25 de mayo del 16

25/05/2016 § Deja un comentario

Seguimos con los gigantes, que haberlos haylos. O los hubo. Como Agustín Luengo Capilla, el Gigante extremeño.

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Agustín Luengo Capilla nació en el seno de una familia humilde en el año 1849, en Puebla de Alcocer, Badajoz. Debido a  una acromegalia o gigantismo genético, los huesos de su cráneo y extremidades se desarrollaron muy rápido y brutalmente desproporcionadas. Llegó a alcanzar una estatura de 2,35 m, que lo convirtió en el hombre más alto de España, récord que ostenta aún en la actualidad. La ciencia, viendo en él una rareza antropológica, compró su cuerpo en vida y hoy sus restos reposan en una urna de metacrilato del Museo Nacional de Antropología de Madrid, donde continua siendo una verdadera atracción para sus visitantes.
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Agustín vivió desde siempre en una casa de reducidas dimensiones. Sus padres adaptaron la casa al tamaño de su hijo e hicieron numerosas reformas, como agujeros en las paredes para sujetar las largas y pesadas tablas de su cama.160525.03

De su infancia se cuenta que fue un niño muy enfermizo. Con 12 años se puso a trabajar como atracción de circo, nada menos que un ser humano de cuerpo grotesco exhibido 
para divertimento y asombro de los visitantes. Su espectáculo consistía en mostrar sus grandes manos, de 40 cm de largo, capaces de ocultar un pan de 1 kg y sostener una cuartilla de grano.

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Allí lo conoció el rey Alfonso XII, quien le regaló un par de botas del número 52. Una de ellas se muestra en el 
Museo etnográfico de Puebla de Alcocer, donde se exhibe también el cartel anunciador del circo, un retrato de él a tamaño natural junto a un hombre de estatura media. Descendientes suyos conservan un lienzo de su imagen y algunos objetos personales, como calcetines y un gorro de terciopelo carmesí.

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El doctor Velasco, director entonces del Museo Nacional de Antropología, propuso comprarle su cuerpo. Una vez fallecido, su cadáver quedaría expuesto en el museo antropológico de Madrid. Se pagó por él 3.000 pesetas de las de entonces, de las cuales, 1.500 se hicieron efectivas en vida al propio interesado, a razón de 2,50 pesetas diarias, y las restantes fueron debidamente pagadas a sus herederos.
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Agustín aceptó la propuesta. Se trasladó a Madrid y empezó a disfrutar la vida con la seguridad de tener dinero para vivir. Se cuenta que, sin preocupaciones económicas, el fabuloso Agustín llevó una vida de excesos. Al Dr. Velasco no le hacía mucha gracia su estilo de vida. Al parecer, a las reprimendas del doctor el gigante respondía jocosamente que no se preocupase tanto, cuanto antes muriese, antes tendría su deseado cuerpo y menos gravoso sería para su bolsillo. Poco tiempo después, al gigante le diagnosticaron una tuberculosis ósea en estado muy avanzado, muriendo muy joven, a la edad de 28 años y poniendo fin a una vida desgraciada.

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Se confeccionó entonces un molde en yeso de su cuerpo, que fue diseccionado, investigado y, finalmente, esqueletizado. Hoy, Agustín Luengo Capilla, el Gigante extremeño, un hombre que fascinó a tanta gente por su estatura, descansa en una vitrina de la sala museo, cerca del busto de su comprador, el Dr. Velasco.
Post extraído de La increíble historia del Gigante extremeño.

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