24 de noviembre del 17

24/11/2017 § Deja un comentario

Se conoce como Meridiano de París a aquel meridiano que pasa por el Observatorio de París, 02°20′14.025″E. Rivalizó con el Meridiano de Cádiz y el Meridiano de Greenwich como principal meridiano del mundo hasta que en 1884 la Conferencia Internacional del Meridiano eligió este último.

Desde muy antiguo, el hombre ha querido poner límites geográficos a la Tierra y ha evidenciado una innegable necesidad de introducir magnitudes de medición que permitan a cartógrafos, geógrafos y astrónomos, tener una posibilidad de situar un punto con exactitud en nuestro planeta. Desde 1884, momento en que se celebró la Conferencia Internacional del Meridiano, eran varios los puntos de partida utilizados para medir la tierra hacia derecha e izquierda. En este momento se tomó como medida universal el Meridiano de Greenwich. Pero este meridiano no fue el primero ni el único.

Uno de los que existió hasta entonces fue, precísamente el Meridiano de París, una línea imaginaria que pasaba por el Observatorio Astronómico de la ciudad. François Aragó fue el encargarlo de  medirlo en su tiempo, algo que logró completando la triangulación de Mallorca, Ibiza y Formentera con la costa valenciana, con lo que se pudo definir la longitud del metro.

De la importancia de este personaje han quedado evidencias en París. Hay un boulevard dedicado a su nombre que linda con el edificio del Observatorio Astronómico de París y una calle en Es Caló de Sant Agustí, en la isla de Formentera. Aragó también es uno de los 72 científicos cuyo nombre Eiffel mandó grabar en las caras de la torre que levantó.

Pero en París también hay un monumento con el que se le recuerda, un monumento imaginario que mide 9 kilómetros de largo, la célebre línea Aragó. En 1893 se decidió erigir una estatua de bronce con la efigie del astrónomo junto al Observatorio de París, sin embargo, en 1942, debido a las necesidades de construir cañones para la II Guerra Mundial, el gobierno francés la funde.

Cincuenta y dos años más tarde, en 1994, el gobierno de la ciudad decide restablecer el honor a Aragó y pide al artista holandés Jan Dibbets su construcción. Este artista, inspirándose en el célebre Meridiano de París calculado por François Aragó, diseña 135 medallones de bronce de 12 centímetros de diámetros que fueron colocados en el suelo de la ciudad a lo largo del meridiano en dirección sur a norte.

Muchos de estos medallones han desaparecido con el tiempo, bien por robo o por pérdida. Otros se encuentran en muy mal estado y se distinguen por su forma no por ser legibles o reconocibles por algún signo.

Otros muchos están en buen estado y es una tarea ardua pero entretenida ir en su busca, encontrarlos y reconocerlos.

Leído en: La imaginaria Línea Aragó.
Documentación: François AragóParis Meridian

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23 de noviembre del 17

23/11/2017 § Deja un comentario

Dicen que las bicicletas son para el verano. pero cuando uno ve alguna de las bicis que aquí les mostramos, piensa que todo tiempo es bueno para cogerlas y darse una vuelta por ahí.

Pero no se relajen, que hay más modelos. Ya saben, dos ruedas y mil ideas…

Pues no hemos acabado, que hay un buen surtido. Miren, miren.

Suponemos que a estas alturas del post ya han decidido apagar el ordenador y dar un paseo.

22 de noviembre del 17

22/11/2017 § Deja un comentario

En DRAE, acrónimo de Diccionario de la Real Academia de la lengua Española, la palabra tiquismiquistiquis miquis:
1. m. pl. Escrupuloso, reparos vanos o de poquísima importancia.
2. m. pl. coloq. Expresiones o dichos ridículamente corteses o afectados
3. m. y f. Persona que hace o dice tiquismiquis. U. t. c. adj.

Se usa la expresión tiquismiquis cuando queremos decir que una persona tiene excesivos reparos o escrúpulos hacia algo sin importancia.

Su origen data del latín macarrónico tichi michi, alteración del latín medieval tibi, michi, es decirpara ti, para mí; en latín tibi, mihi. 

Es precisamente este para ti, para mí la frase que se asociaba en la época a estas personas tan meticulosas con absolutamente todo, haciendo alusión a su actitud a la hora de repartir algo con otra persona.

Son sinónimos: Tonterías, pejiguerías, melindres, ñoñerías, escrupuloso, remilgado, pejiguero, melindroso, ñoño.

En inglés, Fickle: Unstable, variable, capricious, fitful, inconstant, vacillating.

21 de noviembre del 17

21/11/2017 § Deja un comentario

Fatigados y triunfales, los guerreros celtas regresaban a sus hogares tras vencer en la batalla. De sus carros y monturas colgaban las cabezas de sus enemigos vencidos. Cráneos arrancados se exhiben ensartados en las lanzas, a modo de macabros trofeos que ensalzan su victoria.

Numerosos autores clásicos recogen este ritual de guerra como una práctica muy extendida por toda la Céltica. Según parece, no se trataba de una simple cosecha de cabezas: el pueblo celta estaba convencido de que en esta parte del cuerpo residía el espíritu de la persona. De acuerdo con sus creencias, guardar la cabeza del enemigo vencido implicaba poseer su espíritu. De este modo, no sólo se impedía al alma proseguir su camino al más allá, sino que además se la obligaba a proteger a su nuevo portador, traspasando a éste el coraje y el valor del soldado caído.
Las puertas de las casas, los recintos sagrados y otras zonas del poblado estaban adornados con cráneos humanos, generalmente bien limpios y pulidos para la ocasión. Las familias más ricas de la comunidad celta guardaban en sus hogares las cabezas momificadas de grandes guerreros y reyes que abandonaron este mundo hace tiempo Para conservar estas cabezas especiales, patrimonio familiar de gran valor para los celtas, se utilizaba un carísimo aceite de cedro. Cuanta más fama de valeroso hubiese tenido aquella persona en vida, más valioso sería después su cráneo, y mayor el poder que alcanzaría como amuleto. Pero no siempre eran de enemigos caídos en combate. En ocasiones las cabezas pertenecían a los antepasados de la aldea. De este modo, los vivos velaban el alma de los familiares muertos.


Varios autores latinos citan en sus escritos casos de personas que rehusaron vender una de estas cabezas por su peso en oro. No era lo habitual. Los grandes coleccionistas llegaban a pagar enormes cantidades por las cabezas de guerreros de gran prestigio. De algún modo podría considerarse esta práctica como un reconocimiento a la importancia del guerrero, un homenaje reservado solamente a personas excepcionales.

El culto a las cabezas constituyó un elemento de suma importancia en la formación del espíritu celta. En algunos lugares, los jóvenes tenían como prueba iniciática final el salir de cosecha, regresando con la consabida cabeza que les permitiera ingresar con pleno derecho en el estrato social de la casta guerrera dominante.

Algunas familias llegaron incluso a recurrir al pago de un rescate para recuperar la cabeza de un ser querido. En estos casos, un druida se encargaba de realizar el ritual correspondiente para liberar su espíritu, agujereando el cráneo e indicándole el camino a seguir en su ruta hacia el más allá. Podría ser éste el caso de los cráneos encontrados en Puig Castellar o el que se puede admirar en el museo numantino de Soria. Todos ellos están atravesados por un clavo. También hay que tener en cuenta que muchos de los cráneos taladrados que se encuentran en museos de toda Europa, podrían responder a trepanaciones practicadas por druidas médicos y relacionadas con problemas de presión craneal. Los druidas también utilizaban las cabezas para sus propios fines, extrayendo de ellas el medio para incrementar su poder. Otros cráneos se adornaban con orlas engastadas en oro, a modo de tatuajes.

Los guerreros celtas aprovechaban los banquetes para mostrar sus trofeos favoritos, con todo el orgullo y la jactancia de que eran capaces, y sin ahorrarse ningún detalle escabroso sobre su captura. En la leyenda irlandesa de Cu Chulainn se narra cómo durante uno de estos banquetes celebrado en Emain, la entonces capital del Ulster, un tal Cet increpa a Connall, quien se considera a sí mismo el mejor de los presentes, respondiéndole que si estuviera allí su amigo Aulan, sería quien ocupase el puesto del campeón. Entonces Connall lo corrige: Aulan está presente; su cabeza, aun chorreante de sangre, colgaba de su cinto.


Al final de esta misma leyenda, cuando el héroe protagonista Cu Chulainn muere, uno de los guerreros del bando contrario le corta la cabeza con un respeto reverencial. No hay en toda Irlanda un trofeo más valioso que ese, el hombre más valeroso de Irlanda e hijo espiritual del dios Lugh. No durará mucho en su poder, pues poco después este guerrero caerá bajo la espada de Connall, el mejor amigo de Cu Chulainn, quien cumple con la misión de vengarlo y recuperar su prestigiosa cabeza para entregársela a su viuda.


La cabeza del joven irlandés Donn Bo, famoso por su hermosa voz, fue encontrada en el campo de batalla y llevada a la tienda del rey vencedor, donde cantó una canción tan melancólica que todos los presentes rompieron a llorar. La leyenda galesa del Mabinogion recoge el relato del rey Bran el Bendito, Gwynn Vrynn, un héroe que, tras ser vencido por los irlandeses en aplastante mayoría, ordena a los suyos que le corten la cabeza para evitar que la tomen los enemigos. Más tarde la cabeza les serviría para salvar el país de una invasión. Para ello tenían que enterrarla en una colina cercana a Llunedin o Londres, con la cara mirando hacia Francia.

El viaje hasta allí fue largo, pero la cabeza de Bran seguía tan locuaz como cuando estaba sobre el cuerpo del rey, entreteniendo a la comitiva y realizando varias predicciones que se cumplieron. Esta leyenda ha perdurado en el tiempo, hasta el punto en que se asegura que tal cabeza aún sigue enterrada en la antigua Gwynfrynn, actual Torre de Londres, protegiendo al país. Famosos son sus cuervos, Bran, en gaélico, significa cuervo, alimentados con dinero público por el maestre de los pájaros. Estas aves, según la tradición, mantendrán a salvo a la monarquía británica mientras no se muevan de allí. Tan fuerte es esta creencia aún hoy en día que estos cuervos, ante el peligro que supuso la pasada epidemia de gripe aviar, fueron encerrados en jaulas especiales dentro de la Torre, para evitar un posible contagio de la enfermedad.


Las cabezas cortadas pasaron a la historia del arte como esculturas que adornaban dinteles, muros, joyas y monedas. Algunas, como las del santuario galo-celta de Entremon, considerado tradicionalmente como una puerta al infierno, en el sur de Francia, tienen un inquietante aspecto, al no tener marcadas las órbitas de los ojos. Este detalle podría indicar que fueron cercenadas post-mortem. Por ello, algunos autores creen que no se trataría de personas caídas en combate, sino de víctimas sacrificadas dentro de algún ritual propiciatorio, destinado a contactar con los dioses en épocas de especial necesidad. En cualquier caso, este lugar fue uno de los muchos que fueron visitados por los arqueólogos esotéricos nazis, y de donde supuestamente se llevaron numerosas cajas llenas de estas cabezas.


El Caldero de Gundestrup, actualmente en el Museo Nacional de Copenhague, está considerado como el objeto celta más valioso encontrado hasta la fecha. Está formado por doce placas de plata dorada con imágenes en relieve, representando escenas cuyo significado resulta complicado de descifrar por el momento. Dignos de mención son los diferentes rostros que aparecen en cada placa, teniendo en cuenta que los celtas no eran muy proclives a representar a sus dioses y menos con pormenorizada forma humana. Podría tratarse de reyes o héroes de la antigüedad y que, como homenaje póstumo, sus cabezas quedaron reflejadas en un objeto creado para perdurar en el tiempo. No sería descabellado pensar que este lujoso caldero hubiera servido como recipiente en ritos de contacto con el más allá.


Incluso en los tiempos en que los celtas ya estaban cristianizados, la cosecha de cabezas siguió siendo una costumbre de guerra, cuando por ejemplo el rey irlandés Aed Finnliath ordenó que se cortasen y amontonasen las cabezas de los vikingos derrotados. O cuando la cabeza del rey Cormac, ya en el siglo X, fue entregada por su verdugo a su enemigo, el rey Flann, quien en contra de lo esperado se apiadó de los familiares del difunto y se la devolvió.
El carácter espiritual que los celtas otorgaban a las cabezas no pasó desapercibido para los monjes cristianos, que no dudaron en incluirlas en la decoración de los nuevos templos para facilitar la conversión a la nueva fe. Así llegaron a convertirse en un elemento recurrente del arte medieval, hasta que poco a poco llegó a perderse el recuerdo de su origen druídico.

Y aun hoy en día, aunque pocos sean conscientes de ello, el ritual se repite de manera simbólica en la Noche de Todos los Santos. Renacido por el marketing americano de Halloween, la noche de los muertos vivientes reproduce de una manera bastante particular la parafernalia del Samhain celta, la noche en la que las puertas que separaban el mundo de los muertos y los vivos permanecían abiertas, conectando ambos mundos. En dicha noche los cráneos servían como lámparas, posiblemente con la idea simbólica de iluminar el camino de los espíritus en su viaje entre los dos planos. Ahora las calabazas americanas, con agujeros que forman grotescas calaveras, son las que iluminan esa noche mágica, donde los espíritus han sido sustituidos por zombies, vampiros y monstruos varios.Leído en: Celtas: cortadores de cabezas.
Más información: El rito celta.pdf

20 de noviembre del 17

20/11/2017 § Deja un comentario

Publicado en Londres por Lord Lilford a finales del siglo XIX, Coloures figures of the birds of the British Islands contiene 54 ilustraciones de aves. Un libro que hará las delicias de los aficionados que valoren la estética gráfica de otra época.

Coloured figures of birds.pdf

Como acostumbramos a hacer en el blog, el enlace que les permitirá bajarse el pdf [7.8MB] se encuentra bajo la ilustración de la abubilla

19 de noviembre del 17

19/11/2017 § Deja un comentario

Carmelo Larrea Carricarte nació en Bilbao, el 7 de julio de 1908 y fue un compositor de grandes éxitos como Dos Cruces.​

Durante su adolescencia desempeñó diversos trabajos sin olvidar su afición por la música. Trabajó cinco años en el circo haciendo con otros dos jóvenes un trío musical de piano, violín y concertina. Al terminar la Guerra Civil se incorporó a una banda de Sevilla, tocando el saxofón en el barrio de Santa Cruz. Es en esta época cuando comienza a componer.

Comienza a trabajar para el cantante Antonio Machín, para quien compone muchas de sus canciones. Machín es quien estrena en 1941 el primer éxito de Larrea, Noche triste, que es acogido en la sociedad española de posguerra con afición clamorosa. A partir de entonces no cesará su producción.

Se traslada a Madrid y aquí aparece Dos cruces, una de sus canciones más populares, cuyo nombre original fue Soledad y que en la voz de Jorge Gallarzo salta al éxito. De Dos cruces se han hecho más de ochenta versiones distintas, se ha traducido a numerosas lenguas extranjeras, incluído el japonés. Aparece en cinco películas, la última de ellas siendo La niña de luto. Cantantes como María Dolores Pradera la llevaron mucho tiempo en su repertorio.

Tras nueve años de trabajar por diversos países de América, se incorpora en Londres a la orquesta del barco israelí Nili, que hacía cruceros turísticos por los países nórdicos. Posteriormente regresa a vivir definitivamente en Madrid, en donde fallece el 2 de febrero de 1980 a las cuatro de la mañana, víctima de un infarto de miocardio. Tenía 72 años.

 

 

 

18 de noviembre del 17

18/11/2017 § Deja un comentario

Afectados por el otoño, les dejamos otro corto de tintes lúgubres cuando no macabros. Pueden verla en castellano o en su original en inglés. Ustedes eligen, Disfruten.

Versión en castellano

Versión en inglés