la primera Guerra Mundial (1914-1919), la marca aspirina fue expropiada en los países ganadores, fundamentalmente Inglaterra, Estados Unidos y Francia; de tal manera que en estos países aspirin pasó a ser el nombre genérico de la sustancia.

Documenmtación: Ácido acetilsalicílico.

02 de agosto del 17

02/08/2017 § Deja un comentario

Hoy, hace 50 años, se podría decir que empezó el surf en Zarauz. Fue entonces cuando empezaron los jóvenes residentes en la Villa. El 2 de agosto de 1967 Juan Ignacio Aguirrezabala estrenaba la Barland/Rott que le había regalado a Alfonso Biescas su madre.

Sucedió en este orden porque el menor de los Chirri había cogido alguna ola en Sopelana y tenía cierta experiencia, mientras que Nito solo había conseguido probar unos breves minutos en julio de 1966 la tabla de Carlos Pradera en una de sus visitas a Zarauz.

Decimos que en tal fecha empezó a hacerse surf en nuestra orilla porque hasta entonces solo gentes de fuera, con visitas esporádicas de algún extranjero, de Carlos Pradera  y, especialmente, de los hermanos Arteche, Iñaki, Jose Mari y Javier, habían cogido olas en Zarauz.

Existe la posibilidad de que Luis Beraza y Jaime Prado empezaran antes a coger olas discretamente cerca del desierto pequeño, una suposición que se basa en que semanas más tarde se encontraron los dos grupos, el que hacía surf frente a Santillana y aquellos que hacían más hacia el Golf, sin preguntarse cuándo.

En el blog entendemos que no es importante quien fue primero. Si no hubieran sido ellos no hubiera pasado mucho tiempo en ser otros los que lo intentaran. Y esto es lo que aquí celebramos, los 50 años transcurridos desde aquel momento.

Fueron pocos los que entonces creyeron que fuera posible. Sin embargo, a partir de aquella tarde de verano, han sido escasos los días en los que no ha habido un residente, un veraneante o un simple visitante, cogiendo olas en el lugar.

Fotos: Archivo B&B.

22 de febrero del 17

22/02/2017 § Deja un comentario

Ahora que se cumplen diez (10) años de la aparición del primer smartphone es quizás el momento de preguntarnos cuántas apps nos hemos bajado y han quedado en el olvido. Aquí les explicamos el método para verlas todas y recordar como algunas eran verdaderamente estúpidas.

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Encendemos el aparato, ponemos el código, el número SIM, y si hay mala suerte también el PUK e incluso la huella. Si acertamos con todas las contraseñas precedentes, buscamos en el monitor el icono de la App Store.

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Buscamos Actualizar en la parte inferior derecha de la pantalla y llegamos a la ventana Actualizaciones. Le damos a Comprado y aunque puede tardar un poquito, nos dibuja los iconos de todas aquellas Apps que a lo largo de los años nos hemos ido bajando y a veces, olvidado.

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Si le damos a No en este iPhone, veremos todas las que no tenemos instaladas en ese momento. Repasándolas puede que encontremos alguna que tenemos olvidada y que nos puede ir muy bien ahora.

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Este método o proceso es igualmente válido para un iPad. Para los aparatos con Android hay que ir a la tienda Google Play. Allí ir al Menú que son las tres barritas de la izquierda arriba. En la ventana que aparece, vamos a Mis aplicaciones y videojuegos. Y allí están toditas todas las Apps.

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Si se prefiere hacer desde el ordenador, se abre el programa iTunes y se inicia sesión con la ID de Apple de la que se desea conocer las apps descargadas. Una vez aquí se selecciona la opción iTunes Store para una vez dentro seleccionar la opción Comprado mostrada en la parte derecha de la interfaz de iTunes.

Para buscar por el ordenador las Apps de Android IOS, como la cosa se complica, les dejamos el enlace y allí van haciendo, que ustedes saben: Mis aplicaciones Android – Google Play.

Documentación: MBV.

 

 

 

6 de noviembre del 16

06/11/2016 § Deja un comentario

Para celebrar el cumpleaños de Kike Lallana les ofrecemos El negro zumbón, un bayón.

Y para superar la resaca de la celebración, la Acuarela en Mi major para violín y piano de 1917, de Knudåge Riisager.

Y las sidras ¿cuándo?

03 de enero del 16

03/01/2016 § Deja un comentario

Como estamos en los fastos por el aniversario del nacimiento de Sibelius en Hämeenlinna el 8 de diciembre de 1865 y a petición de un par de lectores del blog, les ofrecemos el breve Andante festivo [JS 34b]

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Aunque esta obra es frecuentemente interpretada por orquestas, Sibelius la escribió en 1922 para cuarteto de cuerda. La versión original para cámara tiene menos timbre pero no por ello pierde su intrínseca belleza. Les ofrecemos aquí las dos versiones. La primera, por el Tempera String Quartet.

La segunda, para orquesta de cuerda con la Finnish Radio Symphony Orchestra (Radion sinfoniaorkesteridirigida por el propio Sibelius en la nochevieja de 1939

28 de diciembre del 15

28/12/2015 § Deja un comentario

Este manuscrito, uno de los tesoros más queridos en la British Library, es el original de Alice’s Adventures in Wonderland, por Lewis Carroll, seudónimo de Charles Dodgson, un matemático de Oxford. Dodgson se hizo amigo de las niñas Lorina, Alice y Edith Liddell, hijas del decano. En el verano de 1862 las entretuvo hablándoles de las aventuras de Alicia en un mundo maravilloso al que se accedía a través de la madriguera de un conejo. A Alice Liddell, que entonces tenía 10 años, le gustó tanto la historia que le pidió que se la escribiera. A Dogson le llevó un tiempo terminar el cuento en una pequeña libreta, dibujando 37 ilustraciones. En noviembre de 1864, Alicia recibió el cuaderno de 90 hojas con la dedicatoria a una niña querida, en recuerdo de un día de verano.

151228Original.pdf[14.9MB]

Para celebrar el 150 aniversario de Alicia en el país de las maravillas, la Casa Encendida de Madrid ha montado una exposición, que se puede visitar hasta el 10 de enero, con 80 ejemplares de diferentes ediciones, entre las que se incluye un ejemplar ilustrado por Salvador Dalí, una de cuyas imágenes nos sirve para incluir como pie de página el enlace a una edición de 1905.

151228.011905.Alicia.pdf[37.2MB]

El equipo del blog, les ofreceen en este post unas cuantas ediciones en pdf, que aunque pesan bastante, creemos que pueden ser de su interés. Bajo la imagen anterior les hemos dejado el enlace a una edición inglesa de 1905. Bajo la siguiente imagen les ofrecemos la edición de 1916 de Sam’l Gabriel Sons & Company, Nueva York, también en inglés y con unas maravillosas ilustraciones.

151228.031916.Alicia.pdf[22.9MB]

Bajo una de las más deliciosas cubiertas de las innumerables ediciones de Alicia en el país de las maravillas, les dejamos el enlace a un pdf en castellano del libro publicado en 2003, que pesa poco [1.1MB] y baja rápido por si andan con prisas, disponen de poco tiempo o les llega una señal wifi de pobre.

151221.012003.Alicia.pdg[1.1MB]

Como el blog desea ofrecerles lo mejor, bajo la siguiente ilustración pueden encontrar el enlace al pdf de una cuidada edición en castellano de 2012 con deliciosas ilustraciones, que a pesar de todo no pesa mucho [10MB]

151228.042012.Alicia.pdf[10MB]

Para terminar, el equipo del blog se ha esforzado en buscar y editar en un pdf más de 150 cubiertas diferentes. Aunque comprendemos que pesa mucho [144.5MB] y tarda alrededor de un cuarto de hora en bajar, les aconsejamos que se tomen la molestia de conseguirlo y disfruten admirándose de la creatividad de artistas y editores del mundo.

151228.06Cubiertas de Alicia [144.5MB]

Pueden encontrar más información en:
Lewis Carroll no era una maravilla
A veces casi desearía no haber escrito ninguno de mis libros
El sueño de Lewis Carroll
Tras el conejo que llega tarde

Documentación y textos:
Lewis Carroll’s Alice’s Adventures Under Ground
Alicia en el país de las maravillas

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