26 de abril del 17

26/04/2017 § Deja un comentario

Como llega el tiempo en el que vamos a empezar a coger aviones a todo meter porque nos vamos a ir de vacaciones por aquí y por allá, les vamos a explicar qué significa cada expresión que oirán una vez que estén colocados, preparándose para volar, despegar, etcétera.

Cerramos puertas y armamos rampas: No sé si se han fijado, pero uno de los últimos pasos antes de cerrar las puertas es contar de atrás hacia adelante y de delante hacia atrás el número de pasajeros. Si coinciden ambos recuentos, el finger se retira y el comandante da esta orden en tres pasos. No tiene mucho misterio ese cerrar puertas, pero ¿en qué consiste lo de armar las rampas? Como cada una de las salidas de emergencia dispone de un colchón hinchable para los casos de emergencia, se trata de quitar el precinto para que estas rampas se hinchen automáticamente cuando se abre la puerta ¿Qué pasa si la frase es doors to arrival and crosscheck o, en castellano, desarmamos rampas? Como bien habrá sospechado, se trata de desarmar las rampas, de forma que en el momento en que se abra la puerta, esta no se hinche con lamentables resultados.

Cross-check: Básicamente, comprobación cruzada. Es decir, revisar por partida doble un único procedimiento para contar con dos versiones. En caso de que los resultados no cuadren, uno de los dos miembros de la tripulación se habrá equivocado (como ocurre con el caso anteriormente citado del recuento de pasajeros), por lo que hay que volver a empezar.

Tiempo EFC: Si el piloto señala que el tiempo EFC, acrónimo de Expect Further Clearance, del vuelo es de 10 minutos, quiere decir que ese es el tiempo que va a pasar antes de que el avión despegue,,n exactamente espera hasta la autorización, generalmente después de haber pasado un tiempo en tierra a causa de una acumulación de vuelos en pista.

Bolsa de aire: Una de las principales causas por las que se puede producir una turbulencia. Se trata de cambios de temperatura en la atmósfera que desestabilizan a los aviones que las atraviesan. La sensación que experimentan los viajeros es la de que el avión se precipita hacia el vacío, aunque por lo general, el cambio de altura es menos sustancial de lo que parece por producirse de forma tan súbita.

Primer oficial: No, el primer oficial no es el comandante, como podríamos pensar por ese primero que jerarquiza la relación, sino el copiloto ¿Cómo distinguirlo? Aparte de que se sienta a la derecha del comandante, porque suele llevar tres rayas en su traje. Está tan cualificado como su compañero para dirigir el avión y de hecho se turna con él durante el vuelo.

ABP: Este término proviene del mundo de las azafatas y se utiliza para referirse a los pasajeros que en caso de emergencia pueden ayudar a los asistentes de vuelo. Se trata de una de las primeras cosas en las que las azafatas se fijan. Significa able bodied passenger, es decir, pasajero físicamente capacitado.

Papeleo de última hora: No hay constancia de este término en castellano, ni probablemente lo habremos oído por los altavoces del avión, pero de vez en cuando hay que llevar a cabo unos últimos cálculos relacionados con cálculo de peso y centrado, el plan de vuelo o los informes del equipo de mantenimiento que pueden llegar a retrasar el despegue.

PIL: Acrónimo de passenger information list, es decir, la lista con los pasajeros del vuelto. En ella también se reflejan las necesidades especiales que pueden tener cada uno de estos viajeros.

Cabina asegurada: Es el término que el jefe de cabina utiliza para que el resto de la tripulación sepa que todos los pasajeros están en su sitio, listos y preparados para que el avión pueda despegar. También se utiliza para asegurarse de que el pasaje está a salvo, sentado y con el cinturón puesto, durante una turbulencia.

Cabina estéril: Acuñado por la FAA o Federal Aviation Administration en los años ochenta, son todos aquellos momentos cruciales para el viaje en los que no se permiten las conversaciones irrelevantes, comer alimentos o en general todo aquello que puedan distraer a los pilotos. Además, durante estas fases no se puede entrar en la cabina del avión. Se trata, por ejemplo, el período que comprende entre que el avión comienza su rodaje hasta que ha estabilizado su altura.

Código Adam: Adam Walsh fue un niño secuestrado en un centro comercial en Hollywood, Florida, y que ha dado nombre a un código que se utiliza en aeropuertos para alertar a los trabajadores de que un niño se ha perdido.

Código Bravo: ¿Su objetivo? Que cunda el pánico, básicamente. Es un término utilizado cuando la alarma generalizada facilita identificar al potencial agresor, que se comportará de manera diferente al resto de pasajeros. Como señala Urban Dictionary, la utilización del término anuncia que hay un terrorista cerca y, por lo tanto, utilizarlo de una forma inapropiada o racista puede ser motivo de multa o sanción, o también tener el objetivo de poner nervioso al agresor. En los barcos tiene otro significado: Fuego.

Piloto pesado: No, no es que sufra sobrepeso o sea imposible quitárselo de encima después de tomarse tres copas. Se trata del piloto que acompaña al comandante y al primer oficial en los vuelos más largos para turnarse con ellos.

Entrando en pista para despegue, buen vuelo: Es la última frase con el avión en tierra. Lo dicen los pilotos cuando el avión está entrando en la pista de despegue y tiene permiso para despegar. Cuando se escucha, toda la tripulación ha de estar sentada y con los cinturones de seguridad abrochados. A partir de ese momento el avión empieza la carrera de despegue a potencia máxima.

Se apagan las luces de los cinturones: Esto es comunicación indirecta, una señal para la tripulación. Cuando los pilotos apagan la señal de cinturones, quiere decir que se han superado los 10.000 pies de altitud (AMSL) y que no hay turbulencias. Entonces es cuando la tripulación se puede levantar para empezar a preparar el servicio para el vuelo. Además, los pasajeros podrán levantarse para ir al baño o coger lo que necesiten de los compartimentos superiores, pero lo más recomendable es permanecer sentados con los cinturones abrochados.

Se enciende la señal de los cinturones: Esto quiere decir dos cosas, o bien que el avión se acerca a una zona de turbulencias y los pasajeros han de volver a sus asientos, o bien que se inicia la operación de descenso. En el segundo caso, no solo los pasajeros deberán volver a sus asientos, sino que la tripulación deberá a proceder a recoger los objetos que hayan consumido los pasajeros, comprobar mesas y cinturones, para volver a declarar lo que antes hemos comentado: cabina asegurada.

Documentación:
El código de los pilotos
Mensajes a bordo

22 de abril del 17

22/04/2017 § Deja un comentario

Sábado de primavera soleada. Aprovechemos el día para disfrutar. Y cuando ya no podamos más, peliculita para entretener el momento. Disfruten.

21 de abril del 17

21/04/2017 § Deja un comentario

Rogamos nos sea perdonado el retraso en subir el post correspondiente al día de hoy. La causa es el traslado a los cuarteles de verano. Esperamos seguir cumpliendo desde ellos nuestra obligación diaria.

20 de abril del 17

20/04/2017 § Deja un comentario

Al surf le han salido todo tipo de imitaciones y variantes. Empezó el patinete o skate, le siguió el windsurf y tras el single ski llegó el snow. Después, a viejos inventos como coger la ola que deja un barco se les puso un nombre moderno y se revitalizaron. Apareció el kite surfing y muchos otros hasta llegar al paddle. Y si creían que lo habían visto todo, aquí tienen el Motorized Surfboard, una creación de Joe Gilpin de 1948.


Indudablemente, lo mejor del invento es el modelo de quien lo disfruta en la foto. Traje y zapatos a los que acompañan guantes de paño y sombrero. Un caballero. Otro día les ponemos patentes de viejas tablas de surf, para que vean hasta donde llega la imaginación de los creadores del mundo del surf.

19 de abril del 17

19/04/2017 § Deja un comentario

El otro día se pusieron a hablar el Gafotas y el Bajito y se lió. Empezaron comentando cosas del blog y acabaron preguntándose curiosidades del otro.


Por ejemplo, el Gafotas, que es nuestro artista, le preguntó al Bajito si compartía la teoría de los colores de los pigmeos y empezaron a troncharse.

Con el Bajito es peligroso empezar a reírte porque acabas como los minions, haciendo travesuras, que es como mejor se puede acabar.

Respondió el Bajito que bongyisi define el color de la piel de un pigmeo que tiene la piel oscura. Dicen a bongyisi, es decir, es negro.

Según dijo, los pequeños también usan el color negro que se extrae de las semillas de un fruto de la selva, que se mezcla con un poco de carbón vegetal, para decorar su cuerpo. Esto se hace de ordinario, no sólo durante las fiestas. A este color se le llama ibhii, que es también el nombre del fruto.

Si hablamos de blanco decimos tomo: Se usa el color blanco de la arcilla del río para indicar que estamos de luto, es decir, didiima.

Cuando un pigmeo tiene la piel clara se usa el vocablo ngbomgbou que es la palabra para rojo y decimos a ngbomgbou, que significa es rojo.

Para las fiestas usamos el color rojo que extraemos frotando dos trozos de madera de un árbol de la selva. Entre los dos trozos ponemos un poco de arena para extraer bien el color. Al así obtenido lo llamamos onguue y así se llama también el árbol.

Y llorandso de risa, porque ninguno de los dos habla kinyarwanda, kirundi, rukiga o aka-baka-gundi, terminaron en suajili, que ambos chapurrean: ni wewe kidding?

Quisiéramos que este post sea un homenaje de admiración y respeto por las tribus de África y su forma de entender el color.

18 de abril del 17

18/04/2017 § Deja un comentario

Ya fingidas, ya certificadas, existen tradiciones que duda en propalar incluso la torpe disposición del que escribe despreocupado de delicadezas; y eso, porque teme que al hacerlo no conseguirá ni su satisfacción ni la del lector. Tales leyendas, indignas por sus protagonistas, muestran la oscura cara de la culpa y del odio; cabe así preguntarse si merecerán la memoria, pues exclusivamente incita a su recuerdo el temor de que quede oculta, si la tradición se silenciase, otra posible noticia sobre el origen de un nombre de lugar en Formentera.

Eran tiempos de miseria en la Pityusas; por carecer de todo muchos habían perecido de hambre, pues de solas yerbas y algún pececillo se alimentaban los más. Sin cosechas, por falta de lluvias durante varios años; sin ganados, ayunos estos de pastos; sin vestidos, por haber cesado todo trueque o comercio; sin pesca, por falta de utensilios; en fin, desnutridos y náufragos en todo mal se hallaban los habitantes de Formentera. De tales condiciones surgieron raras pandemias y contagiosos morbos. Una sucesión de encadenadas desgracias parecía arropar a la isla: llovieron hormigas, un viento del sur acercó una extraña enfermedad (o quizás no fue el viento, sino un cerdo hinchado, a medio corromper, que la mar dejó en Migjorn), se pudrió el agua en los aljibes, no había parto bueno, todo eran achaques.

Dos pequeños grupos de organización tribal se repartían entonces aquellas tierras; uno aposentado en torno a la escasa altura que hoy se denomina Es Puig Guillem, en Barbaria; el otro aproximadamente a levante de lo que ahora es el caserío de San Fernando. Siempre rivales, su enemistad se había concretado empero en formas de desprecio; es decir, había tenido como declaradas características una aparente ignorancia mutua y una perfecta insolidaridad. Por otra parte, mientras los miembros de una u otra tribu no sobrepasaran los confines determinados para las comunidades (límites que casi exactamente constituían la mitad del este y la mitad del oeste de la isla), ningún incidente podría ocurrir entre ambas colectividades.

Pero la miseria convirtió la indiferencia en odio y los intentos de rapiña dieron ocasión a continuos encuentros en lo que la carencia de comestibles limitaba la salvación de los heridos, que eran a veces rematados por sus propios compañeros. Era una elemental guerra entre pobres, una guerra sucia, de famélicos contra desnutridos, de enfermos contra malparados, de desengañados contra desesperados; el provecho, la más de las veces, unos puñados de trigo, una cabra flaca, unos pulpos secos: escaseces para engañar los vientres.

Al fin triunfó uno de los grupos —ni sabemos cuál, ni importa— y los depauperados vencedores no encontraron ya alimentos en el poblado de los vencidos. Se habían acabado los sigilosos ataques al alba, las acometidas a los corrales, las nocturnas marchas. ¿Qué hacer ahora con los prisioneros? No olvidemos que los motivos de aquella guerra habían sido el hambre y la miseria. De modo que decidieron respetar temporalmente la vida de los más resistentes y, maniatados, los encerraron en un murado recinto. A partir de ese día comenzaron a matarlos uno a uno; y uno a uno se los fueron comiendo. Pensaron que incluso había suficiente carne para mantener a los mismos prisioneros mientras llegaba su turno, y que así les duraría el ganado humano al menos durante toda una luna y podrían alargar su privación.

Solamente el antiguo jefe de los vencidos, un indócil gigante con la cara acuchillada, salido de la guerra sin lesión reprehensible, se negó a alimentarse con las carnes de sus compañeros. Famélico y depauperado como estaba, todavía le temieron y, aunque en el turno que habían establecido los vencedores el jefe enemigo iba a ser el último, lo madrugaron a morir para evitar una revuelta de los prisioneros.

Temores religiosos impedían que las matanzas (aquellos no eran sacrificios) se hicieran cerca del emplazamiento de la aldea; por eso el centenar de supervivientes —contamos a los vencedores y a los vencidos—residía ahora en las inmediaciones del carnicero lugar: una elevación pedregosa de escasa vegetación. Allí llevaban a los prisioneros cuando los sacaban de su encierro. Designada la víctima, entre cuatro la sujetaban, la obligaban a posar la cabeza sobre un tocón de pino y le cortaban el cuello de un hachazo.

Anticipadamente, como hemos dicho, le llegó el turno al jefe de los vencidos. Con aparente docilidad, que la fiereza de su mirada desmentía, subió al lugar. Casi toda la tribu enemiga se había congregado allí para presenciar la muerte. El condenado miró a los vencedores despaciosamente, recreándose en observarlos. Antes de colocar su cabeza sobre el tajo volvió a mirarlos; buscaba los rostros de sus enemigos y les sonreía. Era una mirada tan extraña que los que ocupaban las primeras filas retrocedían incómodos.

Cuando el hacha hábilmente manejada partió su cuello con un limpio corte, la cabeza del condenado rodó por el suelo; al detenerse, quedó plantada por la parte seccionada: era como si se asomara desde dentro de la roca sobre la que permanecía. Sea porque ello impidiera la pérdida de sangre, sea por otra causa natural o misteriosa, lo cierto es que la cabeza siguió aparentemente viva. Los ojos trazaron casi un semicírculo mirando a la gente allí agrupada, y la cabeza habló; se le oyó decir con tardanzas: —Malditos los que nos han comido, los que ahora están aquí y yo he podido ver después de muerto…

Y así fue. Otra epidemia exterminó en pocos días a la mayoría de los habitantes. Siete quedaron vivos; parece que ninguno de ellos había comido carne humana, ni tampoco acudido a presenciar el fin del jefe decapitado. (Esos siete pudieron haber sido los redimidos antepasados de las siguientes generaciones de formenterenses).

El lugar donde dicen que ocurrió todo lo que antecede es hoy conocido por el nombre de Sa Mirada. Cabe en lo posible que la tradición, en distintas lenguas, haya conservado el recuerdo del macabro hecho: la cabeza que miró y habló; tampoco sería insensato que el nombre se refiera a la excepcional panorámica que desde aquel sitio cabe gozar; es igualmente admisible que el topónimo aluda, en concreto, a la ventajosa situación de esa colina para observar la llegada de las barcas procedentes de Ibiza, una vez superados los Freos. No habiendo vestigios que confirmen o nieguen la leyenda, cabe desflecar todas las acepciones de la palabra “mirada”; y que el lector escoja el origen del topónimo.

Extraído de: Leyendas de Formentera.

15 de abril del 17

15/04/2017 § Deja un comentario

Aquí los tienen, perdidos en una loca competición. Disfruten con este delicioso corto de los Minions. Y no lo olviden, no pierdan ni las formas, ni el humor. Fair play, por favor.

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