09 de agosto del 15

09/08/2015 § Deja un comentario

Como quizás a esta hora están ustedes tomándose el café del desayuno, les ofrecemos de nuestro admirado Johann Sebastian Bach, la cantata profana BVW 211, conocida como la cantata del café.

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Esta especie de oratorio, con texto de Picander, se estrenó en el Collegium Musicum de Leipzig hacia 1734. La partitura emplea tres cantantes, flauta, cuerdas y continuo. El divertido texto, quizás el mejor que escribiera el modesto poeta, está compuesto como un oratorio cómico. Un tenor, en el estilo del evangelista de las Pasiones, explica la historia al comienzo y, de nuevo, al final. Como en la cantata Febo y Pan, en esta obra vemos dos generaciones que se enfrentan; pero en esta ocasión vencen los jóvenes. El origen del texto es una sátira del propio Picander publicada en 1727, que narra cómo, al prohibir el rey de Francia el consumo del café, los habitantes de París morían en casa como diezmados por terrible epidemia.

El libreto nos introduce en el mundo burgués de Leipzig. La cantatadice Werner Neumannes una deliciosa sátira del vicio del café, entonces de moda entre los burgueses de la ciudad; desde finales del siglo XVII se había extendido en la ciudad de las ferias, en donde muchas casas de café de reputación variable, le habían abierto sus puertas. En un establecimiento muy conocido, el Café Zimmermann de la Calle Catalina, Bach ofreció durante diez años sus conciertos públicos a la cabeza del Collegum Musicum universitario; estas audiciones eran al aire libre únicamente durante los meses de verano, en el Jardín Zimmermann de la Puerta de Grimme los miércoles entre las cuatro y las seis de la tarde. Es facil imaginar que la cantata nació en este medio. La frívola historia de Lieschen, niña caprichosa apasionada por el café, que no se deja intimidar por su padre regañón, y que sólo ofrece renunciar a su vicio ante la promesa de un esposo, debió provocar comprensivas sonrisas, no sólo en el Café Zimermann sino en la casa misma del cantor. Bach dibujó el cuadro plástico de dos personajes de caracteres opuestos con mucho humor y arte consumado de la pintura musical. Argumentos y réplicas se entrelazan en un diálogo divertido en el que se combinan diestramente las dos arias líricas de la doncella maliciosa y las dos malhumoradas del padre severo. En un apéndice agregado al texto de Picander, el éxito de la astucia del padre es rebatido por la astucia de Lieschen; y la obra termina con una conclusión conciliadora y un trío divertido con estribillo. Este apéndice es atribuido al mismo Bach quien, por razones de equilibrio musical, hubo de ampliar la breve parte del narrador. Con justicia se cuenta esta cantata entre las obras más logradas de Bach en el campo de la música profana. Aunque es fácil imaginar su representación escénica, no es indispensable para su éxito artístico.

Texto traducido al Español
Narrador:
Silencio, no habléis,
y oíd lo que sucede:
Ahí viene el señor Schlendrian
con su hija Lieschen,
y él gruñe como un oso,
¡oíd lo que ella le ha hecho!

Schlendrian:
¡No son suficientes los cien mil problemas
que se tienen con los hijos!
Lo que todos los días
a mi hija Lieschen digo
es del todo inútil.

Schlendrian:
Niña mala y díscola,
¡ay, cuándo lograré mi propósito,
deja el café!

Lieschen:
¡Padre, no seáis tan estricto!
Si no puedo tomar al día
tres tacitas de café,
quedaré, para mi mal,
más flaca que una cabra.

Lieschen:
Oh, cómo sabe el delicioso café,
más exquisito que cien besos,
más dulce que el vino moscatel.
Café, café tengo que tomar,
y quien quiera complacerme,
¡ah, que me dé café!

Schlendrian:
Si no dejas el café,
no irás a ninguna boda,
ni tampoco a pasear.

Lieschen:
¡Ah, bueno!
¡Pero dejadme el café!

Schlendrian:
¡Ah, la pequeña mona!
No te daré faldas con aros, como es la moda.

Lieschen:
Me conformaré fácilmente.

Schlendrian:
¡Ni saldrás a la ventana,
ni verás pasar a nadie!

Lieschen:
También eso, ¡pero por favor,
dejadme el café!

Schlendrian:
¡Ni tampoco te daré
una argolla de plata u oro
para tu pañoleta!

Lieschen:
¡Bueno, bueno, pero dejadme mi gusto!

Schlendrian:
Caprichosa Lieschen,
¿entonces cedes en todo?

Schlendrian:
Las muchachas tercas
no son fáciles de convencer.
Pero si se encuentra la manera,
¡ah, se puede lograr!

Schlendrian:
¡Harás lo que tu padre diga!

Lieschen:
Todo, menos lo del café.

Schlendrian:
Bien, entonces tendrás que resignarte
a no tener jamás un esposo.

Lieschen:
Ah, padre, ¿un esposo?

Schlendrian:
Juro que no lo tendrás

Lieschen:
¿Hasta que no deje el café?
¡Entonces lo dejaré para siempre!
Oíd, padre, no lo tomaré más.

Lieschen:
¡Hoy mismo,
querido padre, dámelo!
¡Ah, un esposo!
¡Esto sí que me conviene!
Si fuera pronto
que en lugar del café
antes de irme a la cama,
tuviera un gallardo enamorado.

Narrador:
Ahora el viejo Schlendrian va a buscar
cómo puede encontrar para su hija
muy pronto un esposo.
Pero Lieschen en secreto dice:
Ningún novio entrará en esta casa
si antes no me promete,
en el contrato matrimonial escrito,
que me será permitido
cuando lo desee preparar café.

Todos:
El gato no deja los ratones
y a las jóvenes les gusta el café.
La madre ama el café,
la abuela también lo toma,
¿quién culpará a la hija?

 

Documentación: Cantata 211: Cantata del café

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