04 de abril del 17

04/04/2017 § Deja un comentario

En Cuenca, ciudad de misterios, enigmas y empedradas calles repletas de pasajes históricos, se cuenta una leyenda en la que un joven se enamoró de una bella dama, la más hermosa que jamás había pisado las calles de la ciudad, pero la cuál escondía tras su belleza un terrible secreto.

Bajando desde la calle Pilares, se llega a la ermita santuario de las Angustias. Erigido el conjunto en el siglo XIV, es el lugar donde se sitúa la leyenda.

Vivía por estas calles un hermoso muchacho, hijo del oidor de la villa. El joven perseguía una tras otra a todas las doncellas casaderas del lugar y, luego de cortejarlas y conseguir sus propósitos, las dejaba plantadas.

Un día conoció a una dama forastera recién llegada a la ciudad, extraordinariamente bella y además, seductora. Cuando pasaba por las calles, las mujeres bajaban la mirada y de reojo miraban qué hombre era aquél que se atrevía a sonreírle, pues su belleza a todos intimidaba.

Un buen día, el joven de quien hablábamos decidió lanzarse y presentarse. La hermosa mujer le correspondió dándole su nombre, Diana. Pero viendo sus claras intenciones, le daba largas.

El muchacho se obcecó con ella y con hacerla suya, algo que ella le ponía difícil. Hasta que una mañana, en vísperas de Todos los Santos, ella le hizo llegar una nota en la que había escrito con elegante caligrafía: Te espero en la puerta de las Angustias. Seré tuya en la Noche de los Difuntos.

Esa noche se arregló con las mejores ropas y las fragancias más sublimes que guardaba para las ocasiones especiales y salió a conquistar a la dama.

Retumbaban los truenos y el cielo se iluminaba con los rayos cuando acudió a la cita, a pesar del temporal que recogía a la ciudad en sus casas.

Al llegar, la encontró en el atrio y la abrazó. Ella le respondió con besos que hicieron arder de pasión al joven, quien comenzó a levantar la falda de su amada.

Cuando descubrió sus piernas, vio que llevaba botines altos. Comenzó a quitarle el derecho en el momento que cayó un rayo que iluminó el pie de la joven, que no era tal sino una pezuña siendo su pierna la de un macho cabrío.

Aterrorizado, el joven tiró el botín y salió corriendo, abrazándose a la cruz que hubo en la puerta de las Angustias. Ella, que era el mismísimo diablo, con una voz profunda y cavernosa, lanzaba carcajadas que resonaban en las antiguas piedras del santuario mientras se abalanzaba sobre él, lanzándole un zarpazo al tiempo que un trueno ensordecía la noche.

Cuenta la leyenda que cuando abrió los ojos, vio que el zarpazo le había rozado el hombro y había dejado una marca en la piedra, todavía humeante.

Y allí, en la puerta de este lugar, se puede ver la famosa cruz a la que el joven se acogió para salvarse del zarpazo del diablo, que quedó grabado en la piedra y que todavía puede verse.

Fuentes:
www.lanaveva.wordpress.com
La leyenda de La Cruz del Diablo
Leyendas españolas

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