07 de marzo del 17

07/03/2017 § Deja un comentario

Un cuento irlandés empieza con un viajero que sigue el débil sonido de un martillo que suena en un espeso bosque. Cuando, siguiendo los golpes se adentra en la espesura, se encuentra con un duende masculino. Es un leprechaun, criatura que pertenece al folklore de Hibernia.

Cuando el leprechaun ve que le han descubierto, suele mostrarse amable hasta que su visitante le pide que le diga dónde esconde el oro. Entonces puede agarrar un berrinche tremendo, niega tener oro y señala un imaginario enjambre de abejas o un árbol a punto de desplomarse, o hace lo que sea para distraer a su captor. En el mismo instante en que el humano le quita los ojos de encima, el leprechaun se esfuma.

Un leprechaunen irlandés leipreachán, es un duende o ser feérico, es decir, un ser de naturaleza dual: material y espiritual, masculino, que habita en la isla de Irlanda desde antes de la llegada de los celtas. Suelen adoptar la forma de hombres viejos que disfrutan realizando travesuras.

Se dedican a fabricar o arreglar zapatos. Se dice que son muy ricos, ya que custodian muchas vasijas de barro (calderos) llenas de tesoros que fueron enterradas en periodos de guerra. Según la leyenda, si alguien logra fijar la mirada sobre un leprechaun, éste no puede escapar, pero en el momento en que se deja de mirarlo, desaparece.

Pueden volverse sorprendentemente generosos y, en un abrir y cerrar de ojos, comprar su libertad con una bolsa repleta de monedas de oro. Pero cuando los leprechaun regalan oro es mejor no endeudarse demasiado pronto, pues su regalo se convierte enseguida en cenizas o desaparece por completo. Se dice que, si el leprechaun es recompensado de buena fe con algun objeto valioso, te dara mucha suerte en el hogar y durante tu vida.


Su estatura varía entre los quince centímetros y algo más de medio metro, y pueden tener cara traviesa y digna a la vez. Muchos tienen barba y fuman en pipa. Cuando están trabajando, suelen usar un delantal de cuero de zapatero y un pequeño martillo con el que fabrican o arreglan pequeños zapatos de talla de hada.

Si no fuera por el delantal y el martillo, el Bajito podría ser un leprechaun ejemplar, porque además de su tamaño es bien sabido de su gusto por hacer travesuras. Y sí, en cuanto le pierdes el ojo, desaparece.

Documentación: Leprechaun

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