09 de noviembre del 13

09/11/2013 § Deja un comentario

Decía el otro día el Bajito que recuerda con cariño aquellos baños de la infancia, antes de cenar, con patitos flotando por entre la espuma. Recuerdos de un tiempo feliz e inocente. Pero hablemos de los patitos de goma.

131109.01Un patito de goma es un juguete, en forma de pato, que se hace de caucho o goma, o de algún material similar. A pesar de su nombre, casi todos los patos de goma contemporáneos se hacen de plástico de vinilo. La forma más popular del pato de goma es el juguete diseñado para flotar dentro de la bañera. Pero hace años se hicieron famosos por navegar contra viento y marea medio mundo, enfrentándose a temporales y calmas, para llegar a tierras lejanas cual arriesgados aventureros. Les recordamos la historia tal como la contó en el País T. KOCH un día de marzo de hace un par de años.

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Probablemente al principio tuvieran miedo. Una cosa es una bañera. Otra, el océano. Pero finalmente debieron de cogerle gusto, dado que algunos siguen dando vueltas por el globo 19 años después. Ahora, los 28.800 patos amarillos (la mayoría), castores rojos, ranas verdes y tortugas azules de plástico que en 1992 cayeron de un barco que navegaba por el Pacífico, hasta podrían volver a encontrar a sus antiguos amigos. El periodista estadounidense Donovan Hohn ha reconstruido, en su primer libro Moby-Duck, trayectos y destinos de la mayoría de los juguetes y de otros objetos que flotaron por el mar, en una mezcla de ternura, picos sonrientes, corrientes oceánicas y polución.Tenía que ser un trabajo corto. Me ha costado sin embargo cinco años y viajes por todo el planeta.

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El 10 de enero de 1992 una tormenta sorprendió cerca de las Islas Aleutianas a un carguero que cruzaba el océano Pacífico de Hong Kong a Washington. Doce contenedores cayeron por la borda, uno se abrió y llenó el mar de miles de juguetes producidos por la compañía china First Years Inc. Los animalitos se dispersaron, presas de las corrientes oceánicas. Un naufragio conmovedor que una compañía de coches aprovechó años después para un vídeo publicitario. Pero desde el principio el asunto cogió también otro camino, más serio.

Varios oceanógrafos se dieron cuenta de que los patos que tocaban tierra solían desembarcar en determinadas zonas. Hasta llegaron a realizar un mapa que se basaba en las corrientes y reconstruía los trayectos de navegación de los patitos. El oceanógrafo y cazador de juguetes náufragos Curtis Ebbesmeyer encontró el punto exacto en el que el container se había caído. Y, según contó a The Independent, aprovechó los desplazamientos de los juguetes, para estudiar el giro oceánico, una gran corriente constante y circular del Pacífico Norte, entre Japón, Alaska e Islas Aleutianas, descubriendo por primera vez que un objeto tarda tres años en completar el ciclo.

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En 2005 Hohn, fascinado por esta aventura, empezó a tirar del hilo. Su investigación le llevó a contactar con Ebbesmeyer, del que recibió una sorprendente respuesta: No puede cazar a los patos por teléfono. Tiene que salir de casa y buscarcomo publicó The New York Times. Hohn le tomó la palabra. Primero fui a China, a la fábrica donde construyeron los patos, explica. Y luego empezó a recorrer los sitios del mapa. Escocia, Hawai, incluso cogió un crucero para viajar por el mar Ártico. Una larga ruta con un imprevisto agradecido: En una playa escondida y desierta, en Alaska, encontré a un castor de plástico, escondido bajo un árbol. No contaba con que a lo largo de mi ruta hallaría a uno de los animalitos.

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El castor, que en un tiempo fue rojo y ahora es más bien blanco, está en su casa. Pero, ¿cómo puede estar seguro de que sea uno de los miembros de la flota de juguetes? Por la marca, el color, el material. Hay pruebas ciertas. En cambio después de los primeros hallazgos se desató un entusiasmo por el que todo el mundo decía que había encontrado uno de los animalitos famosos.

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La mayoría de los patos han acabado en las playas del mapa, tras un viaje largo y peligroso. Según Hohn, la imagen más encantadora de todo esto es la de un minúsculo pato amarillo que desafía en solitario al océano salvaje. Muchos le han ganado el pulso a la naturaleza, a costa de perder su color original y están a salvo, en casas de coleccionistas o cazadores casuales. Centenares de juguetes sin embargo se han deteriorado y han acabado hechos pedazos. Pero debe de haber cientos que todavía están flotando, sostiene Hohn. Y cuenta: Varias veces me he imaginado estar tumbado en la playa y de repente ver aparecer en el horizonte un patito amarillo. Ese patito sería hoy 19 años más viejo y tendría el pico sonriente de quien ha sobrevivido al océano.

Post dedicado a Merce, que es muy gansa.

Documentación:
Cultura | EL PAÍS
Moby-Duck de Donovan Hohn
Algún día en alguna parte

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