19 de febrero del 19

19/02/2019 § 8 comentarios

LA ESTATUILLA

Dicen que en las postrimerías del pasado siglo se encontró en s’Espalmador [aproximadamente donde ahora aparece una charca salobre que poco o nada alivia la falta de agua potable en esta isla] una losa funeraria de blanda piedra aresnisca, más exactamente, de marés. Como un sacerdote de Formentera copió con paciencia mónacal la inscripción de la estela, aunque la losa ha desaparecido y nadie da ya razón de su paradero, podemos actualmente reconstruir sus renglones como sigue:

Una traducción relativamente aceptable de la inscripción sería la siguiente: A LOS DIOSES MANES DE FLAVIO PÓNTICO…LLAMADO EL PITYUSO…EL DESDICHADO AQUÍ REPOSA…ENGAÑADO POR EL HADO INICUO…TÚ QUE FUISTE HECHO DE LA FÉRTIL TIERRA Y A LA LLAMA Y HUMO ARDISTE-NADA ERES SINO LO QUE DESDEÑÓ EL FUEGO-AL ABRIGO DE LA LOSA YACEN HUESOS Y CENIZAS-PASÓ DE ESTA VIDA EL DÍA 2 DE LAS CALENDAS DE ABRIL*

* * *

Fue cuando Asdúbal volvió a conquistar primero las costas, y luego buena parte del interior de la península ibérica; quizá fue algo después, cuando Anubal, que amplió la conquistas, pensaba ya en partir hacia el Ródano y los Alpes para bajar desde ellos hasta el corazón de Roma.

Digamos pronto cómo era la estatuilla. Representaba a la diosa Astarté, reina de los cielos, dueña del rayo, imaginada quizá bajo la advocación de Ba’alat, la bienamada, o tal vez bajo la de Tanit, la marinera, la Señora cuyo nombreno debe pronunciarse. Les asombró por lo pesada; mucho más de lo admisible razonablemente si declaramos que medía alrededor de palmo y medio de altura. Había llegado en uno de aquellos barcos de extensa vela, veinte remos y prolongado espolón de bronce en la proa, que se fabricaban en los astillertos de la vencida Tartessos. La encontraron en el castillete de popa; era la única pieza no habitual en una nave guerrera de tal naturaleza [de casco estrecho y largo, ligera, inapropiada para el transporte de presas o botines, útil tan sólo para constituir la vanguardia de una flota y para realizar descubiertas]

La púnica nave se había partido, cuando buscaba el Freo mayor, debido a un repentino y fuerte temporal de llebeig: a duras penas consiguió el piloto varial el rumbo del quebrado casvo, burlar los escollos del islote Gastabí, y penetrar en la arenosa cala del sur de s’Espalmador, donde logró embarrancarlo.

No nos extenderemos en contar cómo ocurrió; digamos solamente que casi toda la guarnición romana acudió a los despojos, del mismo modo que los cangrejos se llegan a la carnada arrojada en la orilla; digamos también que los náufragos de Cartago gueron gozosamente alanceados.

Tenía la estatuilla una inscripción en la base; en caracteres fenicios decía: Defiendo a mi pueblo, y el enemigo [más bien traduciríamos: el enemigo infiel] me teme. No era de oro, ni de plata, ni de cobre, ni de plomo, ni de ningún otro metal conocido; era de un metal que no existe en este mundo, y de densidad inestable por lo que veremos. Se hizo necesario juntar tres robustos legionarios de manos como panes -casi no podían asirla entre los tres- para traladarla a la orilla. A sus compañeros les asombró, al verlos jadear, que una estatuilla de escasamente treinte centímetros de altura, y poco más de diez de anchura máxima, pudiera resultar tan pesada.

Construyeron en la orilla unas parihuelas y , ya entre cuatro, intentaron llevar la estatua al interior de la isla, hacia su campamento. Después de andar unas decenas de metros, la madera de las angarillas se rompió por el peso; fue preciso construir una nuevas con más gruesos troncos. Esta vez para transportar la pequeña estatua juntaron sus fuerzas seis porteadores. Cuando Astarté [o Tanit, o Ba’alat] llegó al rectangular campamento remano, emplazado en la parte más alta del Espalmador, a estadio y medio de la playa, ya la llevababn entre doce hombres, y casi no podían con ella.Necesario será un inciso paraaclarar los motivos de tal campamento romano. Permanecía allí em manípulo casi un año, sin otro propósito que acechar noche y día el posible paso de una flota cartaginesa; de avistarla, tenían los legionarios orden de no combatir, más bien disimular su presencia, con el propósito de esperar hasta la desaparición de la última nave en el horizonte, y partir entonces hacua Cerdeña para dar cuenta a su romana guarnición del número y características de las naves enemigas. Otro destacamento semejante de la misma cohorte estaba apostado en es Vedrá para cubrir distinta ruta hacia el golfo de León. Como el número de soldados parecía escaso para presentar combate en caso de desembarco enemigo, el centurión Flavio Póntico había optado por acampar en Espalmador que en Formentera, pues además vigilaba así los freos más de cerca. Ocupaba el el campamento la superficie de un heredium, es decir, fotmaba un cuadradode doscientoscuarenta pies de lado [expresado en metros, ochenta por ochenta; o sea, seis mil cuatrocientos metros cuadrados]; estaba protegido porc cuatro achaparradas torres, den sus ángulos; y contaba con dos puertas enfrentadas, una al Noeste y otra al Suroeste. Complementemos la explicación del caso diciendo quede los seis triremes en que habían acudido allí, uno sólo mantenían a flote: los otros cinco, por mejor ocultarlos, los habían varado en ses Ampolles y cubierto de ramaje. Constituían su posibilidad de regreso a Cerdeña primero y a Roma después.

Flavio Póntico ordenó que instalasen la estatuilla en el interior del campamento y allí, colocada sobre unas gruesas piedras planas que parecieron capaces de resistir su creciente peso, la estudió con detenido interés. Era un hombre culto, veterano de las guerras de Oeiente, y supo descifrar el mensaje… Defiendo a mi pueblo, y el enemigo me teme. Largo rato meditó el centurión antes de dar la orden; pero los supersticiosos terrores superaron a la codicia. y al fin mandó a sus hombres que volvieran a tomar la estatua y la arrojasen del campamento.

Mas ya fue imposible, ni los esfuerzos unidos de todos los legionarios consiguieron arrastrarla fuera. Tiraron y empujaron; apalancaron bajo las piedras que la sustentaban, la envolvieron en una red de cuerdas; todo fue inútil: las palancas y las cuerdas se rompían. Fabricaron rodillos para deslizarla sobre ellos; pero no pudieron colocarla encima. Hicieron poleas de gruesos cabos; mas el ánimo conjuntado de cincuenta hombres antes las quebró que resultaran útiles. Gritaron, rogaron, lloraron, blasfemaron, sdaron. Dos legionarios malheridos y otros tres reventados por el sobrehumano esfuerzo: ese fue el logro. Flavio Póntico comprendió que se hallaba ante una situación misteriosa y, probablemente, maléfica para sus guerreros y para el mismo; a sus hombres se les hizo incomprensible la orden que dió: abandonar el campamento y pasar a Formentera, huir de la fenicia imagen, huir de la diosa.

La tarde iba cayendo. El planeta Venus lucía en el horizonte. Entonces ocurrió. La estatua explotó con gigantesca potencia. Las islas se estremecieron, una huracanada onda expansiva arrancó los árboles y las rocas; y como una inmensa tea todo ardió enla superficie del Espalmador y del extremo norte de Formentera. Si alguien hubiera podido quedar vivo, a la mañana siguiente, una vez disipado el polvo, el humo, habría visto la isla calcinada, arena que todo lo cubría, y una charca que ocupaba el lugar en el que estuvo el campamento; se habría asombrado de las variaciones topográficas del canal entre Formentera y Espalmador. Un físico quizá podría explicarnos cómo y por qué un metal [¿qué metal?] puede en pocas horas aumentar mil veces su densidad, y luego explosionar.

Dos noches después de la destrucción, las velas al viento favorable, una gran flota púnica cruzó es freus hacia Levante; pero nadie pudo avisar a Roma. Astarté [o Ba’alat, o Tanit] había defendido a su pueblo.

*La letra A tiene que ser la inicial de abril. El otro único mes que también comienza con A es agosto; pero, hasta el año 24 antes de Jesucristo, el mes de agosto se denominó sextilis, como todo el mundo sabe. Siendo esta historia muy anterior al año 24, no cabe sino aceptar que el tránsito al que alude la losa tuvo lugar en primavera.

Capítulo I de Leyendas de Formentera por J. L. Gordillo.

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