05 de agosto del 16

05/08/2016 § Deja un comentario

Este año se cumplió el septuagésimo segundo aniversario de la muerte de Antoine de Saint-Exupéry a los mando de su avión Lockheed P-38 Lightning, uno de los aviones americanos de combate más espectaculares de la II Guerra Mundial.

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Murió en una acción de guerra bastante rutinaria sobre el Mediterráneo al sudeste de Marsella. Se trataba de una misión de reconocimiento y fotografía aérea que acabó mal. A Saint Exupéry no se le permitían misiones de combate debido a su edad ya que superaba los 44 años y en aquellos años eras un viejo para la guerra a los cuarenta. Quiso servir en la aviación de la Francia Libre pero De Gaulle le tenía tiña ideológica correspondida y no se lo permitió, de ahí que se alistara con los americanos.

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El Lockheed P-38 Lightning era una fiera, pero probablemente el de Saint Exupéry no iba armado hasta los dientes al estar preparado para reconocimiento fotográfico. Había salido de la base aérea de Bastia en Córcega. El caso es que desapareció en el mar el 31 de julio de un verano soleado de 1944 sin dejar rastro.

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Se habló de posible suicidio dado el estado depresivo en que Saint Exupery se encontraba y se especuló con muchas cosas más. El misterio de su desaparición, sin embargo, abrió un resquicio en 1998 que acabó siendo deslumbrante cuando el pescador Marsellés Jean Claude Bianco encontró entre sus redes un nomeolvides de plata con el nombre de Antoine completo. Jean Claude, un pescador culto, se puso en contacto con la familia pero no se fiaron de él.

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Herido en su amor propio fue a buscar la ayuda de profesionales de salvamento submarino que dieron, un par de años más tarde, con los restos del avión a 85 metros de profundidad. Los números de serie del motor confirmaron que se trataba del P-38 223 de Saint Exupery.

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De ahí se pasó a consultas con expertos en la historia de la Luftwaffe y a peinar los archivos de operaciones alemanas en la zona a finales de julio del 44 y, finalmente, ponerse en contacto con las asociaciones de pilotos alemanes de la II Guerra Mundial publicitando el tema. El resultado fue sorprendente y muy literario. Apareció el piloto que abatió a Saint Exupery, sabiéndose entonces lo que había sucedido en realidad.

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Un periodista deportivo ya jubilado, octogenario, llamado Horst Ripper, quien sesenta y cuatro años después de los hechos contó la historia y alguna cosa más que leída en una obra de ficción sonaría forzada. Aquella mañana de julio Ripper pilotaba un Messerschmitt Bf-109, el caza emblemático alemán de aquella guerra que se estrenó en la de España con la Legión Condor.

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Ripper vió a Saint Exupéry de lejos, bastante más bajo y se dio cuenta que el P-38 no lo había visto a él, por lo tanto era un blanco muy fácil. Si no sales zumbando te disparo, pensó. El Lockheed hubiera podido escapar fácilmente porque era más rápido que el Me-109, pero no hizo nada. Ripper cayó en picado sobre su contrario disparándole a las alas en lugar de hacerlo a la carlinga y matar directamente al piloto, algo que quedó corroborado al encontrar el avión sin impactos en el habitáculo del piloto. Le dio y vio al P-38 caer al mar sin que el piloto se lanzara en paracaídas, cosa que le resultó extraña.

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Los pilotos de ambos bandos se enteraban de la identidad de los pilotos contrarios abatidos y la circunstancias en que había tenido lugar la pelea interceptando mensajes del enemigo, de forma que podían estar bastante seguros de quién de los suyos había abatido a quién de los otros. Ripper se enteró de quien era su víctima y el asunto no hubiera ido a más de no ser por el hecho fatídico e increíble de que él era lector de Saint Exupèry desde la adolescencia y había aprendido a volar inspirado por sus libros.

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Quedó devastado y cargó con esa culpa durante casi setenta años hasta que finalmente, gracias a la obcecación de Jean Claude Bianco la historia retornó a él y decidió entonces contarlo todo, quizá para poder morir tranquilo.

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Cuando eres artista, al menos de la manera que yo lo entiendo, vuelas solo, de noche, sin instrumentos, guiándote por las estrellas hasta que topas con nubes de tormenta y visibilidad cero. Es entonces cuando tienes que mostrar la fibra de que estás hecho.

Texto:Francesc Torres.
Fotografías: Internet.

Post realizado gracias a la colaboración del marciano k1m.

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